Es tanto, tanto lo vivido en los campamentos, que cuesta empezar. Hemos convivido muchos: Sofía, Palma, Inés, Arantza, Begoña Olabarri y Begotxu Tavernilla, Rocío, Manolo, Fernanda, Gloria. Y lo hemos hecho con Memona, Daryala y Larossi. Y con muchos saharauis más, sobre todo con los niños.
El Bubisher ha iniciado ya su vuelo de este curso 2009-2010, centrado en la wilaya de Smara, donde hay ocho escuelas y un incipiente colegio de secundaria. Cada día visitamos una escuela, donde sembramos el deseo de aprender a leer en español contando cuentos y proponiendo actividades, para que las clases habituales de lengua española tengan mejor acogida entre los niños. La responsable de esta actividad es Daryala, una joven maestra que ha tomado al Bubi como su vida.
Por la tarde es Memona la responsable de la biblioteca abierta. Para los mismos niños, pero también para sus maestros, para los jóvenes y para los adultos. Un río de gente que llena constantemente nuestro pequeño recinto de acero, que se desborda sobre el suelo de la hammada, allí donde hay una sombra, unas piedras para sentarse alrededor de un libro. Memona es una flor de la hammada. Monitora en una escuela de niños discapacitados por la mañana, inventó “las tardes del Bubisher” junto a Javi, el curso pasado. Afectada ella misma por la poliomelitis, Memona es un ejemplo vivo de entusiasmo por la vida, de fe en el futuro, una convencida del poder de los libros y la cultura.
Y “las noches del Bubisher”, porque ahora tenemos jaima propia. Austera y humilde como todas las jaimas, pero con un maravilloso patio interior donde tenderse de noche a charlar y a contemplar las estrellas, a contar estrellas fugaces. Poco a poco son más y más los jóvenes que se acercan a nuestra vivienda en busca de un lugar donde hablar de libros y sueños. Hemos ofrecido un curso de escritura de cuentos y ha nacido un pequeño grupo, El Gouwa (la unidad, la fuerza, la fuerza de la unidad), que hoy mismo, jueves, presentará el primer borrador de “El día de mi suerte”, un cuento bello y saharaui. Lo editaremos, inchaláh. Y lo leeremos en el Bubisher a todos los niños de Smara, para que nazca en ellos el sueño de escribir algún día sus propios cuentos.
Inés ha dado un pequeño curso de fotografía, desde la base: con packs de leche convertidos en cámaras. No salieron muchas, pero los niños disfrutaron jugando con la luz del Sáhara.
Rocío y Arantza dan por las tardes un curso de español a mujeres jóvenes, basándose en la lectura. Y el resto del día reorganizan la biblioteca, un trabajo ímprobo.
Y queda lo mejor, porque el curso acaba de comenzar. Este es el año del Mar en Smara. “A por el mar” es todo un ambicioso plan de lectura elaborado por Palma y Bea, con la ayuda de Luisa y Javi. Libros y cuentos, poesías y canciones para que los niños saharauis sean conscientes del mar que les robaron, que les robamos con la venta de su tierra. Queremos acabar el curso, allá por mayo, con todos los niños vestidos de azul, creando una ilusión: que Smara tiene playa.
Y un sueño: un bubisher, un bibliobús cargado de libros, en cada wilaya. ¿Seremos capaces de tener uno más el año que viene? Depende de nosotros, de cómo lo hagamos este curso. Pero también de ti: si vienes con nosotros una semana, un mes. O si organizas en tu escuela alguna manera de contribuir a su modesta financiación, implicando a tus alumnos no sólo en la recaudación, sino también en las mismas actividades que ellos están haciendo: no tienes más que pedirnos copia del programa “A por el mar”.
Ahora están allí las dos Begoñas, Arantza, Gloria y Rocío, ayudando a Daryala y Memona. Pronto irán otros. Habrá teatro, habrá cuentacuentos, habrá poetas. Y estarás tú, inchaláh.
El sábado salimos para los campamentos, y no vuelvo hasta el 10 de octubre. Si alguien tiene algo que decirme por mail, que espere, por favor, hasta ese día.
Todo está listo. Llevamos muchísimos kilos de material, pero mucho más peso en el corazón.
En la página del Bubisher (bubisher.com), habrá información de cómo van las cosas.
Besos y abrazos, y hasta pronto.
La vida te va retando, paso a paso, día a día. Este ha sido un verano plácido para recuperarse de mucho trabajo acumulado, pero también de muchas emociones. Y de muchos retos: seguir escribiendo sin seguir escribiendo lo mismo, por ejemplo. Afrontar la escritura como el primer día, buscando, sin la red de seguridad del propio trabajo hecho. A menudo digo que peor que plagiar, y aunque no tenga castigo legal, es copiarse a sí mismo. Pero ¿hay más caminos? Claro que sí, siempre los hay: no existe el libro perfecto, ni existirá jamás. Y huir de la moda es ante todo huir de la moda propia. El invierno pasado intentamos incluso la aventura de editar para inventarnos nuestros propios escollos, y no fue posible. ¿Tragedia? No, reto. Cuando un camino se cierra, otro se abre. Inshalláh.
Nuevos libros, nuevas ideas, nuevos caminos por descubrir.
Y el Bubisher, claro: rebelarse y volar. Lo que nació de un sueño es ya una robusta realidad. Lo que nació de mentes españolas con espíritu redentor va cobrando ya su propia esencia saharaui. Memona y Daryalha, Larossi, Mohamidi, ya son nombres saharauis vinculados al Bubisher, y son quienes le van a dar su verdadero vuelo al pájaro de la buena suerte.
Salimos seis personas pronto para allá, cada una con su cometido específico: organización, calendario, campaña, formación, biblioteconomía, arte, fotografía. Y hasta nos acompaña una productora independiente para realizar un corto con el Bubisher como hilo conductor. Excita pensar en tanto por hacer, consuela de este mundo repetitivo y cansado, extenuado: inventar la vida.
Y creer en la cultura como herramienta para cambiar la vida. El Bubisher es ante todo eso: nuestra fe en la cultura como generadora de una nueva realidad. Aprendido en el propio Sáhara, que evolucionó gracias (por ejemplo) a las generaciones de jóvenes que se formaron en los años 80 en Cuba, y que han insuflado modernidad, curiosidad, ruptura. El Bubisher aspira a ser la nueva Cuba de los Campamentos, a alentar el nacimiento de una generación de niños y jóvenes que aprendan a pensar y a ser libres, a amar sus tradiciones y amar aún más la necesidad de inventar el mundo nuevo del siglo XXI. Aprendido también en Medellín, donde (pese a lo que pesa a los escépticos), las bibliotecas y la cultura le han dado la vuelta al calcetín de la violencia y el crimen para hacer florecer a la ciudad de la mano de sus niños.
Bubisher no es sólo una palabra, es un pájaro que vuela en medio del siroco y atraviesa la hammada como un hierro al rojo, un pájaro que te está diciendo: ven a entender el desierto para comprender tu vida, ven a volar conmigo.
No es que necesitemos voluntarios, más bien al contrario: Luisa se las ve negras para meter en turnos coherentes y no masificados a todos los voluntarios que quieren venir este año a los campamentos. Pero hay sitio para todos: no sólo maestros y bibliotecarios, los más expertos, sino también todo aquel quiera retarse a sí mismo con la sola condición de amar a la cultura y al futuro presente de los niños.
Sé que mientras me lees piensas en tu vida, y te digo: será mejor si vuelas con nosotros, aunque allí no lo vayas a pasar bien: no hay cerveza ni terrazas, pero dormirás al raso bajo el cielo de estrellas, y por la mañana cada una de ellas estará guardada en las pupilas de los niños de las escuelas.
Perderemos nuestro tiempo, nuestras vacaciones: nuestro oro más rastrero. Escribiré menos, pero tal vez escriba mejor: perderás dinero, pero tal vez ganes coherencia, entendimiento, esperanza.
Rebelarse y volar, o conformarse y sestear. O reptar.
Qué despiste soy… Todo un año diciendo que el 1 de agosto cumplía 20 años desde que decidí dedicarme íntegramente a la escritura, y se me pasa la fecha sin un mal brindis…
Menos mal que Covi me lo ha recordado, y me ha felicitado. Gracias, Mosquita.
¿Y el balance? Maravilloso, desde luego. Me siento orgulloso de estos 20 años, en los que he escrito 30 libros libres. Nunca, ni una sola vez, me ha marcado nadie lo que tenía que escribir, ni cómo, ni cuándo. He escrito lo que ha salido de mi corazón, bueno o malo, sin más norte que la belleza y la verdad, porque la libertad ya venía de dentro.
20 años de libros y de amigos. Muchos, la mayoría ya, vinculados a los libros: otros escritores como Tina, Ricardo, Agustín, Carlo, Antonio, Mayte, Feli, Samuel, Limam, Jordi, Bahía, Minor, Manuel, Andreu, Ana; profesores o maestros como Palma, Carmen, Merche, Blanca, Leticia, Marisa, Viviana… Listas que se quedan siempre cortas, pero muchos sueños compartidos, cerca de las estrellas.
Y países, y ciudades, y pueblos: Ballobar, Medellín, Guayaquil, San José, Otur, Kyzyl, la estepa, la taiga… y el Sáhara.
No conozco lugar más bello que el más feo del mundo: la hammada, la mano infernal que sin embargo acoge a los refugiados, y les da escuela, hospital, comida. Allí hemos puesto en marcha un sueño: “Los niños del Libro”, descendientes por sangre de los Hombres del Libro del mágico Tiris, de “la badía”, entreverados ahora de cuentos en español. El Bubisher es mi mejor libro, porque es un libro compartido con cincuenta, cien locos maravillosos que han hecho que mi fe en la especie humana se refresque, que crezca. Un sueño nacido de niños que acaba en niños.
20 años de libros, de sueños: siempre de libertad. Gracias a la vida, a coro con Violeta Parra, gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Tengo un amigo poeta. Vive en una casa de tejado verde, tipo palomar, cerca de donde pacen una vaca blanca y otra café, aunque a veces no están. Es lo que hay que poner, más o menos, cuando se le manda una carta a Costa Rica, donde le conocí.
Se llama Minor Arias y nació en la selva. Recita como escribe, y escribe como recita: pura vida.
Minor se casó hace poco con Marcia, y hace menos aún tuvieron una hija, María del Mar, que nació antes de tiempo. Durante estos meses la angustia inicial se ha ido convirtiendo en gozo, y sus poesías también. María del Mar es ya también el hada madrina del Sáhara, porque las poesías de Minor a su hija se confunden y amalgaman con las que nos está regalando para la campaña “A por el mar” que protagonizará el curso que viene del Bubisher en los campos de refugiados de Tinduf.
Esta es la última de sus poesías:
Mi rosa marítima
He visto la rosa sagrada,
la rosa inocente
que me eleva
por encima de la vida.
Nada antes me llenó
de tal ternura.
No puedo sino contagiarme de su belleza
y tomar su aroma
como un amuleto para el día.
Afuera el sol es suave,
alimenta pastos y flores,
mientras mi rosa también crece.
No conozco los paisajes venideros,
pero ya mis ojos han visto.
Primera recomendación. Viene de Mayte, que es lo mismo que decir Criterio. Lo mismo es fan de La Guerra de las Galaxias que alucina con “Déjame entrar” o “Babá Aziz”.
En esta ocasión, no puede ser más veraniega…
“Mi peli del verano (y para recordar durante mucho, mucho, mucho tiempo…): UP!!! Los primeros minutos entrarán a saco en la historia del cine. Un arranque portentoso que mete al espectador de lleno en la historia para que se enamore desde ya de los personajes. La crítica de hoy de El País se titula “El orgasmo del cine”, y no es nada exagerado.
Me permití el capricho de verla en 3D (pese a la incomodidad de llevar las gafas tridimensionales encima de las mías), un añadido con el me dieron ganas de estirar los brazos para llevarme a Russell, al señor Fredricksen (uno no puede dejar de ver a Spencer Tracy en todo momento), a Dug, a Kevin e incluso la casa con los globos a la mía.
¡¡¡Volé con ellos!!! Lloré, reí, me estremecí y salí del cine con unas ganas especiales de fumar un cigarro, jeje…
Daros un regalo, id a ver Up!!!”
Mayte.
Había prometido activar la página, pero tengo que apartarme un poco del ordenador, y son demasiadas las horas que me exige este aparatejo. Hace nueve días sufrí un incidente: un deslumbramiento repentino y sin causa aparente, que al pasar dejó una huella en forma de flecha en la visión de mi ojo derecho. Desde entonces, esa flecha interrumpe la normalidad de mi visión. He ido al oftalmólogo, y pronto sabré si me voy a tener que limitar a seguir la flecha toda la vida (qué aburrido), o si volveré a ver las cosas a mi manera.
Pero hasta que lo sepa, me tengo que imponer una disciplina un poco menos pegada a la pantalla.
En cuanto desaparezca la flecha, me reintegro a la página, y a la del Bubisher, que sigue de lo más activa.
Y qué bandada. Ni en el mejor de los sueños podríamos haber imaginado tanta diversidad, tanta unidad, y tanta cantidad. No sabemos, no podemos decir cuántos somos los amigos del Bubisher reales, porque habría que contar a todos los niños y jóvenes que se han unido ya al vuelo de este pájaro humilde. Pero en Madrid hemos sido casi cuarenta, ya tenemos 18 nuevos voluntarios para el año que viene, y la simpatía por el proyecto sigue creciendo.
Porque lo principal es que el Bubisher, como decía Joaquín, del programa Didáctica de la Lengua Castellana “Sáhara habla español”, el Bubi se ha convertido en el más popular entre niños, jóvenes y maestros. Y no es para menos, porque en seis meses el trabajo incansable de los 25 voluntarios ha logrado que llegáramos a todas, absolutamente todas las aulas de los campamentos.
Y el año que viene será mejor, más intenso. Porque en el Patio Maravillas y en la Plaza de las Comendadoras hemos decidido proponer al Ministerio de Educación de la RASD que el Bubisher trabaje sobre todo en Smara, una de las wilayas.
Sin embargo, queremos ir poniendo las bases para otros Bubisher, y para ello contamos con la magnífica ayuda de la Asociación de Alcalá de Henares, que dejará que el Bubi construya un pequeño nido en sus aulas. Y en Ausserd puede que contemos con la colaboración de la Biblioteca de la Fundación Chus Gabeiras.
Y es que esa es una de las principales conclusiones de la Asamblea de las Maravillas: tratar de hacer efectiva la colaboración con todas las iniciativas en favor de los libros y la lectura en castellano en los campamentos, ofreciendo al Bubisher como elemento móvil de esa coordinación.
Para mí, personalmente, este año será ya siempre el año del Bubi. Mucho esfuerzo, peto tan bien compartido con tantos y tan buenos, que aún me parece poco. Tanto que no sabría a quién destacar, porque como se dijo en la reunión, la energía que contiene el Bubisher es inmensa, porque la calidad humana de todos sus miembros es infrecuente. A veces escribir menos se convierte en una nadería.
En fin, estamos todos llenos de ganas de que el Bubi cambie, aunque sea un poco, la realidad del Sáhara exiliado: niños y jóvenes en los que nazca el deseo de aprender, de leer, de soñar. Queremos niños y jóvenes saharauis curiosos, inquietos, rebeldes, de los que salga una generación que haga de la cultura su principal bandera.
Y si estamos tan llenos de energía es porque gracias a la sensibilidad de los voluntarios, nos hemos dado cuenta de que enseñamos, sí, pero sobre todo aprendemos. Porque un bibliotecario o un maestro no sabe cuál es la dimensión real de su trabajo diario aquí, si no se mide con la ausencia de medios, con otra cultura, próxima pero diferente, con otra mentalidad.
Y aprenderemos más, porque queremos que el año que viene el Bubsiher vaya cambiando suavemente de manos, con tres monitores saharauis (contando a Larossi, conductor-monitor), y si se puede con un director saharaui. Con nuestro apoyo, seguro e incondicional.
Para ese mismo curso vamos a poner en marcha una campaña: A por el Mar, elaborada por Bea, Palma, Luisa y Javi. Un proyecto complejo y sencillo al mismo tiempo, por el que los niños y los jóvenes aprenderán a leer mejor al mismo tiempo que llevaremos la reivindicación del mar robado a los saharauis, se harán trabajos de campo sobre la memoria de ese mar, y tal vez, tal vez, hasta lleguemos a ver un mar junto a la wilaya…
Y tantas, tantas cosas más, que podéis encontrar en la página del Bubi, bubisher.com, cada vez más activa y visitada por quienes quieren cultura, justicia, libertad, cultura, y una infancia con todos sus derechos, incluido el de la lectura.
Viva el Bubisher, y más ahora que ya no vuela en solitario. Desde el Patio de Maravilla, desde la plaza de Las Comendadoras, ha salido ya una bandada de bubishers para llegar hasta el nido del pecho de todos los niños saharauis.
Sé que tengo abandonada mi propia página. Y sé que tengo muchas cosas que compartir con todos vosotros: un año de trabajo intenso: 350 charlas en ni sé cuántas provincias, artículos… Y he trabajado algo, y hasta he acabado un libro breve.
Pero lo más importante para mí (y para muchos) ha sido, y es, el Bubisher.
Os quiero invitar a todos los que queráis aportar algo a uniros al vuelo del Bubisher. Vamos a reunirnos en el Patio Maravillas, un lugar lleno de encanto, la tarde del sábado y la mañana-tarde del domingo.
¿Os venís? No importa que no hayáis hecho nada aún, basta con el deseo de hacer algo para que el Bubisher siga funcionando. Los que no conozcáis aún el proyecto, daos una vuelta por el blog, tecleando Bubisher en google.
Y prometo que la semana que viene actualizo la página, reflexiono e invito a reflexionar. Y tenemos que relanzar, de cara al verano, la mutua recomendación de libros, películas, lugares que visitar…
Si alguien se va a animando, que se manifieste.
Un buen librero (y por tanto un buen amigo) me lo acaba de contar en Cercedilla.
Un padre llegó a la librería para buscar un libro para una niña de diez años que monta a caballo, que ama a los caballos. El librero le recomendó “Soy un caballo”. Se lo llevó.
Al cabo de un par de días llegó una señora. La abuela de la niña. Con el libro. Indignada.
Lo que dijo:
“¿Cómo se puede recomendar a una niña un libro para adultos?”
Por la mente del librero debieron de pasar ráfagas de pánico. ¿Habría algo que?
“No es para adultos, ni tampoco para niños, creo que es para unos u otros, sin distinción, pero no tiene nada que…”
“¿Pero cómo se le puede decir a una niña que el caballo sufre?”
No lo admitía. La niña no tenía por qué saber que el caballo sufre. Es verdad, qué crueldad para la niña. Saber que el caballo sufre estropea su mundo. Lo desmorona.
Lo devolvió.
Acabo de comprar “El niño de los caballos” en la misma librería. El caso real de un padre que viajó con su hijo autista a Mongolia porque el niño había comenzado a relacionarse con el mundo a través de un caballo. Como en Ecugaia.
Menos mal que nadie le prohibió al caballo que supiera que el niño autista sufría. Sólo así pudo ayudarle.






