No es que el tiempo pase cada vez más deprisa, es que cada vez tenemos menos memoria. Es que muchas veces nos vamos acomodando, haciendo que los días sean todos iguales, los inviernos iguales, los veranos iguales. Al final, te das cuenta de que lo único que queda es lo que hacemos. Agustín Fernández Paz reunió sus mejores relatos en el libro que se llama casi así: Lo único que queda es el amor. Es lo mismo, porque lo que hacemos no es nada sin el amor con el que lo hacemos. 2008, como casi todos, ha sido un año contradictorio, lleno de momentos maravillosos y de momentos terribles. Algunos se han ido y se quedan nuestra memoria, algunos amigos han sufrido daños irreparables. Pero esos mismos amigos han tenido momentos maravillosos de vida, de amor, de libros que dan vida. Carla, Mateo, Carmen (hijos recientes de gente a la que quiero), nuevas vidas de buenos amigos, el Premio Nacional de Agustín por ese libro magnífico… Y para muchos, muchos, el Bubisher.
Me gusta esta imagen, me recuerda a Salma, la esposa de Mohammed Bujari, el nómada eterno que me manda abrazos universales desde el Tiris. Ella me susurró un día… “Lona, lonera, la casa velera…” Y en la imagen de Marina se funden ambas: la casa velera y la luna de su memoria infantil. Lo mejor del año 2008 ha sido para mí, para muchos, el nacimiento del Bubi. Decía ayer Raúl del Pozo: sólo sé que sólo valgo lo que escriba mañana. Y es verdad, para el escritor, pero también el Bubisher lo hemos escrito muchos: Manuela, los chavales del San Narciso, Ricardo, Ana Rossetti, Patxi, Txomin, Miguel Ángel, Ahmed, Antonio el Berikalla, Cristina, Joaquín, Silvia, Enrique, Luisa, Javi, Óscar (un abrazo más, Óscar), Ana Vich, Bea, Charo, Pablo, Clara, Irene, Carmen, Merche, Ana Julia, Palma, las otras nueve bibliotecarias que ficharon y cuñaron, Paco, Iñaki y Mariajo, Bahía y Conx, Limam y Sahra, las ministras Jadiya y Mariam, y todos los profesores y todos los niños saharauis que ya están aprendiendo a soñar en el Bubi: Rabap, Fati, Lamina, Kori, Naísma, Jadi…
La vida puede que sea corta, pero si la memoria es larga, si está llena, no hay brevedad alguna. El Bubisher es una memoria llena de nuevas memorias. La casa velera. De luna y de lona.
Qué paradoja. La idea que me viene de inmediato a la cabeza, al pensar en Gaza, es Gernika. Qué paradoja, al pensar en bombas sionistas cayendo sobre hospitales y parques de bomberos, sobre niños y sobre adultos, pienso en bombas nazis cayendo en el mismo instante, el del dolor, el del grito.
Picasso pintó su Gernika, lo pintaría de nuevo ahora. No nos cabe ninguna duda.
Antonio García Teijeiro, el poeta gallego, nos manda este enlace, en el que podemos ver el Gernika en tres dimensiones: las tres dimensiones del espanto. Es un trabajo de una fotógrafa neoyorquina, Lena Gieseke.
La música, cello y guitarra, de Manuel de Falla.
Magnífico en su terribilidad. Al verlo una y otra vez pienso: refundemos la ONU, sin vetos, operativa, libre y justa, por la justicia y la libertad de un mundo sin fronteras.
http://www.lena-gieseke.com/guernica/movie.html
Esta imagen es una foto de Inés, que con menos de 20 años en su carnet, demuestra tener una mirada madura y crítica. Me recuerda lo que un día escribió Palma Aparicio, y que ya cité en el artículo “Literatura y compromiso”, pero que me sigue pareciendo una reflexión para la preocupación:
“Cuando el otro era un otro distante en el tiempo y en el espacio, se le veía como alguien exótico, como un personaje de novela legendaria, formaba parte de nuestra fantasía y por lo tanto era entrañable y próximo. Ahora que se ha convertido en nuestro vecino de puerta, que es de carne y hueso, y huele a pobreza, o trae consigo una cultura que no comprendo, o pretende competir conmigo… ahora que está tan cerca, es cuando verdaderamente se está alejando. Y sólo porque nos da miedo. Como nos da miedo crecer.”
Este es el verdadero pie de la foto de Inés. Que, aunque parezca antigua, está tomada en Barcelona el año 2008. Una foto que me hace sentir, reflexionar. Una foto para preguntarnos todos por el sentido de lo que hacemos cada día.
(haz click para ampliar la foto)
A todos los bubisheros, los que estuvisteis en el origen y estáis en el ahora. A Óscar, antes que a ninguno, que en estos momentos se enfrenta a uno de los momentos más duros de su vida, con el deseo de que la vida y la suerte te acompañen. A Javi, que se ha quedado solo allí, pero no solo, lleno de emociones y rodeado de niños y cariño. A todos los bubisheros que serán, a todos los que aceptéis nuestra invitación para venir a leer al desierto. A Clara, que nos ha regalado esta preciosa imagen del Bubi bajo “el nuyum”, durmiendo feliz en las arenas del 27 de Febrero. A Ahmed El Rubio y a su dulce esposa que nos acogen en su casa. A las ministras saharauis que han sentido el viento de nuestra iniciativa y la han convertido en suya. A Ana Vich que ha regresado feliz y cargada de ideas e iniciativas para mejorar el trabajo del Bubi. A Luisa, que coordina y dirige desde Vigo. A Enrique, que hace posible esta página. A los niños del San Narciso de Marín que parieron esta maravillosa idea. A Ricardo, que bautizó con un nombre tan hermoso a nuestro Bus. Al “berikalla” Pomares, sin el cual este bus habría varado en el fondo del viejo mar del Sáhara. A Cristina, que inauguró los viajes del Bubi al corazón de las madrasas y de los corazones saharauis más jóvenes. A todos esos niños que sacuden las hojas de los libros por si de ellas caen sueños. A todos los que leéis este blog y os preguntáis por qué no. A todos. Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo, Feliz Felicidad. Y que el Bubisher nos siga trayendo “ajbar eljer”.
El pasado mes de Mayo, Carlo Frabetti, escritor ahora, matemático desde su nacimiento, publicó en el diario Público una columna en su sección, “El Juego de la Ciencia”. Su título, “Recóndita Armonía”: una reflexión sobre las pautas físicas y su correspondencia con las pautas artísticas, conscientes o inconscientes. Partía de un cuadro de Rubens particularmente notable, pero podía haber partido de muchos otros ejemplos, la mayoría cotidianos y por tanto casi invisibles. Por ejemplo, un día viajas en coche y en la radio escuchas una pieza de música clásica que nunca antes has oído; conduces, tienes tu atención en otras cosas, pero sin querer tarareas, y de pronto te das cuenta de que, pese a ignorar qué pieza es la que escuchas y tarareas, te adelantas a las notas, que caen desde tu mente y desde la radio prácticamente idénticas: ta has convertido en compositor, sigues el mismo camino que muchos antes recorrió, por ejemplo, Antonio Vivaldi.
Lo delicioso es que esta columna, aparentemente intrascendente, suscitó… ¡720 comentarios! Y qué comentarios, qué riqueza, qué derivaciones magníficas de lectores anónimos. Suficiente para llenar un libro apasionante, lleno de variaciones sorprendentes, a cuál más rica.
Toda una lección para los pretenciosos, para los que buscan el éxito halagando al lector, buscando desesperadamente golpes de efecto y fórmulas mil veces usadas. Carlo no buscó nada de eso, sino la reflexión fértil, y consiguió que el rocío se convirtiera en arroyo, el arroyo en río y el río en océano.
Este fue el origen:
“En 1630, Rubens, que a la sazón era un viudo de 53 años, se casó en segundas nupcias con una jovencita de 16. Poco después pintó El Jardín del Amor, un imponente lienzo de unos dos metros de alto por tres de ancho en el que un grupo de damas y caballeros lujosamente ataviados, rodeados de sonrosados angelotes, componen una bucólica escena de felicidad conyugal. Hay algo turbador en el cuadro, pues todos los caballeros se parecen al propio Rubens y todas las damas tienen las facciones de su joven esposa, como si de una fiesta de clones se tratara. Y hay otro detalle que en su día me llamó poderosamente la atención (hasta el punto de dedicarle una novela) y que nunca ha dejado de intrigarme: las cabezas de las siete damas parecen dispuestas como notas en una partitura. Y no solo lo parecen, como comprobé a partir de una reproducción del cuadro, sino que encajan perfectamente en un pentagrama y forman una armoniosa secuencia de notas (si-fa fa-si-si si-la) que, al tocarla en un teclado, me recordó inmediatamente a Vivaldi.
No he podido comprobar si esa secuencia aparece en alguna de las obras de Vivaldi (compuso más de 500 conciertos, así que sería como buscar una aguja en un pajar). ¿Pudo el maestro veneciano inspirarse en la melodía oculta en el cuadro de Rubens? ¿Pueden los músicos, de forma consciente o inconsciente, reproducir en sus composiciones pautas pictóricas? ¿O existen pautas previas que tanto los músicos como los pintores adoptan y adaptan sin darse cuenta?
En la antigua China llamaban ‘li’ al estudio de los diseños recurrentes que la naturaleza repite en los lugares más insospechados, y que a pesar de su aparente desconexión responden a mecanismos estructurantes similares. A primera vista puede sorprendernos que la disposición de los nervios de una hoja se parezca al diagrama de nuestro aparato circulatorio, pero la semejanza no es nada misteriosa, puesto que ambos sistemas optimizan la distribución de fluidos en el interior de sendos organismos simétricos.
¿Es trasplantable el concepto de ‘li’ al terreno del arte? Peter Rubens y Antonio Vivaldi fueron casi contemporáneos, y entre ellos se dieron notables coincidencias: ambos murieron a los 63 años, fueron sumamente prolíficos y vitales hasta el final, y los dos se enamoraron de sendas jovencitas que podrían haber sido sus nietas. A Vivaldi lo llamaban il Prete Rosso. Una simple metátesis convierte Peter en Prete, y Rubens significa rojo. In nomen omen (el nombre marca el destino), dice un antiguo proverbio latino.”
Y ahora, si quieres pasar una hora apasionante, o cuantas quieras, visita el blog para leer los 720 comentarios en http://blogs.publico.es/ciencias/
Ya ha regresado la primera expedición de los campamentos, y hemos dejado el Bubisher en manos del Ministerio de Educación de la RASD y del Proyecto de Didáctica de la Lengua Castellana. Los primeros voluntarios, Ana Vich, Oscar García Montilla y Javier Casona, empiezan a trabajar el día 13 en la wilaya de Ausserd.
Para más información, visita la página bubisher.com
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