Una mujer. Una manifestación, hace ya muchos años. Los golpes, las vejaciones. Y una promesa: no me robaréis la dignidad. Golpearon a una mujer que tanteaba en la penumbra de una causa perdida, y esos golpes forjaron a una luchadora incansable.
Hoy no hace falta foto alguna, porque Aminetu no es una imagen: es una idea. La causa saharaui es mi causa también, pero esta noche no pienso en eso, porque Aminetu no ha luchado sólo por su pueblo. Cuando ella insistía en que había dejado su juventud y casi su vida por la dignidad de su pueblo, pero ahora luchaba por la suya propia, estaba dando un mensaje universal. “La sal de la tierra” es una película que dirigió en plena Caza de Brujas norteamericana Herbert Biberman, para contar cómo las mujeres de unos mineros en huelga formaron los piquetes que lograron el triunfo final. La huelga fue en 1951. Nadie recuerda qué mina era, ni dónde estaba, ni mucho menos el nombre del explotador, del tirano: lo importante fue el coraje de las mujeres. Y su victoria, frente a todo y frente a todos.
Ahora, Aminetu ha logrado, con sus manos vacías y el corazón lleno de fe, lo que nadie había logrado antes: un agujero en un muro de 2.600 kilómetros, erizado de fusiles y radares, poblado por miles de soldados. Y lo ha logrado poniendo de su parte a los mismos países que ayudaron a la construcción del muro: Estados Unidos de América y Francia. Ha derrotado a sus carceleros, a sus torturadores, a miles de policías secretos y de uniforme. A esta hora avanza seguramente bajo la mirada helada de esos mismos sicarios para abrazar a sus hijos, que van a vivir con Madre y con Dignidad, pero que habrían vivido sin madre, pero con dignidad.
Si Aminetu se hubiera rendido, habría muerto la esperanza. Si Aminetu hubiera muerto, la esperanza se habría rendido. Esta noche he escuchado a través del teléfono los ezgarit de las mujeres de los campamentos, las cubas convertidas en miles de tambores: es su primera victoria en la paz. No será la última. Todos los muros acaban por caer. Sólo hace falta que una mano arranque el primer adobe. Ahora quedan seis hombres y una mujer en una cárcel tenebrosa. Y tampoco necesitan imagen para ver la luz: sólo una idea. Aminetu. La sal de la tierra.
Hoy me ha escrito una amiga. Una compañera. De vida, de aliento, de mañana, de hoy, de ayer. Me ha dicho, con cariño, pero con firmeza,que tengo muy abandonada esta página. Tiene razón. La urgencia me llama a otras páginas: a la del Bubisher, donde hay que seguir. A los innumerables foros en los que gente de buena voluntad lucha por la vida de Aminetu Haidar. A los innumerables foros en los que desalmados insultan y vejan a Aminetu, se burlan de los que la apoyan. De los humildes, de los humanos.
Qué lejos queda la literatura en esta larga veintena de días. La literatura se nutre de la vida, no tiene ningún otro sentido. Y la vida pasa estos días por la lucha de una mujer sin más armas que la suya. dispuesta a ofrecerla por su dignidad, pero también por la mía, por la tuya.
Te lo prometo, amiga: reflexionaré cada noche en esta página sobre literatura y vida, o al revés: sobre vida y literatura.
Y pego ahora tus preciosas palabras, tu lucha de palabras contra la muerte y el olvido. Sé que querrías que no lo firmara, que no pusiera tu nombre. Lo respeto. Y, además, es así: la literatura no tiene dueño, es de todos.
Hoy, lleno de rabia, prometo seguir escribiendo, porque es lo que mejor sé hacer para luchar por la vida que nos une, por la raíz común que me obliga a ser hermano del que se burla de la lucha de Aminetu, de sus carceleros españoles y marroquíes, de sus torturadores también.
Ahora mismo entra en mi bandeja de entrada la firma de otro escritor, de un grande verdad, para una carta al Rey, desesperada, casi desesperanzada. Eso es también la vida.
Y estas, las palabras de mi amiga. No pases de largo, ayúdanos a seguir reflexionando.
MUROS
De la vergüenza, del olvido, de la sinrazón. Muros de piedra y de espinos, muros de minas antipersonas, de alambradas, muros de fuego. Fronteras que destruyen, que separan, que matan.
El cielo y el mar, espacios abiertos, símbolos de la libertad, son hoy muros de aire infranqueables que separan Lanzarote del Aaiún. Barrera de media hora de distancia, de 21 días de angustia, de inexplicables actuaciones políticas y diplomáticas.
Y en esa cárcel de muros invisibles, aeropuerto, lugar de idas y venidas, de despedidas y encuentros, un ser humano se está muriendo por defender su dignidad, por pedir, qué gran crimen, que la dejen regresar a su hogar, con sus hijos, con su madre.
Muros de silencio, de ojos cerrados, de palabras que hieren, de mentiras que deforman la realidad.
Y frente a tantos muros, las voces que se alzan pidiendo que no muera la esperanza, que no se apague la luz de la razón. Porque la vida no vale nada si el miedo la amputa, si el individualismo la ciega, si la dignidad deja de ser digna.
Por Aminetu Haidar, y por todos los que hoy luchan por un mundo más digno, hoy te nombro LIBERTAD.
A toda velocidad, porque la situación así lo requiere, estamos recabando firmas de escritores españoles y saharauis (y del mundo) que quieran mostrar su solidaridad con Aminetu Haidar, así como su exigencia a nuestro gobierno para que de fin a su calvario haciendo que Marruecos le devuelva su pasaporte, y permita que viva en su casa, en El Aaiun.
Si alguien que lea esta página conoce a algún otro escritor, por favor: remítesela, no importa si ya la ha recibido. Es urgente.
Queridos amigos:
Hace algún tiempo os pedimos la firma y la voz para llamar la atención de la sociedad sobre la injusta y larga situación del pueblo saharaui en el exilio y en el olvido.
Hoy volvemos a pediros lo mismo, firma y voz, para lo que creemos justo: ponernos al lado de Aminetu Haidar, la luchadora pacifista saharaui que, como sabéis, se ha declarado en huelga de hambre “hasta la muerte” si entre los gobiernos español y marroquí, culpables de su situación, alejada de su patria y su familia, no le devuelven el pasaporte, y le permiten poder viajar libremente.
Por favor, adjuntad el número del DNI, como única formalidad.
Os pedimos rapidez en la firma, puesto que Aminetu necesita nuestra solidaridad y nuestro apoyo sin tardanza, dada su mala situación de salud.
El viernes 27 daremos por finalizada la recogida de firmas, puesto que en esta ocasión la celeridad es más importante que la cantidad.
Con la misma celeridad os pedimos que la reenviéis a vuestros amigos y colegas de profesión que creáis oportuno.
Os recordamos que en la anterior carta abierta contamos con la firma de escritores como José Saramago y Eduardo Galeano que en esta ocasión ya han escrito sus propias cartas.
Gracias.
Por Escritores por el Sáhara:
Ana Rossetti, Ricardo Gómez y Gonzalo Moure.
Texto de la carta:
Los escritores saharauis y españoles queremos manifestar nuestro apoyo y solidaridad con Aminetu Haidar, actualmente en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote.
Creemos que el papel jugado por España es inadmisible, al aceptar el encargo de Marruecos para que Aminetu entrase en nuestro territorio sin pasaporte, colocándola en una situación por la que no puede regresar a su casa, en El Aaiún, Sáhara Occidental.
Queremos manifestar nuestra admiración por la figura de Aminetu Haidar, que pese a haber pasado cuatro años en cárceles marroquíes, volvió a su patria sabiendo que iba a ser nuevamente detenida, lo que sucedió hace cuatro años. Tras su detención fue golpeada y torturada y no recibió asistencia médica durante meses. Por su incansable y su pacífica lucha por los Derechos Humanos, ha recibido durante este tiempo numerosos premios, como el “Juan María Bandrés” y el “Robert Kennedy”.
Ahora, consciente del peligro que corre, Aminetu reclama a través de su huelga de hambre su derecho a residir en su patria sin aceptar que el Sáhara Occidental sea Marruecos, que es lo mismo que mantiene la ONU a través de numerosísimas resoluciones desde 1976.
Nuestro gobierno, que colabora en frentes económicos, sociales y culturales con Marruecos, debe exigir de este país que cumpla sus obligaciones en el respeto a los derechos humanos, entre los que figura destacadamente el de residencia.
En consecuencia, pedimos al gobierno de España que haga todo lo necesario para que Marruecos acepte su regreso a su patria sin represalias y sin aceptar recortes en sus derechos, en cumplimiento de los compromisos adquiridos libre y repetidamente por el Parlamento de España, en apoyo al derecho a la autodeterminación de los saharauis.
Hacemos notar que la vida de Aminetu corre verdadero peligro si nuestro gobierno no actúa en justicia, deshaciendo su error inicial de aceptar la irregular maniobra de Marruecos.
Fdo:
Gonzalo Moure
Ricardo Gómez
Ali Salem Iselmu
Remitid vuestra firma al correo: mouregonzalo@telefonica.net
O al correo: poemariosahara@telefonica.net
Llego de Canadá agotado por el larguísimo viaje y me encuentro con Aminetu Haidar retenida por los gobiernos marroquí y español, en clara connivencia, en el aeropuerto de Lanzarote. ¿De qué debo hablar?
Hace un par de años, la última vez que Aminetu viajó a El Aaiun para compartir la suerte de sus compatriotas, escribí este texto que alguien ha recuperado para hacerlo correr por internet:
“Una mujer sola, con sus manos desnudas y su melfa engalanada, puede más que el estado invasor y los estados cómplices, más que la cobardía española y la vesania francesa, más que el petróleo que quieren robar y que los fosfatos que ya han robado: la hidra de cien cabezas no puede nada frente a la sonrisa de Aminetu, el recuerdo sagrado de Gandhi, la protesta de las manos abiertas: caerán si la vuelven a encarcelar, y si no la encarcelan manarán rosas de sus huellas y cuando esparzan su aroma, también caerán. Rendíos: Aminetu está en El Aaiún.”
Ahora que está en Lanzarote, habría que cambiar algo: “Ríndete, Moratinos, Aminetu está en Lanzarote”.
En facebook, en la página de Sáhara-Bubisher, hay varios frentes abiertos para soludarizarse en la lucha pacífica -y pacifista- de Aminetu.
¿Y Canadá? Invitado por los ministerios españoles de educación y cultura, y por Alberta Education, he tenido la suerte de visitar ocho colegios de educación bilingüe inglés-español, dos reuniones con profesores de español en Calgary y Edmonton, y una reunión con universitarios en la Universidad de Alberta.
Muchas cosas a destacar, pequeños y preciosos detalles, y grandes líneas. Entre estas: una enseñanza mucho más abierta y relajada. No tan basada en la memorización como en la nuestra, sino en el estímulo del conocimiento. Y, por lo que he visto, de mucho mejor resultado. Segundo, buena implicación de los maestros y profesores. La reunión de la Universidad, a última hora de un viernes, fue una maravilla de asistencia y participación.
En cuanto al nivel de la enseñanza bilingüe, ya quisiéramos algo así en nuestro sistema. Sólo una vez tuve que ser traducido a una niña por un maestro. E intervenían sin cesar, desinhibidos y felices.
Una anécdota: hice un taller sobre la escritura desnuda, con el mínimo de palabras, y propuse una “novela” de once palabras que con sólo nueve es aún más inquietante. Una niña, canadiense, me respondió en un rato con otra de ocho, que firmaría Monterroso sin dudarlo:
“Reina quería matar a Rico, pero le amaba.”
Pero en fin, a la vuelta me encuentro con nuestro inefable gobierno haciendo el trabajo sucio de Marruecos, con Aminetu Haidar, la Gandhi saharaui, sin pasaporte y en Lanzarote. En estos momentos todos nos estamos movilizando para solidarizarnos con ella y con los demás luchadores pacíficos de los territorios ocupados por Marruecos con la complicidad de España, o mejor de sus sucesivos gobiernos.
Siento tanta vergüenza como admiración por Aminetu, capaz de ofrecer su vida por su pueblo, teniendo dos hijos de corta edad. ¿Qué hacer? Una chica negra, en Canadá, alumna de la Universidad, me dijo: “Mi papá dice que las palabras son más duras que las balas”. Pues eso: escribiendo, por ejemplo, YO TAMBIÉN SOY AMINETU.
Y mientras nosotros nos deslizamos por esta vida cómoda, o la vida por nosotros, mientras nos quejamos de la conexión, del precio del gasóleo, de la lluvia que no nos deja caminar fuera de las aceras, el Sáhara se hace lejano, cada vez más lejano.
Allí, aún es verano. Un horno para cada uno, que lo rodea y lo asfixia. Hemos estado en otoño, pero las horas del mediodía, desde las 12 hasta las 6, son insoportables. Pensar en el verano, cuando el termómetro no baja durante el día de los 50, ni de noche de los 30, duele, se hace aún más duro.
Insoportable también pensar que a la escuela Brahim el siroco se le llevó el techo, que los niños de la escuela Brahim beben agua cuando la hay, que la ayuda internacional apenas llega para darles un trozo pequeño de pan a media mañana.
Insoportable pensar que escriben en pizarras de letras ya invisibles. Sin libros de texto, a veces sin esperanza. Que el Bubisher es una gota de agua en un desierto sediento.
Los saharauis, antes de la invasión, cuando vivían junto al mar, cuando su tierra era suya, tenían una maldición: ojalá te destierren a la hammada. Tierra tan estéril, dura, ausente de belleza ni de caridad, no he visto nunca. Las caravanas que iban de Smara a Tombuctú ni siquiera se detenían en aquella hammada maldita. Dormían en sus monturas, los camelleros: ni poner el pie en su suelo de víboras y escorpiones, les gustaba.
Y allí están. Alguien en su despacho confía en que un día mueran abrasados, o que huyan hartos. Pero allí la vida. No se sabe por qué, allí la esperanza, allí la paciencia. Que se agota. Y nos ofendemos si les oímos hablar de guerra. Cuánta hipocresía, cuánta ignorancia del verdadero sufrimiento.
Escribí este mes de octubre en una tarde de hierro. Nada se movía en el campamento. Hacerlo era peligroso. Mover la mano con el bolígrafo cansaba.
El ángel de la hammada. Casi una blasfemia.
El ángel de la hammada
descansa a esta hora larga.
Nada se mueve en el laberinto
de adobe, duermen los niños
en los pliegues de la mehlfa,
hierven las piedras
entre la arena.
El ángel de la hammada
afloja la garra de la condena,
contempla a sus presos
y siente pena.
Por el niño que hierve
bajo las moscas.
Por la mujer que llora
la fiebre de la carne
de su carne.
Por el soldado que carga
su fusil con balas vacías.
Por el maestro que enseña
con lápices rotos.
El ángel de la hammada
ya se despereza, aleja
la compasión como a las moscas.
Afila el cuchillo,
aviva los hornos bajo la arena,
seca los pozos con aliento de fuego.
Termina la siesta,
el anciano mumura
una plegaria, ruega a los cielos
que venga pronto y les ayude…
El ángel de la hammada.
El 30 de junio del año pasado reseñaba aquí el libro de Alfredo Gómez Cerdá, Barro de Medellín, un retrato magnífico del fenómenos cultural más asombroso de los últimos años, en todo el mundo: que media docena de macro-bibliotecas, instaladas en los barrios más conflictivos de Medellín hubieran dado la vuelta a la ciudad convirtiéndola en capital cultural de América. Estuve con Alfredo en Medellín, en aquel viaje asombroso del que nació Barro de Medellín, y me siento orgulloso de compartir con él la misma fascinación.
Carmen Carramiñana había sido jurado del premio Aladelta, y nada más darle el premio al libro ya me había dicho que estábamos ante una preciosa novela. Y así es. Enhorabuena a Alfredo, que supo captar el orgullo de los niños de Medellín por sus bibliotecas, y ahora lleva ese sentimiento los corazones aturdidos y atiborrados de nuestros escolares para, ojalá, despertar en ellos el eco.
Si aún no la habéis leído, a por ella.
Es tanto, tanto lo vivido en los campamentos, que cuesta empezar. Hemos convivido muchos: Sofía, Palma, Inés, Arantza, Begoña Olabarri y Begotxu Tavernilla, Rocío, Manolo, Fernanda, Gloria. Y lo hemos hecho con Memona, Daryala y Larossi. Y con muchos saharauis más, sobre todo con los niños.
El Bubisher ha iniciado ya su vuelo de este curso 2009-2010, centrado en la wilaya de Smara, donde hay ocho escuelas y un incipiente colegio de secundaria. Cada día visitamos una escuela, donde sembramos el deseo de aprender a leer en español contando cuentos y proponiendo actividades, para que las clases habituales de lengua española tengan mejor acogida entre los niños. La responsable de esta actividad es Daryala, una joven maestra que ha tomado al Bubi como su vida.
Por la tarde es Memona la responsable de la biblioteca abierta. Para los mismos niños, pero también para sus maestros, para los jóvenes y para los adultos. Un río de gente que llena constantemente nuestro pequeño recinto de acero, que se desborda sobre el suelo de la hammada, allí donde hay una sombra, unas piedras para sentarse alrededor de un libro. Memona es una flor de la hammada. Monitora en una escuela de niños discapacitados por la mañana, inventó “las tardes del Bubisher” junto a Javi, el curso pasado. Afectada ella misma por la poliomelitis, Memona es un ejemplo vivo de entusiasmo por la vida, de fe en el futuro, una convencida del poder de los libros y la cultura.
Y “las noches del Bubisher”, porque ahora tenemos jaima propia. Austera y humilde como todas las jaimas, pero con un maravilloso patio interior donde tenderse de noche a charlar y a contemplar las estrellas, a contar estrellas fugaces. Poco a poco son más y más los jóvenes que se acercan a nuestra vivienda en busca de un lugar donde hablar de libros y sueños. Hemos ofrecido un curso de escritura de cuentos y ha nacido un pequeño grupo, El Gouwa (la unidad, la fuerza, la fuerza de la unidad), que hoy mismo, jueves, presentará el primer borrador de “El día de mi suerte”, un cuento bello y saharaui. Lo editaremos, inchaláh. Y lo leeremos en el Bubisher a todos los niños de Smara, para que nazca en ellos el sueño de escribir algún día sus propios cuentos.
Inés ha dado un pequeño curso de fotografía, desde la base: con packs de leche convertidos en cámaras. No salieron muchas, pero los niños disfrutaron jugando con la luz del Sáhara.
Rocío y Arantza dan por las tardes un curso de español a mujeres jóvenes, basándose en la lectura. Y el resto del día reorganizan la biblioteca, un trabajo ímprobo.
Y queda lo mejor, porque el curso acaba de comenzar. Este es el año del Mar en Smara. “A por el mar” es todo un ambicioso plan de lectura elaborado por Palma y Bea, con la ayuda de Luisa y Javi. Libros y cuentos, poesías y canciones para que los niños saharauis sean conscientes del mar que les robaron, que les robamos con la venta de su tierra. Queremos acabar el curso, allá por mayo, con todos los niños vestidos de azul, creando una ilusión: que Smara tiene playa.
Y un sueño: un bubisher, un bibliobús cargado de libros, en cada wilaya. ¿Seremos capaces de tener uno más el año que viene? Depende de nosotros, de cómo lo hagamos este curso. Pero también de ti: si vienes con nosotros una semana, un mes. O si organizas en tu escuela alguna manera de contribuir a su modesta financiación, implicando a tus alumnos no sólo en la recaudación, sino también en las mismas actividades que ellos están haciendo: no tienes más que pedirnos copia del programa “A por el mar”.
Ahora están allí las dos Begoñas, Arantza, Gloria y Rocío, ayudando a Daryala y Memona. Pronto irán otros. Habrá teatro, habrá cuentacuentos, habrá poetas. Y estarás tú, inchaláh.
El sábado salimos para los campamentos, y no vuelvo hasta el 10 de octubre. Si alguien tiene algo que decirme por mail, que espere, por favor, hasta ese día.
Todo está listo. Llevamos muchísimos kilos de material, pero mucho más peso en el corazón.
En la página del Bubisher (bubisher.com), habrá información de cómo van las cosas.
Besos y abrazos, y hasta pronto.
La vida te va retando, paso a paso, día a día. Este ha sido un verano plácido para recuperarse de mucho trabajo acumulado, pero también de muchas emociones. Y de muchos retos: seguir escribiendo sin seguir escribiendo lo mismo, por ejemplo. Afrontar la escritura como el primer día, buscando, sin la red de seguridad del propio trabajo hecho. A menudo digo que peor que plagiar, y aunque no tenga castigo legal, es copiarse a sí mismo. Pero ¿hay más caminos? Claro que sí, siempre los hay: no existe el libro perfecto, ni existirá jamás. Y huir de la moda es ante todo huir de la moda propia. El invierno pasado intentamos incluso la aventura de editar para inventarnos nuestros propios escollos, y no fue posible. ¿Tragedia? No, reto. Cuando un camino se cierra, otro se abre. Inshalláh.
Nuevos libros, nuevas ideas, nuevos caminos por descubrir.
Y el Bubisher, claro: rebelarse y volar. Lo que nació de un sueño es ya una robusta realidad. Lo que nació de mentes españolas con espíritu redentor va cobrando ya su propia esencia saharaui. Memona y Daryalha, Larossi, Mohamidi, ya son nombres saharauis vinculados al Bubisher, y son quienes le van a dar su verdadero vuelo al pájaro de la buena suerte.
Salimos seis personas pronto para allá, cada una con su cometido específico: organización, calendario, campaña, formación, biblioteconomía, arte, fotografía. Y hasta nos acompaña una productora independiente para realizar un corto con el Bubisher como hilo conductor. Excita pensar en tanto por hacer, consuela de este mundo repetitivo y cansado, extenuado: inventar la vida.
Y creer en la cultura como herramienta para cambiar la vida. El Bubisher es ante todo eso: nuestra fe en la cultura como generadora de una nueva realidad. Aprendido en el propio Sáhara, que evolucionó gracias (por ejemplo) a las generaciones de jóvenes que se formaron en los años 80 en Cuba, y que han insuflado modernidad, curiosidad, ruptura. El Bubisher aspira a ser la nueva Cuba de los Campamentos, a alentar el nacimiento de una generación de niños y jóvenes que aprendan a pensar y a ser libres, a amar sus tradiciones y amar aún más la necesidad de inventar el mundo nuevo del siglo XXI. Aprendido también en Medellín, donde (pese a lo que pesa a los escépticos), las bibliotecas y la cultura le han dado la vuelta al calcetín de la violencia y el crimen para hacer florecer a la ciudad de la mano de sus niños.
Bubisher no es sólo una palabra, es un pájaro que vuela en medio del siroco y atraviesa la hammada como un hierro al rojo, un pájaro que te está diciendo: ven a entender el desierto para comprender tu vida, ven a volar conmigo.
No es que necesitemos voluntarios, más bien al contrario: Luisa se las ve negras para meter en turnos coherentes y no masificados a todos los voluntarios que quieren venir este año a los campamentos. Pero hay sitio para todos: no sólo maestros y bibliotecarios, los más expertos, sino también todo aquel quiera retarse a sí mismo con la sola condición de amar a la cultura y al futuro presente de los niños.
Sé que mientras me lees piensas en tu vida, y te digo: será mejor si vuelas con nosotros, aunque allí no lo vayas a pasar bien: no hay cerveza ni terrazas, pero dormirás al raso bajo el cielo de estrellas, y por la mañana cada una de ellas estará guardada en las pupilas de los niños de las escuelas.
Perderemos nuestro tiempo, nuestras vacaciones: nuestro oro más rastrero. Escribiré menos, pero tal vez escriba mejor: perderás dinero, pero tal vez ganes coherencia, entendimiento, esperanza.
Rebelarse y volar, o conformarse y sestear. O reptar.
Qué despiste soy… Todo un año diciendo que el 1 de agosto cumplía 20 años desde que decidí dedicarme íntegramente a la escritura, y se me pasa la fecha sin un mal brindis…
Menos mal que Covi me lo ha recordado, y me ha felicitado. Gracias, Mosquita.
¿Y el balance? Maravilloso, desde luego. Me siento orgulloso de estos 20 años, en los que he escrito 30 libros libres. Nunca, ni una sola vez, me ha marcado nadie lo que tenía que escribir, ni cómo, ni cuándo. He escrito lo que ha salido de mi corazón, bueno o malo, sin más norte que la belleza y la verdad, porque la libertad ya venía de dentro.
20 años de libros y de amigos. Muchos, la mayoría ya, vinculados a los libros: otros escritores como Tina, Ricardo, Agustín, Carlo, Antonio, Mayte, Feli, Samuel, Limam, Jordi, Bahía, Minor, Manuel, Andreu, Ana; profesores o maestros como Palma, Carmen, Merche, Blanca, Leticia, Marisa, Viviana… Listas que se quedan siempre cortas, pero muchos sueños compartidos, cerca de las estrellas.
Y países, y ciudades, y pueblos: Ballobar, Medellín, Guayaquil, San José, Otur, Kyzyl, la estepa, la taiga… y el Sáhara.
No conozco lugar más bello que el más feo del mundo: la hammada, la mano infernal que sin embargo acoge a los refugiados, y les da escuela, hospital, comida. Allí hemos puesto en marcha un sueño: “Los niños del Libro”, descendientes por sangre de los Hombres del Libro del mágico Tiris, de “la badía”, entreverados ahora de cuentos en español. El Bubisher es mi mejor libro, porque es un libro compartido con cincuenta, cien locos maravillosos que han hecho que mi fe en la especie humana se refresque, que crezca. Un sueño nacido de niños que acaba en niños.
20 años de libros, de sueños: siempre de libertad. Gracias a la vida, a coro con Violeta Parra, gracias a la vida, que me ha dado tanto.
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