El sábado salimos para los campamentos, y no vuelvo hasta el 10 de octubre. Si alguien tiene algo que decirme por mail, que espere, por favor, hasta ese día.
Todo está listo. Llevamos muchísimos kilos de material, pero mucho más peso en el corazón.
En la página del Bubisher (bubisher.com), habrá información de cómo van las cosas.
Besos y abrazos, y hasta pronto.
La vida te va retando, paso a paso, día a día. Este ha sido un verano plácido para recuperarse de mucho trabajo acumulado, pero también de muchas emociones. Y de muchos retos: seguir escribiendo sin seguir escribiendo lo mismo, por ejemplo. Afrontar la escritura como el primer día, buscando, sin la red de seguridad del propio trabajo hecho. A menudo digo que peor que plagiar, y aunque no tenga castigo legal, es copiarse a sí mismo. Pero ¿hay más caminos? Claro que sí, siempre los hay: no existe el libro perfecto, ni existirá jamás. Y huir de la moda es ante todo huir de la moda propia. El invierno pasado intentamos incluso la aventura de editar para inventarnos nuestros propios escollos, y no fue posible. ¿Tragedia? No, reto. Cuando un camino se cierra, otro se abre. Inshalláh.
Nuevos libros, nuevas ideas, nuevos caminos por descubrir.
Y el Bubisher, claro: rebelarse y volar. Lo que nació de un sueño es ya una robusta realidad. Lo que nació de mentes españolas con espíritu redentor va cobrando ya su propia esencia saharaui. Memona y Daryalha, Larossi, Mohamidi, ya son nombres saharauis vinculados al Bubisher, y son quienes le van a dar su verdadero vuelo al pájaro de la buena suerte.
Salimos seis personas pronto para allá, cada una con su cometido específico: organización, calendario, campaña, formación, biblioteconomía, arte, fotografía. Y hasta nos acompaña una productora independiente para realizar un corto con el Bubisher como hilo conductor. Excita pensar en tanto por hacer, consuela de este mundo repetitivo y cansado, extenuado: inventar la vida.
Y creer en la cultura como herramienta para cambiar la vida. El Bubisher es ante todo eso: nuestra fe en la cultura como generadora de una nueva realidad. Aprendido en el propio Sáhara, que evolucionó gracias (por ejemplo) a las generaciones de jóvenes que se formaron en los años 80 en Cuba, y que han insuflado modernidad, curiosidad, ruptura. El Bubisher aspira a ser la nueva Cuba de los Campamentos, a alentar el nacimiento de una generación de niños y jóvenes que aprendan a pensar y a ser libres, a amar sus tradiciones y amar aún más la necesidad de inventar el mundo nuevo del siglo XXI. Aprendido también en Medellín, donde (pese a lo que pesa a los escépticos), las bibliotecas y la cultura le han dado la vuelta al calcetín de la violencia y el crimen para hacer florecer a la ciudad de la mano de sus niños.
Bubisher no es sólo una palabra, es un pájaro que vuela en medio del siroco y atraviesa la hammada como un hierro al rojo, un pájaro que te está diciendo: ven a entender el desierto para comprender tu vida, ven a volar conmigo.
No es que necesitemos voluntarios, más bien al contrario: Luisa se las ve negras para meter en turnos coherentes y no masificados a todos los voluntarios que quieren venir este año a los campamentos. Pero hay sitio para todos: no sólo maestros y bibliotecarios, los más expertos, sino también todo aquel quiera retarse a sí mismo con la sola condición de amar a la cultura y al futuro presente de los niños.
Sé que mientras me lees piensas en tu vida, y te digo: será mejor si vuelas con nosotros, aunque allí no lo vayas a pasar bien: no hay cerveza ni terrazas, pero dormirás al raso bajo el cielo de estrellas, y por la mañana cada una de ellas estará guardada en las pupilas de los niños de las escuelas.
Perderemos nuestro tiempo, nuestras vacaciones: nuestro oro más rastrero. Escribiré menos, pero tal vez escriba mejor: perderás dinero, pero tal vez ganes coherencia, entendimiento, esperanza.
Rebelarse y volar, o conformarse y sestear. O reptar.
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