Archivo de Febrero de 2008
Los Gandhis saharauis “Ayudadme. Grabadme. Me van a detener”. Los dos se arrojaron sobre los periodistas españoles que se encontraban en El Aaiun aquel sábado de noviembre de 2005. Las autoridades de ocupación marroquíes conmemoraban en la capital del Sahara Occidental el triste aniversario de la Marcha Verde; mientras se recrudecían en todas las ciudades las manifestaciones pacíficas de protesta contra la ocupación. Hasana Laasairi y Brahim Tubari, jóvenes estudiantes, habían dado sus nombres y números de teléfono a los periodistas que cubrían la noticia. Después se arrodillaron en medio de la calle y empezaron a gritar “¡Viva el Sahara libre!”. Se vieron al momento rodeados de policías y les llovieron golpes de porras y culatas por todo el cuerpo. Les tiraron en un furgón policial y se los llevaron detenidos. Arrojados al vacío. De repente se escuchó un grito y todas las miradas se dirigieron a un hombre que caía desde la azotea del hotel. Alhsehein Lemlih, un saharaui de 40 años, paseaba unos minutos antes por un barrio de El Aaiun escuchando la Radio Nacional Saharaui cuando fue sorprendido por cuatro policías que se bajaron de un coche e intentaron detenerle mientras le agredían. Alhesein escapó, echó a correr y consiguió refugiarse en un hotel cercano pero los policías le persiguieron hasta que le alcanzaron en la azotea y le arrojaron al vacío. Los testigos vieron cómo le metían en el coche de policía, llevándoselo a toda prisa y comentaron aterrorizados todos los casos que se conocían en El Aaiun de saharauis arrojados desde lo alto de los edificios. Como Sidi Ahmed Taleb, que dos años antes resultó gravemente herido en la columna y al que ningún médico quiso atender. Los olvidados. Abba Oualia Ahmed-Mahmoud desaparecido en 1979; Abdellah Mohamed-M’Barek desaparecido en 1987; Abdellah Ramdane Mohamed- Lamine desaparecido en 1976; Abdati Mohamed-Salem Brahim desaparecido en 1976; Abeid Souhaili desaparecido en 1975; Abdelahi Abdelmajid AbdelUadoud desaparecido en 1981; Abidin Bouzeid Allal desaparecido en 1976; Ahmed Lahsen El Mehdi desaparecido en 1976; Ahmed Lamaadel El Mehdi desaparecido en 1976; Ahmed Mohamed Salem El Arbi desaparecido en 1976; Ahmed Souilem Mohamed (Terfass) desaparecido en 1976; Alouat Taher desaparecido en 1976; Ali Bachir Ali desaparecido en 1976 … más de 500 nombres, más de 500 personas de las que no se ha vuelto a saber nada, pero no están olvidados, un pueblo entero resiste para que no se borre su memoria. Resistencia pacífica. Con precisión contaba a la periodista las torturas de las que fue víctima, las vejaciones a las que le sometieron y todo el miedo que le intentaron meter a sangre y golpes en su magullado cuerpo. Y no vaciló ni un segundo. Con frialdad detallaba todo el dolor que esculpieron en sus piernas, destrozadas y tal vez irrecuperables para siempre. Pero en El Mami Amar Salem no había odio. Explicó con ilusión cómo estaba contactando con organizaciones internacionales para conocer nuevos métodos de resistencia pacífica. Mientras, la esperanza iluminaba las cicatrices de su rostro. “Oh, ciego”. Diez años permaneció encerrado en el infierno de los infiernos, Kalaat M’Gounat, el más triste de los presidios, negro fruto de una mente desquiciada. Diez años desaparecido sin que nadie supiera de él. A Sadik Bulahi el calvario le dejó ciego pero en aquella deriva él se aferró a la poesía como tabla de salvación. El dolor por la injusticia le dictó una noche un poema en su celda, lo compuso de memoria porque no había forma de plasmarlo en papel. Estaba ciego y enfermo y para animar a sus otros compañeros saharauis, casi trescientos en aquellos días, lo recitaba cada tarde durante los pocos minutos de sol que disfrutaban en el patio de la prisión. “Oh, ciego” se convirtió en un símbolo para todos sus compañeros presos, en la única forma de expresar su dolor y su convicción por un Sahara libre. “Erigir la emboscada / (…) / hoy ante tu altar se luce un minusválido, / y ciego se querella, / y el dolor se hunde en su corazón / transformado en ojos”. “Aini mshaat (Mi ojo se fue)”. A Sultana, una estudiante saharaui, después de reventarle el ojo con una porra por manifestarse pacíficamente, no le trataron en el hospital. Los policías la llevaron a una comisaría junto a la turística plaza Jamaa Lefna de Marraquech. La siguieron maltratando mientras se escuchaba la música de los saltimbanquis y el ruido de los turistas que allí se congregan. Loca por el Sahara. Kbaidat se había unido a sus compañeras saharauis en una sentada para reclamar con el arma de la palabra su derecho a la libertad. Era el mes de junio de 2005 y hacía un mes que había comenzado en las principales ciudades saharauis un levantamiento pacífico reclamando el fin de la ocupación marroquí. Todas las mujeres reunidas empezaron a dar palmas y a cantar lemas por la independencia. En un par de minutos les rodearon decenas de policías y empezaron a golpearlas con sus porras. Kbaidat se sorprendió a sí misma gritando en español “Viva el Sahara libre e independiente”. Un policía le gritó: “¡Calla, loca!”. “Loca sí, loca por el Sahara”, le respondió ella. El policía levantó con odio su porra y de repente a Kbaidat todo se le volvió negro. 35 kilos. 4 años de desaparición en la cárcel de Kalaat M’Gounat le costó a Brahim Dahan su participación en una manifestación pacífica para denunciar la presencia ilegal de Marruecos en el Sáhara Occidental. Una comisión de la ONU visitaba el territorio y Marruecos detuvo a decenas de saharauis. Torturas, vejaciones, frío, falta de alimentos, palizas, insultos, muerte, terror… Brahim fue puesto en libertad años después, envuelto en un trapo y pesando 35 kilos. Son pacíficos. “Son violentos porque están desesperados.(Gandhi”). Pero yo digo: “son pacíficos aunque están desesperados”. Los saharauis en las zonas ocupadas alzan la bandera blanca de su Repúblicay recuperan sus calles. Resistencia Pacífica. Rebelión no violenta. Los saharauis de las zonas ocupadasempuñan la pacífica arma de la palabra. En el Sahara ocupadolas calles traen vientos de cambioy las paredes susurran lemas de libertad. “La badil, la badil” gritan las azoteas, testigos horrorizados de una violencia sin límite. Los vertederos recogen sus machacados huesos,una melhfa cubre su alma dolorida y un joven en la calle pone la otra mejilla. “Podrán matarme, pero no morirme”, dijo el poeta. “Me mataréis, pero no podréis matar mis ideas”clama Aminetu. Resistencia Pacífica. Rebelión no violenta. Los verdugos derraman impunes la sangre de los inocentes. A cambio se condecora al torturador y se alaba al tirano. Mientras, todos miramos para otro lado y el silencio nos hace cómplices. Los saharauis de las zonas ocupadas responden con paz a la violencia. Su gesto es un ejemplo pero todos miramos para otro lado. Nada hay más desolador que “el silencio de los bondadosos”. Conchi Moya.
Leer Juntos es mi casa desde hace casi una década. En Ballobar y Fraga, en muchas bibliotecas de la provincia de Huesca, en Potes, en Lisboa. Algunos ya existían cuando llegué, otros nacieron coincidiendo con mi visita. No hay nada tan nuevo en torno a la lectura de finales del XX y estos balbuceos del XXI. Y especialmente en los clubes que nacieron en Ballobar, un pueblo de menos de 1000 habitantes: nada menos que leer juntos desde la base, desde donde se empieza, desde la escuela: si lees, ellos leen, dice la publicidad: aquí nació al revés: si los xiquetes leen, las madres leen. Leer juntos es una nueva perspectiva, es activación del diálogo en casa, es sumergirse en el curso de todas las preguntas, todas las dudas, en el crecimiento personal, pero sobre todo en el crecimiento colectivo. Esta semana pasada hemos celebrado el quinto aniversario del club de Cifuentes, en la provincia de Guadalajara. Por cierto, el club con más presencia masculina que he conocido (y en días de “Champions”, ahí es nada). También estuve en la reunión del club de Brihuega, porque Leer Juntos se extiende: aceite de vida.El de Cifuentes se debe a Toni Martínez. Un gozo estar cerca de él en pleno gozo, un gozo compartirlo con otros colegas como Samuel Alonso, Raúl Vacas, Félix Albo, Ricardo Gómez (ausente pero presente). Con madres de Ballobar como María Eugenia Sanz, con la mayor propulsora de clubes de lectura de España, Blanca Calvo, con las fundadoras de Ballobar, Carmen Carramiñana y Merche Caballud. Y con todos y cada uno de los profesores, padres, madres, bibliotecarias como Paloma, alumnos de Cifuentes. Con estos últimos compartí una sesión dura, pero entusiasmante, acerca de un libro grueso y difícil. Sin flores, con espíritu crítico, con sinceridad, con confesiones. Aceite de vida, sí. Aprendiendo unos de otros. Cinco años de Leer Juntos Cifuentes. Un gozo de gozos compartidos.
Me mandan desde Medellín este precioso documento. Es como un libro cuya lectura lleva diez minutos, pero que queda en tu memoria como si hubieras estado sumergido en ella meses.
Tal vez sea aún más hermoso que nos haya llegado desde Medellín, que, a su manera, ha sido en las últimas décadas un matadero no mejor que los que construyeron los nazis. Irena Schindler. Una buena mujer. O una mujer que encontró la manera de hacer actuar a lo mejor que todo ser humano lleva en su corazón.
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Este jueves, a las 7, participo en el ciclo de conferencias del Centro del Profesorado de Gijón “Érase una vez la escuela”, organizado en colaboración con el ayuntamiento. El ciclo cuenta este año con Manuel Rivas, Víctor Moreno, Guadalupe Jover, Gemma Lluch, Víctor Sopeña y yo mismo, que charlaremos en el salón de actos del antiguo Instituto Jovellanos. Hay 160 profesores inscritos, pero puede asistir quien quiera, y fundamentalmente quien desee profundizar un poco en la lectura en la escuela y el instituto. Hay voces mucho más importantes que la mía (todas), pero me toca asumir el papel del escritor que acude con frecuencia a los centros educativos a tratar de acercar a niños y jóvenes a la lectura. Mi charla lleva el título “Placer y dolor en la LIJ”, pero al escribirla lo he subititulado (o retitulado) así: “Los chupadores de ojos”, tomando como hilo conductor una brutal página de Cormac McCarthy, de su novela “En la frontera”. Es un texto duro, o al menos así lo creo, y nada complaciente con el panorama imperante, que asfixia la sinceridad y el riesgo en la literatura. Mi intención era colgar aquí el texto, pero ha pasado algo mucho mejor: me piden que lo mantenga así, inédito, porque el texto será parte de un libro colectivo (y con muy buenos compañeros “de reparto”) sobre el tema, la literatura en la enseñanza, que se publicará en otoño. Y como es lógico, tiene que permanecer inédito. De todos modos, si alguien tiene mucho interés, bien porque lo escuchara en el Jovellanos o bien porque no hubiera podido escucharlo, me lo puede pedir en mi correo.
¡Qué vagos somos! Seguro que vemos y leemos, y pensamos y oímos, un montón de cosas interesantes: ¡compartamos!.Y no olvidemos líneas de debate abiertas en la entrega segunda de Gritos, Susurros y Regalos: El niño del pijama de rayas. Sólo han salido opiniones críticas, y por cierto muy ácidas. ¡No puede ser, es un best-seller! Tiene que haber opiniones positivas.Voy a hablar de un libro que acabo de releer:”En la frontera”, segundo libro de la trilogía de la frontera de Cormac McCarthy. El anterior es Todos los hermosos caballos, y el último Ciudades de la llanura. La primera vez que leí En la frontera me gustó, pero en esta segunda ocasión he quedado fascinado. Y lo recomiendo con todas mis fuerzas a buenos lectores. Es pura literatura, literatura pura, pero es mucho más. Es una historia desoladora pero fértil, una mirada al despertar de un muchacho de 17 años en un medio durísimo. Y una radiografía del bien y el mal. Contiene pequeñas historias impagables, como la del ciego. No os lo perdáis.Y una película de la que ya habló alguien:El violín. Una película de Francisco Vargas Toledo, mexicano. Una de las mejores que he visto en los últimos años, de las que dejan una huella imborrable.Cito una crítica de Miguel Angel Jiménez en “La Butaca”:Denuncia de una lógica que acaba arrastrando a todo aquél que se acerque a su espiral destructiva, “El violín” toma aún más sentido por su profunda humanidad y su arriesgada y militante apuesta. Y, lo que es más importante, lo logra sin contener discursos o arengas, sin caer en el subrayado reiterativo, sin hacer trampas al espectador… Una primera película, perfectamente imperfecta, soberbia; un nombre a seguir con atención.
