Mientras toda España se emociona con la selección (y yo también), salen a la calle dos libros que me emocionan por igual.

El primero de ellos llevaba ya un par de años esperando, y por fin llega: La conspiración de los espejos, de Ricardo Gómez, una novela más que adulta, llena de inteligencia y, como no, de matemáticas, la segunda pasión de Ricardo. Tuve el privilegio de leerlo en borrador, viviendo la locura de Patricio Virseda, y me perdí por los vericuetos del teorema de Fermat, confiando ciegamente tanto en el pulso narrativo como en el matemático de Ricardo. Una novela que remite a los más grandes de los escritores que han combinado ambos campos, y en ocasiones también al cine, como la inolvidable película “π”. Y a otras novelas alejadas de las matemáticas, pero que reflejan recreaciones paranoicas del mundo tan increíbles como la de Ignatius en otra conspiración, la de “los necios”.


La de los espejos te lleva sin respirar por los recovecos de la ciudad y el cerebro, reflejando tanto la realidad como la metarrealidad que cada ser humano crea en su interior.

La novela ha sido editada por “La otra orilla”, sello editorial del grupo Norma.

BARRO DE MEDELLÍN, DE ALFREDO GÓMEZ CERDÁ

Y va de “gómeces”, esta vez Alfredo, que ha sacado un maravilloso fruto de la visita a Medellín, de la que tanto se ha hablado en esta web. Barro de Medellín ha sido premio Ala Delta de este año, y está dedicada a la inolvidable bibliotecóloga Marcela. Porque ella simboliza, con todos sus compañeros de la Fundación Sierra i Fabra, lo que quiere expresar la novela: que una ciudad, la más violenta del mundo antes, fue revolucionada por algo tan simple como maravilloso: las bibliotecas. Una en especial, la Biblioteca España, está enclavada en el Barrio de Santo Domingo Savio, un barrio que antes era tan peligroso como el corazón de las tinieblas, y que ahora rodea con orgullo y pasión al parque biblioteca. 

Camilo ha visto crecer a la biblioteca en un lugar inverosímil, asomada al vacío. Y de sus paredes nace un edificio mucho más modesto, hijo de la cultura y la esperanza…

En fin, un placer ver que en tiempos de crisis y desconcierto sobre el futuro, los estantes de librerías y bibliotecas siguen llenándose de nuevos argumentos para creer en la más misteriosa criatura de la Tierra: el hombre. 

 

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UNA DE LIBROS

Ya está en las librerías “El árbol paraíso”, la tercera parte de la trilogía de Carlo Frabetti que se inició con “El libro infierno” y continuó con “El cuarto purgatorio”. Y puede que haya un Limbo, ahora que en Roma dicen que no existe tal cosa… Sólo por fastidiar.

Carlo en estado puro. Para quienes disfrutan con sus libros infantiles y sus metapersonajes, para quienes se sintieron fascinados por su “Ciudad Rosa y Roja” y “Los jardines cifrados”, y para quien aprendiera tanto como yo aprendí con “La amistad desnuda”, el libro imprescindible para sellar una amistad.

La inteligencia es Carlo Frabetti es la inteligencia es Carlo Frabetti es la inteligencia…

Todos en Lengua de Trapo, que no sería lo mismo sin su aportación.

 

 

UNA DE ARTE

Fernando Martín Godoy ha ganado el Premio de Pintura de Castilla La Mancha con un inmenso cuadro, en los dos sentidos de la palabra, que los visitantes de Arco pudieron ver hace unos meses. Figuración al borde de la abstracción, color visto a través de la ausencia de color, Luz y su misterio.

El premio es una bendita beca para que Fernando siga evolucionando, buscando y encontrando. Uno de los más interesantes e innovadores entre los jóvenes pintores de su perpleja generación.

Y LA TERCERA, TAMBIÉN DE VIDA, ES DE MÁS VIDA

Ha nacido en Girona Waskyr, hijo de Wallrad y Canta. Ante los ojos húmedos de Alex, una criadora de caballos Haflinger que cree también en la palabra, que escribe maravillosas historias siempre cerca de sus establos.

Tres noticias, tres amigos, tres tragos de vida.

 

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Ayer, 11 de junio, viví una experiencia memorable con cuatro colegios públicos de los cuatro puntos cardinales: Vilanova i la Geltrú, Azuqueca de Henares, Leganés y A Coruña. Un grupo de colegios cuyos responsables se conocieron en unas jornadas de la Fundación G.S.R. y decidieron explorar nuevos caminos educativos, aprovechando las nuevas teconologías.

Tuve la suerte de ser invitado a compartir con todos sus alumnos, que habían leído Palabras de Caramelo, una mañana de videoconferencia conjunta. Ya había hecho algunas previamente, y junto a Ricardo Gómez preconizamos este tipo de visita a los colegios, mucho más práctica y no menos interesante que las visitas presenciales. Pero esta era la primera a cinco bandas, y eso la hacía mucho más excitante.

Pagamos el peaje de todo pionero, claro, y como ironizo en el título, tuvimos más de un problema. Y es que, en efecto, el ancho de banda es todavía de camino medieval, mientras que todo lo que queríamos hacer era más bien de Una Odisea del Espacio. O del ciberespacio. Sufrió más que nadie el colegio de Leganés, que tuvo que desconectar para que la nave no se perdiera en el ciberespacio. Pero haremos nuestra propia navegación, si ellos quieren.

Quisiera escribir aquí una carta a todos los participantes. Porque juntos innovamos, porque juntos exploramos nuevos terrenos. Y al mismo tiempo hicimos algo tan simple, tan de siempre, como juntarnos alrededor de un fuego a contarnos historias. Un fuego de silicio y bits, en lugar de leños y astillas, pero un fuego al fin. Y fue precioso. Creo que nuestra experiencia de ayer entró de lleno en una nueva época que tenemos que ser capaces de inaugurar: la era del ahorro y de la solidaridad. No podemos socorrer, tenemos que aprender a compartir. Nuestro viaje de ayer fue como ir en bicicleta en lugar de ir en coche. No gastamos un litro de gasolina, no pasamos una sola noche en un hotel. Pero hicimos nuestra reunión, y avanzamos en nuestros caminos cerca de la literatura. Nosotros, escritores y profesores, pertenecemos a unas generaciones privilegiadas: desde que nacimos no hicimos otra cosa que mejorar, vimos cómo nuestras casas se llenaban de comodidades, cómo aumentaba el tiempo libre y la cifra de nuestras ganancias por el trabajo. Vosotros formáis parte de una generación que ya está viviendo un fenómeno nuevo: mejora la tecnología, pero se reduce el tiempo libre (Europa quiere 65 horas semanales, preparáos), se reducen los salarios (se ha incorporado al trabajo la primera generación de jóvenes que ganan menos que sus padres a su edad), y aumenta la inseguridad de todo tipo. Eso es, pues, lo que hicimos ayer: aprender a optimizar, a no consumir por consumir. No hay filósofos ni pensadores que nos digan cómo tendremos que afrontar la crisis en la que ya estamos, de modo que tendréis que ser vosotros mismos los que vayáis aprendiendo: como ayer, a base de errores y aciertos.

Y Kori, claro, y su amigo Caramelo. Me alegro de que eligiérais este libro, porque nos permitió hablar de lo mismo que decía antes: es posible ser feliz a pesar de tener poco, se puede ser inmensamente feliz teniendo inmensamente poco, viviendo en una situación de injusticia y necesidad. El ser humano no necesita tanto. No hay posibilidad alguna de que africanos y asiáticos se vuelvan tan locos por el consumo como nosotros. Con nuestras limosnas no podrían tener y comer tanto como nosotros, nunca. Luego tendremos que curarnos de esa locura.

Si hay algo que me gusta de mi propio libro es cómo surge la poesía del desierto más duro de África: la poesía, la música, la sonrisa, la lucha, todo eso no os lo podrá quitar nadie. Y me preguntásteis cómo ayudar, y os dije lo que ahora os repito: no dando limosna, como los chicos y chicas del San Narciso de Marín: privándose de un paquete de pipas para que los chicos y chicas saharauis lean: compartiendo, no haciendo caridad.

Mejor que alguien lea diez páginas gracias a ti que comerte un paquete de ganchitos. Mejor ir a ver a un amigo que llamarle por el móvil, mejor ir en bicicleta que ir en coche. Mejor charlar con ese amigo que pelearte por el turno de la videoconsola. Mejor contemplar la luna que aburrirte frente a la pantalla. Mejor bañarte en el río o en el mar que llenar la bañera. Mejor ser un buen amigo que tener un gran coche. Mejor enamorarse que tener un gran chalet. Mejor sentir que envidiar lo que otros sienten.

Como yo os siento ya, pese a la distancia, pese a que nuestra conexión fuera más difícil que la de las naves espaciales: amigos, alguien con compartir los sueños, la vida.

Gracias a vosotros, gracias a vuestros profesores. Sigamos.

Ya hace un década algunos escritores lanzamos un manifiesto contra la invisibilidad de la LIJ. Y conseguimos un apoyo impensable para aquellos tiempos en los que Internet aún balbuceaba: más de quinientas firmas en el estado español y Latinoamérica, y todas de un gran valor. La intención era conseguir orientación para los que luchamos por escribir mejor, y también un cierto reconocimiento social para una literatura que se supone que tiene que ser seminal, creadora de generaciones de lectores. No podíamos sospechar entonces que el manifiesto no encontraría eco donde pensábamos, sino en sectores conservadores que al parecer tratan de emular la paranoica censura norteamericana, que apoyada en jueces de algunos estados logra la prohibición de novelas de Mark Twain, los hermanos Grimm o Maurice Sendak, por razones tan absurdas como pacatas o simplemente reaccionarias.

Aquí se ha abierto la veda contra la literatura comprometida, y si bien nuestro estado de derecho hace imposible las prohibiciones, cada vez son más insistentes las voces que desde alguna cadena de radio y periódicos de la misma ideología tratan de estigmatizar el compromiso, tildándolo de comercial. Todavía resuena la voz de un locutor nocturno que se escandalizaba de que se le dieran premios a “libros que hablan de moros, gitanos y subnormales”, cuando una voz escrita va más lejos para decir que se trata de una campaña de editoriales y escritores buscando la comercialidad. Es curioso, porque coincide prácticamente en el tiempo con un amplio estudio sobre la Literatura Juvenil de un periódico presuntamente progresista, en el que sólo se habla de libros-saga con magos, ejércitos oscuros, criptas embrujadas y brujas encriptadas. Ni una referencia siquiera a ese supuesto “compromiso comercial”. Y es lógico, al fin y al cabo, porque los grandes negocios se hacen hoy desde las editoriales a base de libros que nada tienen que ver con “moros, gitanos y subnormales”, sino más bien con la fantasía más asexuada y menos ideológica, menos capaz de generar verdaderos lectores. Un editor, entrevistado en el citado amplio estudio, se preguntaba, precisamente, si la culpa de que los jóvenes no sigan leyendo después de que en la infancia 8 de cada 10 se confesaran lectores, no la tendrían las lecturas light que no les preparan para discursos más complejos. Era la única voz discordante en medio de un jardín de complacencias.

En el número 79-80 de 2006-2007, la revista Peonza dedicaba sus páginas a analizar el compromiso en la LIJ. Quien quiera profundizar puede pedir el número a la propia revista Peonza en el 942375717, o leerlo en esta dirección: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01350553157795500200680/index.htm. En esta web se puede leer el artículo con el que contribuí a ese monográfico, “Una norma nueva y terrible”. En otro de los artículos, Ricardo Gómez afirmaba que no hay más compromiso que con la literatura, que ese es el verdadero compromiso del escritor. Y tiene razón: lo demás es secundario: fantasía, aventura, acción, misterio, miedo, humor, ciencia-ficción, realismo… Y en ese amplio espectro, ¿quién puede decidir por el escritor, quién puede impedirle que aborde tal o cuál tema? En Estados Unidos es fácil: un juez puede dictar una sentencia que impida que los niños lean un libro determinado. En China también. En todas las dictaduras, tengan el color que tengan. ¿Y aquí? Nadie. Esa es nuestra conquista más preciada, una conquista que exigió décadas de lucha oscura, muertes y torturas, y por fin algo mucho más grande todavía: perdón. Que no significa olvido, ni mucho menos ausencia de memoria. Recordar para no volver a perder la libertad.

 

La misma voz tronante de la radio trató de impedir un día que se publicara una novela histórica en una colección juvenil ¡porque el papel de España en la conquista de América quedaba malparado! “De Isabel y Fernando, el espíritu impera”, decía una vieja canción de la dictadura, y su eco aún no se ha extinguido. La otra voz, la impresa, carga ahora contra algunas editoriales por publicar libros con eso, con “moros, gitanos y subnormales”: es decir, con otras culturas, con ecos críticos de guerras injustas, con la inmigración y la soledad del inmigrante, con la diferencia y la integración, con el corazón del otro. Y lo compara, en un rizo rizado y mareado… ¡con la Formación del Espíritu Nacional de la dictadura! Curioso: el mismo argumento que se usa contra… la Educación para la Ciudadanía.

 

 

Y cuando no pueden, cuando se enfrentan a la literatura, la simple, pura y dura literatura, la del verdadero compromiso, entonces recurren a llamarla pretenciosidad, y cuando se enfrentan a la sensibilidad la llaman sensiblería, y cuando se quedan sin argumentos ante la poesía recurren a la “falsa intención poética”. Y cuando nada queda ya en su argumentario, entonces beben en la vieja táctica del crítico impotente: la ridiculización de las frases sacadas de contexto. Dice una buena amiga que la literatura, sea cual sea el tema y/o el género que aborde, es por encima de todo un arte que no necesita etiquetas, un espacio de libertad que no permite miradas represoras, un lugar común para debatir, una ventana por la que asomarnos al mundo, para encontrarnos dentro y fuera de nosotros mismos. Algunos quieren transformar los libros en objetos de consumo, pero los libros no son objetos inertes de usar y tirar, son fuentes de vida. Y acaba diciendo mi amiga, y yo con ella, que la vida no es un juego.

No: no pronuncian ni escriben sus críticas contra la sensiblería, ni contra la comercialidad, ni contra la falsa intención poética. No; se trata, consciente o inconscientemente, de allanar el camino, de hacer negocio. La literatura infantil y juvenil crece y crece, el número de lectores es más y más importante, y ha llegado al parecer la hora de hacer más fácil el camino a un tipo de literatura. Se deduce a cuál, porque en esas críticas tronantes no hay ni siquiera dudas sobre esa literatura light a la que se refería el editor, a esa que… no hace lectores para mañana. Y que es la que de verdad es comercial, quién se puede engañar.

Personalmente no tengo nada en contra de la literatura fantástica, y es bueno que los niños lean libros enormes. Pero tengo la sospecha de que se trata de preservar el negocio, cada vez más redondo, de aumentar y aumentar cifras de ventas, pero sin crear una generación de seres pensantes que puedan poner en apuros al sistema. No es necesaria siquiera una conspiración, basta con esperar a que voces como las citadas, ellos sabrán por qué intereses o envidias, descalifiquen despiadadamente a quienes sí, quieren que al leer los niños se acostumbren a pensar, a saber que la vida no es ese desaforado maniqueísmo que propone la literatura de buenos y malos, magos blancos y magos negros. A iniciar un verdadero camino lector, a saber que es en las gamas del gris donde se desenvuelve la vida real. Es injusto, por tanto, tratar de intimidar tanto a los escritores como a las editoriales que amparan en sus catálogos libros que hablan de esa vida real, la que late en las calles de un mundo necesitado de reflexión, de alteridad, de cambios profundos.

No, no era esta la crítica que reclamábamos en aquel manifiesto. Y se echan de menos muchas voces autorizadas ante esta resurrección de Torquemada, una resurrección que da miedo: la de los “chupadores de ojos”, los comprometidos contra el compromiso.

Esperamos esas voces y, mientras tanto, opinamos. Libremente. Sin miedo.

 

Gonzalo Moure

 

 

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