La editorial SM ha tenido a bien rescatar del semiolvido la novela, que fue Premio Jaén hace ¡trece años!. Acaba de salir en Gran Angular, en la colección propia que tengo ahí, un auténtico hogar para libros que quieren seguir viviendo, que se resisten a la tentación del sueño.
Para esta edición tuve que repasarlo, palabra por palabra, párrafo a párrafo. No sé si está bien o está mal. Creo que ahora un poco mejor. Me permití (y me lo permitió Berta Márquez, su maravillosa editora) ampliar algunas cosas. En ocasiones soy demasiado pudoroso cuando escribo. Dejar espacio al lector es una de mis obsesiones; pero a veces me paso, y es un espacio tan amplio el que dejo, que el lector se pierde. Esta vez he querido ser más explícito.
Para mí, no es un libro cualquiera. Nació en el mismo Camino de Santiago, paso a paso también. Pero el agua que lleva es agua que sale de dentro, muy de dentro. Hay tanto dolor en lo que mueve la intención del libro, que creo que no lo podré confesar públicamente nunca. Pero sí que nace de un error, de un enorme y penoso error. Todos los cometemos. Y eso es lo que contiene El Bostezo del Puma. Hubo un puma hace mucho, mucho tiempo. No supe si bostezaba o rugía hasta que fue tarde. Es todo lo que puedo desvelar. Lo demás, los personajes, los paisajes, son los que viví. Hay una divertida crítica en internet desde que se publicó en 1999: lo echa por tierra, de cabo a rabo. Pretende el crítico que el libro es oportunista, y escrito sin conocer el Camino. No lo sé, tal vez sea oportunista. Desde luego, no era mi intención, y sí que conocía el Camino. De hecho, lo escribí con el corazón, pero con los pies también, en compañía de gente maravillosa, y también en la cercanía de un tipo inquietante, un americano que me hacía pensar, y hasta lo parecía, en Holden, el de el Guardián entre el centeno. En una de sus etapas nació algo mucho menor, “El vencejo que quiso tocar el suelo”. Pero está bien, una crítica así te estimula, te hace querer escribir mejor, que la verdad se transparente aún más.
¿Sigue vigente? No lo sé. Supongo que lo sabré pronto, sobre todo cuando algún antiguo lector quiera releer esta nueva versión, porque casi lo es. ¿Lo volvería a escribir así?
Sí, seguro. Toda novela escrita con el corazón es un ajuste de cuentas. El Bostezo del Puma liberó buena parte del peso que llevaba dentro.
Y este es un fragmento del primer capítulo:

“No tengáis miedo de los colmillos del puma; solo está bostezando.”

Abram recordaba constantemente esa frase y ni siquiera sabía muy bien a quién pertenecía. O sí: al Camino. Para Abram era el resumen del Camino, la destilación de una conversación en el refugio de peregrinos de Azofra, una botella de vino blanco recién sacada de la nevera. ¿Quiénes estaban allí aquella noche? Los recordaba: sus voces, sus nombres, sus rostros, sus pares de botas polvorientas, colocadas en fila y con los cordones colgando, en una pequeña repisa de piedra del pasillo.
La frase acerca del puma era un eslogan, o tal vez el pie de la foto de un puma encontrada en una enciclopedia, o en una revista. Alguien se había acordado de la frase al ver el cuaderno de Abram, un cuaderno cuadrado y vulgar, en cuya portada se podía ver un puma con las fauces abiertas, en actitud amenazante. El cuaderno había sido de Lisa y conservaba algunas notas de ella, pocas. El resto eran anotaciones hechas por el propio Abram y una especie de diario sin días, páginas de escritura automática tratando de llegar al fondo del pozo en el que se había convertido su memoria.
No podía recordar quién había pronunciado la frase, ni tampoco importaba mucho. La frase del puma les pertenecía a todos ellos, no tenía más dueño que el Camino. Pensaba en el Camino de Santiago y las imágenes que acudían a su mente eran: las botas colocadas en la repisa del pasillo del albergue de Azofra, el puma de su cuaderno y aquellas palabras: «No temas; solo bosteza».
Abram tuvo que destrozarse los pies en el camino para descubrir todo lo contrario. Era una idea de ida y vuelta, de doble filo: «No confíes en el bostezo del puma; en realidad, no es un bostezo. Disimula para atacarte».
Abram lo escribió en la soledad de un pueblo dormido, en una página de su cuaderno pocos días antes de quemarlo:
«Los colmillos del puma me han destrozado. No sé si bostezaba o rugía, pero mi carne es ya su alimento, puedo escuchar los sonidos glotones, el rasgar de tejidos, el crujir de mis huesos, el borboteo de mi sangre, derramándose hacia la nada.»
Cerró el cuaderno y miró la imagen del puma, se adentró en su boca, hasta que se quedó dormido.”

  • Begoña

    Es bonito que algo escrito hace tantos años se vuelva a editar, y se vuelva a corregir y ampliar dejando a los lectores la oportunidad de escoger que versión les gusta más. Enfrentarse a un texto antiguo después de tanto tiempo conlleva a verlo de otra manera. Y supongo que siempre sucede, que al corregir, uno se enfrenta a la mirada de entonces y a la mirada de ahora; y no es sencillo escoger entre las dos, a veces bloquea. Escribir es un proceso complicado.
    Saludos

  • eldeyar

    Así es, Begoña. Pero lo curioso es que al releerlo y reescribirlo (cuántos pequeños fallos, dios mío, no acabaría nunca de corregir) me daba cuenta de que para mí era una novela esencial, que no estaba escrita coyunturalmente, ni mucho menos con oportunismo. Más bien desde las tripas. Y cuando eso sucede no es tanto complicado como doloroso. Hay dolores que hay que superar para equilibrar balanzas interiores…

  • Lauren

    Habrá qué leerlo con los ojos del corazón!!

  • http://www.narayani-eraseunavez.blogspot.com Narayani

    Anoche comencé con el libro. No pasé de las primeras hojas porque me caía de sueño pero ¡me hacía tanta ilusión haberlo recibido por fin!! :-) Me muero de ganas de ponerme en serio con él. Ya sabes que en breve verás la reseña en mi blog. Te avisaré.

    Yo el Camino de Santiago lo he hecho desde Francia y es una experiencia que desde luego cambia tu vida. Gracias a él conocí a dos chicos encantadores y me reencontré con otro al que creí perder por un tiempo.

    Hablamos!

    Un beso!

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