El proyecto del Bubisher se sigue concretando.

A TODOS LOS VOLUNTARIOS que estáis escribiendo, o bien aquí o bien en el correo: estamos anotando todos los nombres y direcciones, y os informaremos aquí y en correo privado cuando llegue el momento. Repito que, de momento, aún no conocemos la fecha exacta de salida del Bubisher hacia los campamentos, ni en qué wilaya se radicará. Y que la forma de colaboración de cada voluntario será totalmente flexible, de acuerdo con su tiempo disponible, especialidad, gustos personales y cualquier otra.

Y a todos, gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo más importante, claro: ya tenemos respuestas positivas y entusiasmadas de la mayoría de las editoriales a las que les hemos solicitado los libros del plan lector elaborado por Carmen Carramiñana y Merche Caballud: SM, Edelvives, Anaya, Kalandraka, Kókinos… Faltan aún algunas, pero más del 70% del plan está solucionado. Si quedara algún libro sin donar, pediríamos el curso que viene que los colegios que quieran se sumen a nuestra Fiesta del Libro aportando esos ejemplares.

El Bubisher saldrá en octubre de Alicante, aunque aún no hemos decidido en qué caravana lo hará. Está la que lleva la Universidad de Alicante, pero hemos entrado en contacto con 4×4 Solidario, que en el mismo mes llevará su propia caravana, y que nos ofrece que el bibliobús se integre en su propio programa de Bibliotecas Nómadas, que se van a instalar en los principales campamentos. Quien quiera saber más de 4×4solidario.com, que teclee esa dirección de blogspot, y veréis qué maravilla.

Por otra parte, pero no menos importante, la Asociación de Profesionales de Bibliotecas Móviles, que tiene su web en la dirección bibliobuses.com, ha nombrado al Bubisher Bibliobúes del mes de agosto. Lo podéis ver en la misma página. Para nosotros es un gran orgullo, pero algo más: una puerta abierta a la colaboración con ellos, que saben de esto muchísimo más que nosotros.

En esa misma página veréis que ya se puede hablar de necesidad de voluntarios. Hay que repetir, una vez más, que no hará falta ningún requisito especial para ir con el Bubisher los días que se quieran, ciñéndose a su calendario de visitas a colegios, pero haciendo la animación lectora cada uno desde sus capacidades y con su propio método. Creemos que es estupendo para maestros, profesores, pwero también para cualquiera que ame a los libros, que entienda la necesidad de la lectura y la cultura, y que tenga aprecio por el pueblo saharaui.

También seguimos necesitando alguien que desde aquí, con un ordenador, coordine a los posibles voluntarios, la reposición de libros, los nuevos envíos, la posibilidad de equipar otros bibliobuses… En fin, el día a día y el futuro del Bubisher. Esta persona no tiene que reunir ningún requisito especial, salvo capacidad de trabajo y organización. Sabemos que pedimos mucho, pero también que esa persona aparecerá cuando menos lo esperemos.

El Bubisher saldrá de Alicante, pero pensamos en hacer una rueda de prensa en Madrid, para presentarlo a los medios si es posible delante del Instituto Cervantes, para recordar al gobierno que esta iniciativa quiere paliar el abandono cultural (por no hablar del político) que practican hacia el pueblo saharaui, condicionados por la política exterior, y permanentemente chantajeados por la autocracia marroquí.

Y, de momento, nada más, salvo mucho trabajo y mucho, muchísimo entusiasmo por parte de todos.

Que un viajero escritor, o un escritor viajero, como Javier Reverte le dedique un artículo a un libro mío, es un orgullo. Pero que en ese artículo se acerque tanto a lo que yo quería provocar con “Tuva” me parece ya un privilegio. Lo traigo aquí porque el artículo no es laudatorio, sino todo lo contrario: está escrito desde la duda, porque al revés de los adolescentes que al leerlo creen que se trata de una fantasía, un país inventado, Reverte sabe muy bien que hablo de un país real, que el viaje fue real, que los pequeños descubrimientos antropológicos fueron reales, y precisamente por eso muestra su desconcierto más sincero, al ver que no lo he querido contar como tal investigación, sino como novela. 

Sabía que asumía tal riesgo, que el libro no fuera ni novela ni libro de viajes, y por otra parte sentía que perdía la oportunidad de seguir en la senda de los libros de viajes, después de La Zancada del Deyar. Pero sabía que un libro de viajes es leído por unos poco cientos, tal vez miles, de convencidos de la belleza del viaje, mientras que con la novela, editada en una editorial juvenil de prestigio, Edelvives, me dirijo a muchos miles de jóvenes, a los que quiero curiosos, valientes, recorriendo los caminos del mundo, “leyendo con los pies”, sabiendo que este mundo no es tan pequeño como nos dicen, que hay otras culturas, otras formas de vivir, caminos aún abiertos para el hombre. Por eso traigo aquí el artículo de Javier Reverte, publicado este mes de julio en la revista Viajar. Con mi agradecimiento, y con el pulso en marcha.

UN LUGAR LLAMADO TUVA

   Es extraño el último libro de viajes, por llamarlo así, que acabo de leer. Se llama “Tuva” y lo firma Gonzalo Moure. Digo de viajes porque el paisaje es viajero e, incluso, exótico. Pero en realidad el libro es una novela que evoca un paisaje lejano, que podría parecernos en buena medida imaginario, y se sitúa en el ámbito de un territorio que, en el libro, a veces te parece irreal y que, sin embargo, figura en los mapas. Moure ha enfocado la literatura viajera, en este trabajo, de una manera muy personal, diferente y, por supuesto, insólita. Todos los que amamos viajar sabemos que, a menudo, los lugares tan sólo podemos mirarlos poéticamente, desde nuestro interior hacia el exterior, y o al revés. Hay paisajes que nos impresionan por su magnificencia, pero otros nos crecen en el alma por razones, con frecuencia imprecisas. Eso es lo que yo creo que ha hecho llevado al autor de “Tuva” del que  hablo. Y para ello, ha escogido el lenguaje de la ficción en lugar de apostar por la crónica, quizás porque no tenía otra forma de acercarse a su memoria viajera.

   Tuva existe, pese a todo. Antiguo territorio de la extinta Unión Soviética (URSS),  y hoy república autónoma asociada a la Federación de Rusia, es un territorio vecino de la inmensa Mongolia, y en muchos aspectos emparentado con ella, de una extensión unas tres veces más pequeña que la de España. Lo habitan poco más de trescientas mil personas y una parte de su población son todavía gentes nómadas, buenos criadores y domadores, sobre todo, de caballos. La geografía tuvana contiene enormes cordilleras y extensos valles y su principal producción es agrícola.

   Moure, sin duda, se ha enamorado de este remoto y desconocido país y la manera de expresar su amor no ha sido otra que construir la historia de un muchacho español, llamado Marcos, que viaja al país con un extraño: encontrar una viejo rito único en el mundo, dar con hombres que doman a su caballos por el procedimiento de cantarles. Los jóvenes amigos tuvanos de Marcos, el bravo Aydemir y la bella Aneyhaak, en un largo viaje a caballo en busca de un potro robado a Aydemir por unos cuatreros, le ayudan a encontrar lo que busca y Marcos alcanza a madurar y convertirse en un hombre distinto al que salió de España.

   La pasión que el autor del libro siente por Tuva ya se había mostrado meses antes en un libro juvenil, publicado en Sevilla, al que Moue llamó “Soy un caballo”. Este otro, “Tuva”, dado a la luz por una editora zaragozana, bien podría ser un homenaje parecido al del libro anterior, pero contado para lectores de mayor edad. En el libro, Moure nos dibuja los paisajes de un territorio todavía  hostil, poco hollado por el hombre, en donde el vigor de la Naturaleza no ha sido todavía domeñado por la fuerzas de los brazos humanos. Quién sabe si porque allí no hay petróleo… Da gusto leer libros del presente en donde todavía se escuchan los aullidos de los lobos y las pisadas de las manadas de mamíferos salvajes, en donde se cabalga libremente junto al curso de ríos indómitos.

   De modo que Moure nos ofrece una mueva forma de concebir la literatura viajera. No ya sólo como la crónica de un viaje real, sino también como la expresión de un viaje imaginario.   A la postre, uno puede preguntarse siempre si no existe debajo de lo real mucho de ficción y si la ficción no es, en su sustancia, nada más que una forma de organizar lo real para poder digerirlo y comprenderlo en toda su  hondura.

   Con los viajes nos sucede algo parecido: Al viajar ¿paseamos un sueño, como decía mi amigo Manu Leguineche?. Tal vez sea el propio sueño quien nos pasea a nosotros.

 

JAVIER REVERTE.

LELIA

9 de Julio, 2008 | En Noticias | 8 Comentarios

Hace ya algunos años me escribió Lelia desde Bariloche, en la lejana Patagonia. Había leído un libro firmado por mí, ya no recuerdo bien cuál, y quería compartir conmigo lo que había sentido. Poco a poco fuimos conociéndonos. Lelia trabajaba en los barrios más populares de Bariloche enseñando a los niños. Y tenía un precioso programa de radio en el que contaba cuentos, llevados por los incesantes vientos patagónicos desde San Carlos hasta Neuquén. La nuestra fue una amistad de las que pesan en la vida, de las que marcan. No nos vimos nunca, porque estábamos lejos, pero si la enfermedad no nos lo hubiera impedido teníamos previsto que fuera mi guía por la Patagonia, en un avioncito casi familiar, yendo de rancho en rancho, de escuela en escuela, de descubrimiento en descubrimiento. Nuestros caminos estuvieron a punto de cruzarse dos o tres veces: en Buenos Aires, en Ecuador, en las Ferias del Libro a las que le gustaba acudir como experta. No lo conseguimos. Desde hace un duro y largo tiempo ella ha luchado como sólo saben luchar los que confían en el hombre, los que tienen en su frente las verdades del pueblo. Me acuerdo del gozo con el que hablaba Lelia de “Diarios de motocicleta”, de tantos libros compartidos. Me gustaba hacer un paquete, poner Lelia Martínez, y después Güemes…, y saber que una semana después tendría un mail en la bandeja con un enorme “¡¡Llegó!!”. 

Hace cinco días, al volver de Costa Rica, le puse un mail: cómo está mi princesa patagónica. Ojalá que lo leyera, pero me temo que no. Hoy me han escrito sus hijos Hernán y Martín para decirme que Lelia falleció el día siguiente, un día de doble luto para mí, para la Patagonia y sus escuelas de hombres y mujeres del futuro. Por suerte, su voz está grabada, y se seguirá escuchando en las ondas. Yo la escuché también una vez, en un CD que ahora no encuentro, claro. Da igual, ya suena por las estrellas, hacia las que salgo ahora mismo, para darle un beso de enamorado. Lelia, ya te extraño. Cúidanos mucho.

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Vengo de Centroamérica. De Costa Rica. De la que sabía poco: que era el único país grande sin ejército, que dedicaba lo que tendría que dedicar a tanques y cañones a escuelas y bibliotecas. Que es un destino turístico. Que sus habitantes se dicen ticos.

Y que había una Feria del Libro, claro. A la que me habían invitado para hablar de Literatura Infantil y Juvenil. El Ministerio de Cultura organizaba el viaje, bajo la batuta de Rogelio Blanco, y con el trabajo incansable de Xose Areses, de Teresa, de Gloria, de Isabel, de Pepa, de Amaya. Y le hicieron un hueco a la LIJ entre gente con tanto nombre como Luis Landero, Moncho Alpuente, Juan Bonilla, Carmina Labrador, Ignacio Martínez de Pisón, Ramón Irigoyen, Luis del Val, Ramón Pernas, Miguel Anxo Fernán-Vello y, sobre todo, sobre todos nosotros, Marcos Ana.

Leí por primera vez los poemas carcelarios de Marcos Ana en la cárcel de Carabanchel, en el año 1971. Estábamos en pleno estado de excepción y en Burgos sonaban clarines de muerte. La poesía de Marcos Ana era un mito para los presos políticos, porque había salido de su pluma clandestina en papel de fumar, en insólitos camuflajes, precisamente desde Burgos, una y dos décadas antes. Dos veces condenado a muerte, salió en 1961 de la cárcel gracias a la presión internacional. Desde entonces fue un embajador de la otra España, la silenciada y encarcelada, por todo el mundo. Se resistía a escribir sus memorias, hasta que hace poco se decidió. Y lo hizo magníficamente: “Decidme cómo es un árbol”, es su título.

 

Decidme cómo es un árbol,

decidme el canto del río

cuando se cubre de pájaros.

Habladme del mar, habladme

del olor ancho del campo,

de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte

sin cerradura y sin llaves,

como la choza de un pobre.

Decidme cómo es el beso

de una mujer. Dadme el nombre

del amor, no lo recuerdo…

 

Unas memorias llenas de frío y de rejas, de muerte pero también de vida. Unas memorias sin odio, sin revancha, engarzadas con ternura y humildad, casi perplejidad. Las memorias de un preso que entró en la cárcel casi niño y salió joven eterno.

Y San José de Costa Rica acudió a su reclamo, asombrada por tanta vida vivida pese al mordisco de 23 años que le dio la cárcel. Seguramente el punto más alto, el volcán de la feria internacional del libro de Costa Rica, en la que si España era el país invitado, Marcos Ana fue el mejor ejemplo de que España es otra ya. Ahora sólo queda esperar la película que Pedro Almodóvar comenzará a rodar a finales de este año, basada en sus memorias, en las nuestras, en la Memoria Histórica.

 

Costa Rica late. Es verdad que su latido no puede ser tan fuerte como el de Colombia, la torturada, la convulsionada. Su evolución es más dulce y constante, pero reluce en Centroamérica, y no sólo por sus volcanes. Sus cifras de educación y bibliotecas son pura desproporción en la geografía del subdesarrollo. Pero lo importante de todo país no es su paisaje, sino sus paisanos. He conocido a muchos en este viaje, he tenido la suerte de compartir mesa con Carlos Rubio y Mabel Morvillo, ambos excelentes escritores de LIJ y de conocer a maravillosa gente, como Ani Brenes, Sandy, Gloria Macaya, Luis Enrique Arce y otros a los que seguramente olvido y pido perdón. Y la enorme suerte de haber compartido más de un acto y más de una conversación con Minor Arias, un poeta. Un poeta de cuerpo entero. Algún día leeré su propia historia, que arranca de la vida de su abuela, un personaje desmesurado y magnífico, digno de la mejor literatura latinoamericana, que se prolonga en la infancia en la pura selva, aprendiendo a matar serpientes con el machete, y que después se alarga en una peripecia vital apasionante. Con una extraña paradoja que guardo para mí y para su libro, que algún día llegará.

De momento nos basta su poesía. “Mi abuelo volaba sobre robles amarillos”, “Canción de lunas para un duende”, son algunos de sus poemarios. Y estos algunos de sus versos:

 

“Ahora duerma, abuelo,


condúzcame en su viaje hacia las mariposas.

Mire el río, me dijo usted,
ahí nace toda la música.


Después cayó la hoja amarilla como un hilo.

Somos padres y madres de nuestro regreso.

Habremos de tejer las bondades del agua
para reencontrarnos.


Eso hablamos aquella tarde de inciensos

cuando pasó la iguana verde.

Los congos aullaron al escuchar nuestro canto,


y chocamos manos en el aire


entre anchas carcajadas.

Huele a selva baja,
se escucha, leve, el silbido del trópico,


 

Avíseme cuando llegue una danta, abuelo.”

 En la foto, dos poetas: Marcos Ana y Minor Arias

 

Toda América despierta. En menos de un año he tenido la suerte de conocer parte de Ecuador, Colombia y Costa Rica. En América el corazón bombea sangre nueva. Mucha se desborda y llega hasta nuestras falaces fronteras, pero el mayor caudal fluye por los cauces de sus ríos, caminos y carreteras. E inunda escuelas y bibliotecas.

Como los niños de esta foto, el pasado viernes, en el edificio de la aduana. Yo les miraba con mis ojos. Minor les miró con su cámara. Quietud en movimiento. Costa Rica, futuro, gente pequeña y tica.


 

 

 

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Recibo esta carta de Leticia Secall, una de las fundadoras de “Cultura Indígena”, ONG de la que somos ya muchos socios, y que está llevando cultura, educación y libros a los guatemaltecos. Una preciosa iniciativa a la que os invito también. Podéis visitar su web para haceros una idea. Y a quien se quiera unir sólo se le piden 50 euros al año. Sé que tenemos muchas venas abiertas, pero ésta es de las que merecen la pena, y con las que uno se siente seguro de que la sangre llega así, directa, de vena a vena. Anímate.

Y esta es la carta de Leticia, directa a nuestros corazones.

“Hago un toc-toc a vuestra generosidad y os invito a visitar la nueva página de la ONG “Cultura Indígena Principado de Asturias” de la que soy miembro  www.culturaindigenasturias.com <http://www.culturaindigenasturias.com>
Muchos de vosotros ya conocéis parte de la labor que estamos desarrollando en Guatemala, pero ahora podéis obtener información más detallada de los pasos que ya se han dado y de los proyectos de futuro.
Algunos os encontraréis pinchando en algún que otro enlace, pues adquirísteis en su día el compromiso de apoyarnos según vuestras posibilidades o virtudes profesionales, y ahí queda reflejado.

Os pido, por favor, que me ayudéis a extender esta iniciativa solidaria, pues la mayor parte de las convocatorias a las que presentamos proyectos para conseguir subvenciones consideran prioritario, entre sus criterios de selección, el número de socios que hay detrás apoyando.
Sé que muchos tenéis la intención de sumaros a la lista de colaboradores desde hace tiempo. Quizá ahora sea buen momento, ya que desde la propia página, en la sección de Colabora
, podéis cubrir on-line el formulario de alta de socio (solo 50 euros al año). Y si vosotros no podéis en esta ocasión, tal vez conozcáis a alguien con posibilidad de ayudar.

Os anticipo las gracias en nombre de los indígenas guatemaltecos, y de mí recibid un gran abrazo solidario.”

 

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