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	<title>Gonzalo Moure Trenor</title>
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	<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 11:23:49 +0000</pubDate>
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		<title>RICARDO GÓMEZ, LUISA SÁNCHEZ, JAMIDA, JORDI SIERRA</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 08:03:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Ayer, empezando la noche, saltó la buena noticia: &#8220;Mujer mirando al mar&#8221;, de Ricardo Gómez, premio Gran Angular 2010.
He tenido la suerte de leer el borrador, casi definitivo, del libro. Y es una novela preciosa, nada complaciente, más bien dura, contra el olvido. La Guerra Civil, la no menos terrible postguerra. El amor, por encima [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer, empezando la noche, saltó la buena noticia: &#8220;Mujer mirando al mar&#8221;, de Ricardo Gómez, premio Gran Angular 2010.</p>
<p>He tenido la suerte de leer el borrador, casi definitivo, del libro. Y es una novela preciosa, nada complaciente, más bien dura, contra el olvido. La Guerra Civil, la no menos terrible postguerra. El amor, por encima del tiempo. La curiosidad intelectual, la busca de la verdad, que nada ha tenido ni tiene que ver con la venganza. Me alegro por Ricardo, amigo de los de verdad, de los no complacientes, en el origen, mano a mano, del Bubisher. Y escritor, por encima de todo. Grande, cada vez más maduro y más dueño de su estilo.</p>
<p>Hace algunos años, Ricardo podía haber titulado una novela de manera parecida: &#8220;Anciano mirando el cielo&#8221;. Lo tituló de manera aún más hermosa, casi paradigmática: &#8220;El cazador de estrellas&#8221;. Se basaba en este hombre que vemos en la foto, Jamida. Un hombre de palabra, fe y magia. Un hombre del desierto. Un luchador del Sáhara como pocos. Honrado, fiel a su pueblo y a la amistad, sabio. Y no anciano, por cierto. Daba igual, porque el hombre por dentro no tiene edad, y el Jamida que conocimos juntos bajo unas taljas, hace ya unos cuantos años, encerró desde la cuna la sabiduría de la ancianidad, es decir: la humanidad. Me alegro tanto por Ricardo como (y tal vez más) porque el premio Gran Angular haya sido concedido a una novela muy alejada de los falsos conceptos de la novela juvenil, de argumento facilón concebido más para &#8220;enganchar&#8221; (terrible palabra) que para hacer avanzar.</p>
<p>También el premio Barco de Vapor es una buena noticia: Jordi Sierra i Fabra lo ha ganado con una novela que transcurre en el Siglo XVIII, una historia de amor posible a través de las palabras. Y Jordi dona el premio a su propia Fundación, que trabaja en Medellín, a donde nos llevó un día a Ricardo, a Alfredo, a un grupo nutrido de escritores. De aquella visita a una ciudad paradójica en la que maravillosas bibliotecas instaladas en los barrios más pobres han dicho basta a la violencia y la incultura nacieron algunas ideas sobre el Bubisher que precisamente estos días debatimos. Gracias también, Jordi.</p>
<p><a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/jamida.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-583" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/jamida-200x300.jpg" alt="jamida" width="200" height="300" /></a></p>
<p>Y ha querido la fortuna que el mismo día, la foto de Luisa Sánchez, coordinadora de voluntarios del Bubisher , fuera proclamada como Mejor Fotografía del Concurso de Fotografía Artística del Círculo Mercantil e Industrial de Vigo.</p>
<p>Hay días que acaban así de bien, y así de crípticos. Ricardo, Luisa, Jamida, el Bubisher, la literatura, la fotografía, la memoria, el desolvido, la paciencia, la solidaridad, la belleza y la verdad. Todo eso unido por el destino y la valoración de dos jurados distintos que premiaban, en el fondo, la misma mirada. Una, a través de la pluma, otra a través del objetivo.</p>
<p>Días que acaban así llaman a otros que empiecen con fuerza, sin desesperanza.</p>
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		<title>VIDEOENCUENTRO. UNA EXPERIENCIA MARAVILLOSA</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Mar 2010 10:21:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[Acabo ahora mismo. Cansado, pero feliz. Un encuentro a través de la cámara con los chicos y chicas del IES Miguel Durán, en Azuaga, Badajoz.
El dolor físico (da igual cuál, un dolor) me tiene inmovilizado en casa, y he tenido que renunciar a ir la semana que viene a Zaragoza y Huesca, mi otra casa, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo ahora mismo. Cansado, pero feliz. Un encuentro a través de la cámara con los chicos y chicas del IES Miguel Durán, en Azuaga, Badajoz.</p>
<p>El dolor físico (da igual cuál, un dolor) me tiene inmovilizado en casa, y he tenido que renunciar a ir la semana que viene a Zaragoza y Huesca, mi otra casa, un rosario de centros y clubes de lectura en los que respiro la vida. Y posiblemente todo lo que resta de curso, ya.</p>
<p>Pero, por suerte, la tecnología ha llegado justo a tiempo. He hecho muchos ya, pero el videoencuentro es no solo una solución: es un hallazgo. Los chicos de Azuaga y yo hemos disfrutado, nos hemos reído. Les he enseñado una foto de mi madre cuando era joven, me he puesto un sombrero caló para hablar de Maíto. Les he enseñado mis libros y la playa de Tapia desde mi ventana: mi vida, que no es importante, aunque para ellos, esta mañana, sí.</p>
<p>Las preguntas han fluido, las respuestas creo que también. María José y Carmen se han emocionado, Roberto ha sufrido controlando la imagen y el sonido, pero también ha disfrutado. Todos han estrechado sus brazos en torno a ellos mismos para prometerme que sí, que hoy abrazarán a sus padres como Maíto abraza al suyo, Panduro, en el último capítulo del libro: un abrazo por sorpresa, sin más razón que porque sí: Porque Sí. Recolectemos abrazos, no nos dejemos ni uno, para que cuando llegue el invierno del querer, que es la muerte, los tengamos en la despensa de nuestra memoria. Como el Frederick de Leo Lionni recolectaba colores, rayitos de sol tibio y palabras-poesía.</p>
<p>De dónde el libro, cómo la inspiración: las preguntas. Y las respuestas, que nacían con facilidad desde mi corazón.</p>
<p>Y el Bubisher, claro. Inevitable. Como este era un encuentro fuera de programa y editoriales, les pedí que pagaran al Bubisher, directamente: nada menos que un mes de funcionamiento, por una hora de gozo compartido, por la vida.</p>
<p>Y los chicos  me han prometido que van a hacer un rastrillo solidario de libros ya leídos y videojuegos ya aburridos, para comprar libros de los que hacen falta en el Bubisher. Los firmarán, los llenarán de cariño y de ganas de compartir, no de dar limosna. Qué bien.</p>
<p>Y les he propuesto la lectura de un libro &#8220;conmigo&#8221;: El Lobo, de Jospeh Smith. A ver qué nos parece.</p>
<p>Quiero más. Ahora que no puedo viajar, los videoencuentros. La semana que viene, alguno en Aragón. Inchaláh.</p>
<p>Gracias a María José, a Carmen, a Roberto, a Laura, a Carmen, Mari Carmen, Fernando, todos los chavales y chicas que me habéis hecho pasar un rato más de vida, de la que merece la pena.</p>
<p><a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/videoencuentro-con-foto1.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-580" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/videoencuentro-con-foto1-300x225.jpg" alt="videoencuentro-con-foto1" width="300" height="225" /></a><em> En la foto, compartiendo recuerdos.</em></p>
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		<title>&#8220;LA VERDAD ES UNA MENTIRA QUE AÚN NO HA SIDO DESCUBIERTA&#8221; (21 Relatos por la Educación&#8221;)</title>
		<link>http://www.gonzalomouretrenor.es/2010/02/19/la-verdad-es-una-mentira-que-aun-no-ha-sido-descubierta-21-relatos-por-la-educacion/</link>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 09:30:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[Creo que la frase la pronunciaba Burt Lancaster (o el personaje) en la última película de Sam Peckinpah, la fallida &#8220;Clave Omega&#8221;. Pero corría el año 1984, una cifra llena de significados cabalísticos desde que Orwell escribiera su famosa (y nada fallida) antiutopía, &#8220;1984&#8243;, y quién sabe si no se puede establecer una conexión entre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que la frase la pronunciaba Burt Lancaster (o el personaje) en la última película de Sam Peckinpah, la fallida &#8220;Clave Omega&#8221;. Pero corría el año 1984, una cifra llena de significados cabalísticos desde que Orwell escribiera su famosa (y nada fallida) antiutopía, &#8220;1984&#8243;, y quién sabe si no se puede establecer una conexión entre ambas. Es posible que la película que vimos no sea la película que Peckinpah dirigió. Y que esa frase, tan rotunda y aparentemente nihilista, no fuera sino el canto de esperanza de un director de cine que sabía que se moría.</p>
<p>Por ahí, por esas mentiras sin descubrir aún, va el prólogo y la intención de Fernando Marías al encargarnos a un puñado de escritores (la verdad, un grupo poco salvaje) 21 relatos centrados en el mundo de la educación.</p>
<p><a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/21relatos1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-568" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/21relatos1.jpg" alt="21relatos1" width="186" height="300" /></a>El recuerdo del que arranca Fernando es semejante: acababa de ver una película de indios (nada menos que en 1968), y el profesor mantenía que &#8220;son&#8221; es la tercera persona del plural, mientras que el escolar sabía que &#8220;son&#8221; era en realidad un sonido rítmico que asociaba a rituales mágicos. Eso le llevó a cuestionarse todo, la razón que debe estar siempre en la base de cualquier escritor.</p>
<p>Dice Palma Aparicio que es una frase demasiado rotunda, que tal vez fuera mejor &#8220;La verdad es un error que aún no ha sido descubierto&#8221;. Sí, o no. Error es equivocación sin intención, mentira es mucho más. Suelo usar la frase en encuentros con estudiantes de cualquier edad. Hay que ver las caras de algunos maestros cuando sigo diciendo que todo lo que les enseñamos en la escuela o en la universidad será descubierto algún día como eso: un error, o una mentira. Y pongo el ejemplo más simple: cuando en la escuela se enseñaba que la Tierra era plana, o cuando más adelante, aceptada la primera mentira, se aseguraba que el sol giraba en torno a la Tierra, centro del universo. Y reto a los chicos: quién de vosotros será capaz de descubrir una mentira, por pequeña que sea.</p>
<p>No he podido leerlos todos aún, pero me encanta la compañía en la que me encuentro dentro del libro, sucesor de aquel &#8220;21 relatos sobre el acoso escolar&#8221; que ya dirigió Fernando y que ya va por la segunda edición (hay una entrada en esta web). Entre los que están Carlo Frabetti, Ricardo Gómez, Ricardo Menéndez Salmón, Blanca Gopegui, Ángeles González-Sinde, Agustín Fernández Paz, Care Santos, Ana Alcolea, Antonio Ventura, Joan Manuel Gisbert o Vicente Muñoz Puelles. Y en todos los relatos ya leídos laten a partes iguales la verdad y la mentira, pese a lo heterogéneo de la suma, que incluye a ilustradores como Federico Delicado, Tàssies o Claudia Ranucci.</p>
<p>Una vez más, mi mente se fue al Sáhara, donde estamos intentando reinventar la enseñanza de la lengua a través de un bibliobús, el Bubisher, dando más importancia al son de Fernando que al son de su profesor, don Teófilo. Es decir: no enseñar primero la lengua y la gramática para poder llegar a la lectura, sino dándoles la lectura para que los niños quieran acceder a la lengua, al aprendizaje. Qué es más importante, la cuchara o la sopa. La sopa, sin duda. A darles pues la sopa para que quieran aprender a usar la cuchara.</p>
<p>Y allí, en el Sáhara, mi corazón se situó junto al de Memona, la bibliotecaria del Bubisher. He inventado una situación para poder contar su historia, una historia terrible y maravillosa, a partes iguales.</p>
<p><!--StartFragment--><span><em>&#8220;Creía que España era lo que yo había vivido, que todos los niños teníamos que pedir limosna por la calle. Por fin un hombre se compadeció; me recogió, me levantó, me preguntó. Pero yo sólo lloraba, aullaba.&#8221;</em></span></p>
<p>De ese engaño, de esos aullidos, surgió ella, que se levantó del suelo, física y metafóricamente.</p>
<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal">La verdad, la mentira, quién lo sabe. La buena suerte, la mala suerte, quién lo sabe. La educación, el engaño, quién lo sabe.</p>
<p class="MsoNormal"><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><span>&#8220;</span><em>Solo quien ha vivido arrastrándose sabe de verdad lo que es ponerse de pie. Un rato en un agujero, no sirve.</em><span>&#8221; (Tobillo de jilguero).</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Gracias a Fernando, por tanto. Una ocasión más para dudar de todo lo que parece cierto.</span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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		<title>ESTO ES LA POESÍA, Y ESO TAMBIÉN/RAUL VACAS</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Feb 2010 16:01:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[Se lo acabo de decir: es un libro para confrutar, que es mejor palabra que disfrutar. Y os lo digo: es un libro para no aprender, porque la ESO no es esto, ni, por suerte, esto es la ESO.
Es el nuevo libro de Raúl Vacas.
Lo leí cuando era proyecto, cuando aún crecía. Y hasta lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se lo acabo de decir: es un libro para confrutar, que es mejor palabra que disfrutar. Y os lo digo: es un libro para no aprender, porque la ESO no es esto, ni, por suerte, esto es la ESO.<a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/esto-y-eso.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-565" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/esto-y-eso.jpg" alt="esto-y-eso" width="195" height="320" /></a></p>
<p>Es el nuevo libro de Raúl Vacas.</p>
<p>Lo leí cuando era proyecto, cuando aún crecía. Y hasta lo acaricié como proyecto editorial. Pero no fue. Y ahora es. En Alandar, número 117. Enhorabuena a quienes han apostado por él. &#8220;Confrutarán&#8221; a Raúl como tallerista de poesía como, por cierto, los chicos del Sáhara le van a disfrutar muy pronto. A él y a Isabel Castaño.</p>
<p>Tendréis suerte, porque en el Sáhara se puede salir a ver las estrellas sin pisar más bosta que la de cabra, que es pequeña y poco pastosa.</p>
<p>Pero volviendo al libro:</p>
<p><span><strong>Pasa, lector, y ocupa aquí tu asiento,<br />
abre este libro, hojea sus materias,<br />
siente del corazón las cosas serias,<br />
prueba el remedio del conocimiento.</p>
<p>Será la geografía tu alimento,<br />
sangre la nueva historia en tus arterias,<br />
secundarias las fiestas y las ferias,<br />
la biología tu mejor sustento.</p>
<p>Lee cada poema con paciencia,<br />
estudia los idiomas de los besos,<br />
las matemáticas de tu existencia,</p>
<p>y así, cuando conozcas tus excesos<br />
y aprendas a vivir con otra ciencia,<br />
podrás recomendarlo a estos y esos.</strong></span></p>
<p><span>Pues&#8230; eso. Qué gusto.</span></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>ESCRIBIR AL TROTE, ESCRIBIR AL GALOPE</title>
		<link>http://www.gonzalomouretrenor.es/2010/02/05/escribir-al-trote-escribir-al-galope/</link>
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		<pubDate>Fri, 05 Feb 2010 09:46:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando tratas de galopar sin haber aprendido a trotar con un absoluto dominio del caballo, te caes. Irremediable. Algunos de los jinetes primerizos no son capaces de volver a montar: el miedo se lo impide. Otros vuelven a subir, empiezan de cero: esos son los auténticos caballistas. 
Me escribe hoy un joven ya viejo amigo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Cuando tratas de galopar sin haber aprendido a trotar con un absoluto dominio del caballo, te caes. Irremediable. Algunos de los jinetes primerizos no son capaces de volver a montar: el miedo se lo impide. Otros vuelven a subir, empiezan de cero: esos son los auténticos caballistas. </span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Me escribe hoy un joven ya viejo amigo, desde un país remoto, en el que le conocí hace un par de años. Quiere ser escritor, y su voluntad es más fuerte que él mismo. </span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Durante este tiempo he querido que fueras más despacio. Pero seguramente no he sido capaz de dedicarte el tiempo necesario, y me siento culpable. Me dices que lo que has escrito le ha parecido torpe a alguien. Puede que tenga razón, pero también puede que no. Escribir y leer no son actos simétricos. Es posible, sí, que en lo que has escrito haya un galope, y que quien lo ha leído esperara un trote. No lo sé. Pero da igual.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Trotar bien no es llevar la espalda recta y hacer las flexiones correctas con las piernas. Ni llevar las riendas en el espacio exacto que hay entre el pomo de la silla y tu ombligo. Ni los pies en perfecto plano paralelo al suelo. Trotar bien es sentirte uno con el caballo, no tener que escindirse para tomar decisiones, no pensar en que vas a girar hacia la derecha, como tampoco lo piensas cuando caminas por la calle: giras, sin dar órdenes a tus pies, ni a tu cuerpo. Es más: para trotar bien es preciso haber tenido esa sensación antes, cuando cabalgas al paso. Sentirte uno con el caballo, aceptar su fuerza y conseguir que el caballo acepte tu voluntad. </span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Es decir: para escribir una novela es imprescindible ser capaz de dominar un relato breve. No importan las páginas, importa el valor de cada palabra, como en un conjuro cuenta cada una de sus partes: si la receta dice que hay que añadir patas de saltamontes, no se pueden sustituir por patas de escarabajo: entonces no convertirás a la niña en princesa, sino en rana.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>La mejor poesía que conozco (lo he contado muchas veces) la escribió Miguel, un chaval de 10 años: </span></span></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>&#8220;Una campana que no suena,</span></span></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Toca el silencio.&#8221;</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Dos versos tan solo, pero en los que no se puede añadir nada, ni un artículo, ni un verbo, ni un adjetivo: ni siquiera una coma o un acento. Y que, precisamente por eso, por su precisión y su concisión, dice muchísimo, como pedía Gloria Fuertes: &#8220;Decir poco para que nos diga mucho&#8221;.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Hace poco le pedí a una amiga muy joven también (pero tremendamente enamoradiza) que escribiera una página en la que se sintiera el amor, pero sin usar la misma palabra Amor, ni Beso, ni ninguna de las que comúnmente se asocian a él. Y lo hizo. Y cómo lo hizo. Y qué inolvidable relato en el que tampoco faltaba ni sobraba nada, pero que hablaba de amor.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Escribir un libro no es acumular páginas. Es muy frecuente que alguien de diez o doce años me diga: estoy escribiendo, ya llevo&#8230; Tantas páginas. Y yo le replico: no eres capaz. A escribir un libro no me puedes ganar, pero sí que me puedes ganar escribiendo algo de quince, veinte palabras como máximo. Porque así tendrás que escoger cada una, y redondearás la frase, y nada sobrará, y nada faltará. A eso sí que me puedes ganar. Ya conté (creo) el relato que escribió una niña canadiense de once años, sólo con ocho palabras. Ocho.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>&#8220;Reina quería a matar a Rico, pero le amaba&#8221;.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Ni la alianza de los últimos diez premios Nobel de Literatura podría superar a la niña canadiense. Igualarla, tal vez, seguramente. Pero superarla, imposible. Porque su relato de ocho palabras no puede tener menos, pero tampoco necesita tener más. En él hay misterio, amor, peligro, tensión. Y deja en quien lo lee sensaciones difíciles de explicar. Hablo de esto a menudo en los colegios a los que voy a dar charlas. Pero seguramente después el maestro les pide a los niños que hagan una redacción de dos páginas: galopar, antes de saber trotar.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>He recibido estos días dos cartas de dos amigas a un personaje de uno de mis libros, Kori. Pensé incluso en colgarlas aquí, porque son cartas de nueve líneas. Pero nueve líneas certeras, directas al corazón de Kori y también al mío: cartas de cariño, de amistad. Bellamente escritas. Claudia y Cristina, amigas de Kori. Ya llegará para ellas el tiempo de galopar: de momento han probado ya la delicia de un trote sencillo, y han dicho tanto en sus nueve líneas como yo en las 100 del libro. Me han ganado, también.</span></span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span>Por eso, amigo remoto. Vuelve a subirte al caballo. Y empieza otra vez. No lo fuerces. Hazle sentir con el lenguaje imperceptible de tu cuerpo que quieres ir a la derecha, y él irá. Y cuando quieras frenar no le hagas daño con el bocado en la boca: detente tú, y se detendrá él. Seréis uno. Y una mañana sin viento, cuando todo invite a ello, ponte a galopar: con él, no a costa de él.</span></span></span></p>
<p><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span style="font-size: small;"><a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/gota.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-572" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/gota.jpg" alt="gota" width="604" height="422" /></a></span></span></p>
<p><span style="font-family: Calibri, Verdana, Helvetica, Arial;"><span style="font-size: x-small;"><span style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif; font-size: small;"><span>Preciosa foto de Andoni Canela, aportada por Alex: lo grande en lo pequeño, el todo en lo más humilde&#8230;</span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>DOS IMÁGENES DE UN MISMO PUEBLO</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Feb 2010 20:13:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La primera, en Ausserd, recién anochecido. Es el rebaño de hermosos camellos de Abdesalam. La mañana anterior habíamos hecho la primera entrada del Bubisher en la madrasa del 27, y estábamos todos en una nube. Llegamos a Ausserd llenos de emoción, y nos encontramos un centenar de jaimas tradicionales: era el festival de la Cultura. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La primera, en Ausserd, recién anochecido. Es el rebaño de hermosos camellos de Abdesalam. La mañana anterior habíamos hecho la primera entrada del Bubisher en la madrasa del 27, y estábamos todos en una nube. Llegamos a Ausserd llenos de emoción, y nos encontramos un centenar de jaimas tradicionales: era el festival de la Cultura. Cuando el sol cayó, el cielo se tiñó primero de púrpura, y después de azul. Disparé y disparé. Y sin saberlo, sorprendí a esos dos saharauis, caminando quién sabe hacia qué destino&#8230;<a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/siluetas-con-camello.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-556" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/siluetas-con-camello-148x300.jpg" alt="siluetas-con-camello" width="148" height="300" /></a></p>
<p>Y esta otra, tan distinta, pero teñida del mismo azul. Es una imagen tan deslumbrante de Nadira que en la entrada anterior me resistí a colgarla, porque parecía contradictoria con lo que contaba en ella. Pero ahora sé que no. Las cosas suceden así, y hay un nuevo cruce de caminos, y ahora sé que Nadhira está más cerca de Aminetu que de la Nadira de la novela. Un día volará también sobre las alas del Bubisher, en Smara o cuando lleguemos a Dajla. Y entonces se habrá cerrado un círculo mágico. Viva la vida.</p>
<p><a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/nadira-in-blue.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-557" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/nadira-in-blue.jpg" alt="nadira-in-blue" width="450" height="600" /></a></p>
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		<title>NADIRA Y EL BESO DEL SÁHARA</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jan 2010 18:02:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Luchaba Aminetu en Lanzarote y luchábamos todos en todo el mundo. Palmo a palmo se peleó por la vida de la luchadora. Decenas de llamadas y mails se entrecruzaban cada hora. Y, de pronto, una voz del pasado. Hola, te llamo desde el aeropuerto, estoy cerca de Aminetu, ¿sabes quién soy? Era Nadira. La conocí cuando era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Luchaba Aminetu en Lanzarote y luchábamos todos en todo el mundo. Palmo a palmo se peleó por la vida de la luchadora. Decenas de llamadas y mails se entrecruzaban cada hora. Y, de pronto, una voz del pasado. Hola, te llamo desde el aeropuerto, estoy cerca de Aminetu, ¿sabes quién soy? Era Nadira. La conocí cuando era una niña, en casa de Nicandro. Hace cerca de 15 años. Se parecía al Mowgli de El Libro de la Selva. Y ya era encantadora. Algún día diré por qué nos cayó tan simpática, pero pronto estaba en casa, montando a caballo y andando en bici. Se estrelló con una farola, en uno de esos paseos, de noche. Mientras le estaban cosiendo la barbilla en el hospital nos confesó que de noche no veía nada, por una dolencia de los ojos. Pero una tontería así no bastaba para que aceptara perderse un solo sorbo de vida.</p>
<p>Cuando se fue, dejó en la comarca un vacío extraño. Que llené con un sueño. Me levanté en plena noche con el recuerdo reciente y huidizo de algo como un cuento en el que Nadira era la protagonista. Empecé a escribir una novela con aquella historia, en la que suponía que una niña saharaui desearía con todas sus fuerzas cambiarse por cualquier niña española. Ni sospechaba lo equivocado que estaba, pero fue esa cadena de casualidades la que me llevó a los campamentos de Tinduf, para escribir aquella novela sabiendo de lo que hablaba. Fui acompañando a Nicandro, pero iba al Sáhara ciego y sordo. El sol de la hammada me abrió los ojos y, más paradojas, el siroco los oídos. Y la gente, claro. No encontré a Nadira en aquel primer viaje, pero estuve en su jaima haciendo fotos a sus amigos y otros niños vecinos. Y a Kori, a Naísma, a Fatimetsu, a Fatma. Fueron los niños los que me hicieron saharaui. Me enseñaron a decir sí chasqueando con la boca y a mirar &#8220;el nuyum&#8221;, a decir &#8220;leila sahída&#8221; y cumplirlo, alrededor de un té. A dar sin esperar nada a cambio. No recuerdo unos días más intensos en la carretera de la vida. No olvido un solo instante. Allí acabé &#8220;El beso del Sáhara&#8221;, y allí empecé a sentirme saharaui.</p>
<p>En otro viaje encontré a Nadira, con su madre, Fatimetu, su padre, el combatiente Lucháa, con su hermana Embarka, a la que le daba miedo la novela. De entonces es esta foto, Nadira con su cabrita. Y muchas otras, que guardo en el álbum y en el corazón.<a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/k_xikitina.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-545" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/k_xikitina-300x192.jpg" alt="k_xikitina" width="300" height="192" /></a></p>
<p>Qué extraña es la vida. Esa sucesión de cruces de caminos no hubiera existido sin Nadira. Por eso, cuando hace un par de días recibí un correo suyo, sentí que el tiempo no existe, sólo el reloj biológico. Lo demás sucede simultáneamente: pasado, presente y futuro. Esa misma tarde me escribía Aurora, una chica de Barcelona que pronto sentirá el crujido del timón bajo la barca de la vida, cuando vaya con el Bubisher. Le decía: hay allí un niño que ni siquiera sospecha el cambio que supondrá que un día tú le leas un cuento. Y eso pasará también porque Nadira salía a la ventana de la casa de Nicandro a gritar, desinhibida y libre: ¡Tinaaaaaa! Pero eso&#8230; eso sólo lo puede entender un saharaui. Yo, por ejemplo.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-546" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/aminetu-haidar-31-of-59-3-300x283.jpg" alt="aminetu-haidar-31-of-59-3" width="300" height="283" /></p>
<p>Y esta es la Nadira de hoy. Al lado de Aminetu, al lado de su pueblo. Viva la vida.</p>
<p>Qué extraño es todo. Aquel libro que desencadenó Nadira era un auténtico despropósito. La Nadira de la novela no existía entonces. Pero ahora sí, por desgracia. Claro que hay chicas, y familias enteras, que se rinden, que se venden. Para eso, entre otras cosas, empujamos al Bubisher, para dar cultura y por tanto capacidad para decidir, y por tanto libertad. Para ser como Nadira, pero como esta de aquí al lado, la que lucha, la que no olvida, la que no se rinde ni prefiere un plato de lentejas a sus raíces y a su sangre, a la derramada y a la que está por crear. Imaginé en aquellas páginas un Rachid que cruzaba el mundo para besar los labios de una chica española buscando en el fondo de su boca el alma de Nadira. Y le decía: todo ha sido un sueño. Algún día será una doble verdad: un sueño, y también una pesadilla.</p>
<p>La literatura y la vida son un tejido, inacabable, misterioso, y en las páginas de un libro que habla en pasado muchas veces se adivina el futuro perfecto.</p>
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		<title>La vida eterna y &#8220;El rayo verde&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Jan 2010 19:34:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Ha muerto Rohmer. A los 89 años. Con 36 películas en nuestras retinas y en nuestra memoria. Comencé a ver su cine a finales de los años 60, en el cine Xerea de Valencia, que sólo daba películas en versión original. Ma nuit chez Maud, La genou de Claire&#8230; Lo más notable de Rohmer era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ha muerto Rohmer. A los 89 años. Con 36 películas en nuestras retinas y en nuestra memoria. Comencé a ver su cine a finales de los años 60, en el cine Xerea de Valencia, que sólo daba películas en versión original. Ma nuit chez Maud, La genou de Claire&#8230; Lo más notable de Rohmer era la naturalidad. Parecía que no hubiera ni cámara ni dirección, ni guión, ni planificación. Los diálogos fluían como los nuestros, como los de la gente. No había más drama que la vida, en su compleja e inabarcable riqueza. Muchas de sus películas las vi sin respirar, como se bebe la vida. El rayo verde, sus Seis Cuentos Morales.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-540" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/93962_md.jpg" alt="93962_md" width="300" height="275" /></p>
<p>Cuando hace cuatro años decidí que quería hacer cine (estoy en ello, no desespero), soñaba con seguir la huella de Rohmer. Sin actores profesionales o al menos muy conocidos, en escenarios naturales, sin artificio alguno. Y sabiendo que quienes trataron de imitarle fracasaron, porque lo más sencillo suele ser lo más difícil.  Y es que Rohmer abrió una puerta luminosa a otra clase de cine.</p>
<p>Ha muerto durmiendo. Es decir, soñando. Es decir: como si hiciera una más de sus películas. Eternas.</p>
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		<title>SE VA EL AÑO DEL BUBISHER, HOLA, AÑO DEL BUBISHER</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Dec 2009 08:14:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[¿Para qué escribo? Ahora que el año se esfuma, puedo decir que para mí lo mejor ha sido descubrirlo por fin: nunca antes he sentido, como en Smara, cuál es el sentido de la literatura. Y lo he sentido siendo parte del torrente, leyendo para los niños saharauis los cuentos que no son de nadie. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Para qué escribo? Ahora que el año se esfuma, puedo decir que para mí lo mejor ha sido descubrirlo por fin: nunca antes he sentido, como en Smara, cuál es el sentido de la literatura. Y lo he sentido siendo parte del torrente, leyendo para los niños saharauis los cuentos que no son de nadie. La literatura es la &#8220;libre&#8221; de García Calvo: libre te quiero, ni de mí, ni de Dios, ni de nadie, buena te quiero, como pan que no sabe su masa buena.</p>
<p>Y además lo he sentido en compañía de tantos que no podría nombrar a todos: pero sí a Memona y Daryalha, Larossi y Kabara, los bubisheros auténticos, los de todos los días, incluso el viernes, porque también son panes que no saben su masa buena.</p>
<p><a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/salma.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-537" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/salma-206x300.jpg" alt="salma" width="206" height="300" /></a></p>
<p>La literatura es eso, caminar solo sin estarlo, ser zapato para cubrir el pie del otro, ser pie para ser protegido. No he escrito mucho, ya lo sé, y agradezco a quienes me riñen, especialmente a Palma y Ricardo, pero he estado cargando la mochila, porque no hay nada peor que escribir por oficio, por obligación y currículum: escribir con el corazón, escribir por, y nunca para. Y ahora siento que sí, que ya va siendo hora de volver a detenerme bajo una talha a ver lo que hay en la mochila, y compartirlo: sólo tengo que volver a encontrar el ritmo.</p>
<p>Y ha sido también el año de Aminetu, el triunfo de la vida sobre la muerte, de la esperanza sobre el desánimo: y no ya por el Sáhara, mi patria pobre, que siento mucho más en mi corazón que mi patria rica y reseca; no, Aminetu es universal, y nos ha demostrado a todos que el pensamiento puede más que el estómago, que desprendiéndose de la vida se da sentido a la vida, que tampoco la vida de Aminetu es de Aminetu, ni de mí, ni de Dios, ni de nadie: la vida es de todos.</p>
<p>¿Y el 2010? Le pido que nos sintamos orgullosos: de lo que hagamos cada día, de lo que escribamos cada día, de lo que llevemos a los ojos de otros, de lo que demos. Más bubisheros, desde aquí o desde allí. Aún resuena lo que me decía desde Smara hace un par de días Beatriz Navarro: &#8220;se nos queda pequeño, Gonzalo, cada día son más y más los niños que quieren entrar, leer&#8230;&#8221; El Bubisher, como metáfora de la vida.</p>
<p>A todos lo que alguna vez leéis esta página del mar de internet, gracias por compartir pequeños tramos de mi vida. Ya sé que hice una promesa: reflexionar cada noche, al menos un poco. Y que no he acabado de cumplirla. Lo iré haciendo, poco a poco, hasta convertirlo en una rutina más del día, tan lleno de pequeñas cosas.</p>
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		<title>CEIBES NO MONTE</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Dec 2009 09:14:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Que un instituto de enseñanza media dedique el curso a hablar de caballos, libres en el monte, de libros sobre caballos, de la relación del hombre con los caballos, es poco convencional. Tan poco convencional como sorprendente y estimulante. Galicia tiene una relación telúrica con sus caballos, que en número próximo a 50.000, aún pueblan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Que un instituto de enseñanza media dedique el curso a hablar de caballos, libres en el monte, de libros sobre caballos, de la relación del hombre con los caballos, es poco convencional. Tan poco convencional como sorprendente y estimulante. Galicia tiene una relación telúrica con sus caballos, que en número próximo a 50.000, aún pueblan (y desbrozan, y cuidan, casi miman) buena parte de sus brañas. Allí puedes caminar entre caballos salvajes, vestigio y resistencia de una naturaleza que agoniza. Puedes observar los comportamientos sociales de la manada, sus relaciones de poder, sus lazos de sangre. En un lugar muy distante, pero no muy distinto, Tuva, asistí una noche a un suceso emocionante: había nacido un potrillo, y aunque para no dejar a los caballos al alcance de los lobos se los mete en un cercado de noche, allí se ofició una ceremonia misteriosa y reveladora: el potrillo iba a pasar la noche acostado y, por tanto, objetivo fácil para cualquier depredador. La lógica maternal nos indicaba que la madre velaría su sueño, y así fue. Pero al situarse a su lado, con la cabeza casi encima de su aún débil hijo, reclamó algo con un relincho largo, dirigido a la manada. Y a su llamada respondieron cinco o seis yeguas, que se colocaron también con la cabeza sobre el potro, formando con sus cuerpos una compacta estrella de siete  puntas. O de siete grupas, con un pie apenas apoyado en el suelo, listo para repeler de una coz a cualquier invasor hambriento. Pero más sorprendente aún fue que Ular Ool (Hombre Pájaro), el guardián de la manada, nos dijera que las seis yeguas que habían respondido a la llamada de la madre tenían lazos directos de sangre con ella: hermanas o hijas, todas. Le pregunté si alguna vez venía otra que no fuera familiar de la madre. Negó con la cabeza, con una sonrisa orgullosa: nunca.</p>
<p>Que un instituto dedicara el año a los caballos, a los &#8220;ceibes no monte&#8221;, es algo insólito, salvo que la mayoría de sus alumnos vengan precisamente de esas brañas en las que la complicidad entre hombre y caballo tiene miles de años. Y allí estuve esta semana, en compañía de Eva Moreda, una joven escritora astur-gallega, autora de un precioso libro: O país das bestas. En él, a través de la memoria y un oscuro presente, Eva habla de esa relación tan antigua como el fuego.</p>
<p>El Instituto es el &#8220;Terra de Turonio&#8221;. Y no sólo ha hecho posibles lecturas y encuentros, sino que se ha esforzado para montar una exposición en el Museo do Pobo Galego de Gondomar (qué hermoso nombre) titulada así: Ceibes no monte.</p>
<p>Ni que decir tiene que los encuentros con los chicos de Turonio (es el nombre clásico de la comarca cuya capital es Gondomar, al sur de la provincia de Pontevedra), fueron apasionantes, porque sabían mucho más que yo de caballos. Habían leído mis contribuciones a la &#8220;literatura de caballos&#8221;, y, como es lógico, desconfiaban (algunos) un poco de mi visión romántica del caballo. El intermediario entre el hombre y la naturaleza, como me dijo aquel chamán en Tuva.</p>
<p>Ya por la tarde, en una sala ocupada por hombres curtidos por el viento de las brañas y el roce cotidiano con los caballos, Eva y yo compartimos mesa con Santi Veloso, el profesor entusiasta que siempre hace falta para hacer algo extraordinario e inolvidable, y nada menos que Xosé Luis Méndez Ferrín. Un hombre a caballo. Y un hombre de cuerpo entero, comprometido y valiente: irredento galleguista, preso político, poeta, narrador, pensador. Propuesto alguna vez para el Nobel de Literatura, director de A Trabe de Ouro. Pocos como él conocen la geografía de Turonio, y no sólo su geografía física, sino también su geografía humana y equina. Fue una charla inolvidable, trufada de reivindicaciones de los besteiros que llenaban la sala, y fruncían el ceño ante el retroceso inequívoco de sus tradiciones caballares. De equinofobia habló Ferrín. Y de olvido: del que han practicado los intelectuales gallegos, puesto que la novela de Eva Moreda es la primera en su historia que ha tocado el tema tan de frente.</p>
<p>Qué privilegio, compartir mesa con todos ellos. Y qué aroma a monte, a estiércol, a vida, llegaba hasta aquella sala. No había caballos: había caballistas. Viva la vida.</p>
<p><a href="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/ceibes.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-533" src="http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-content/uploads/ceibes.jpg" alt="ceibes" width="500" height="375" /></a></p>
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