El 30 de junio del año pasado reseñaba aquí el libro de Alfredo Gómez Cerdá, Barro de Medellín, un retrato magnífico del fenómenos cultural más asombroso de los últimos años, en todo el mundo: que media docena de macro-bibliotecas, instaladas en los barrios más conflictivos de Medellín hubieran dado la vuelta a la ciudad convirtiéndola en capital cultural de América. Estuve con Alfredo en Medellín, en aquel viaje asombroso del que nació Barro de Medellín, y me siento orgulloso de compartir con él la misma fascinación.

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Carmen Carramiñana había sido jurado del premio Aladelta, y nada más darle el premio al libro ya me había dicho que estábamos ante una preciosa novela. Y así es. Enhorabuena a Alfredo, que supo captar el orgullo de los niños de Medellín por sus bibliotecas, y ahora lleva ese sentimiento los corazones aturdidos y atiborrados de nuestros escolares para, ojalá, despertar en ellos el eco. 

Si aún no la habéis leído, a por ella.

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