
Pronto vamos a abrir, mi amigo y administrador Elfo-Pablo y yo, una sección de la página para que todos podamos contar lo que estamos leyendo, el último disco que nos ha entusiasmado, lo que nos hace reír, llorar de emoción o gritar de indignación. Una sección abierta en canal, o un canal abierto, en el que se pueda recomendar un libro como el que voy a recomendar: Los caminos de Piedelagua, de Mónica Rodríguez, editado por Everest. El libro ha sido el I Premio de Novela Juvenil Villa Pozuelo de Alarcón. No es una primera novela, pero casi, porque con anterioridad Mónica publicó un delicioso libro, “Sever al adah/Hada al revés”, que una editora convirtió, en un abuso evidente y triste, en “El hada Margarita”. Pero Los Caminos es novela, novela juvenil. Y buena, muy buena novela.
Mónica escribe con un estilo casi único: “Y Piedelagua se acercaba con todos sus secretos encendidos, altos, efervescentes.” Ané nieta, Martín abuelo, del que no se hablaba nunca en la familia. Y Piedelagua, el pueblo en el que se cruzan muchos caminos de espuma. Sólo por ponerle ese nombre al pueblo, ya merecía el premio.
A menudo reclamamos la llegada de nuevas voces a esta literatura chiquita. Pues aquí está una de ellas. Y no sólo en novela: Mónica es aún más tierna y explosiva (ambas cosas al tiempo, sí), cuando se dirige a los más pequeños.
Bienvenida.
Y PARA UNA BUENA SONRISA, O UNA MEJOR CARCAJADA.
Ya lo he dicho: ya veremos cómo lo hacemos técnicamente, pero de momento nos vale así: deja aquí lo que quieras: un libro, un disco, un poema, un pensamiento, o un grito.
Por mi parte os dejo esta dirección de You Tube: genial.

Mi último impulso emocionante lo viví el sábado. Mientras Madrid cocía de policías y manifestaciones antes de que las luces de Navidad se encendieran como diciendo “aquí no pasa nada”, estuve en Atocha y entré en “La Central”, estupenda librería del Reina Sofía.
Mucha gente en la planta baja (libros de arte), poca en la primera (narrativa, poesía y teatro) y nadie en la segunda (filosofía, ensayo…). Habían cambiando la organización de los libros desde la última vez que estuve, así que me encontré un poco perdida.
Entre libros, con el silencio cómplice de un empleado tecleando en el ordenador, llega alguien y le suena el móvil. Por instinto miro y me dice “perdón”. Sonrío y me reconforto por el detalle.
En la calle, con mis libros encontrados (este sitio nunca falla), las sirenas rompen el encanto, veo gente corriendo y me apuro por alcanzar el metro.
Las librerías, un mundo aparte.
¡Ya podías decir qué libros buscabas!
Por mi parte, estoy leyendo Angosta, de Héctor Abad Faciolince, un colombiano de la nueva hornada.
Angosta es una parábola de la Medellín de los tiempos oscuros (y sangrientos). No previó, desde luego, la irrupción de las bibliotecas en la vida pública de Medellín (leed el reportaje de Babelia del sábado 24 de noviembre: se parece mucho a mi entrada sobrte Medellín, y me hace respirar aliviado: no vi un espejismo, o al menos no hemos sido los únicos) . Pero Angosta es muy bueno, con momentos magníficos. Reminiscencias Orwell y Huxley.
Y leí Rosario Tijeras, de Jorge Pardo, también colombiano. No está nada mal. En otra entrada hablaré de Fernando Vallejo. Desmedido, enorme, brutal y necesario.
En una palabra: Colombia está mucho más viva que España.
Estoy leyendo ESTUDIOS SAHARIANOS, un interesante y útil libro de Caro Baroja sobre el modo de vida de los saharauis, puede ser un poco engorroso para quien no conoce la temática saharaui, pero es un libro muy recomendable. Editado en los años cincuenta, es un libro difícil de localizar. Hace unos años Ediciones Júcar sacó una edición, pero yo creo que fue muy limitada, porque yo soy de los que siguen buscando este libro (el que estoy leyendo ahora me lo han prestado una pareja, amigos mios) por favor agradecería cualquier información para comprar uno.
Un precioso regalo de Caro Baroja a los saharauis.
Elkadeh
Elkadeh, ese libro fue el que me llevó a Tiris a escribir La Zancada del Deyar. Es fascinante. Por algún sitio lo debo de tener, pero dado que soy un desastre… Es la mejor contribución española a la cultura saharaui, al menos de los años de la colonización, y una joya antropológica. Te sugiero que hagas una busca en las librerías de viejo que hay en la red: por ejemplo, Hijazo Libros (hijazolibros.com), y otras. Me suele dar buen resultado.
Gracias por ofrecernos otra oportunidad para compartir(nos).
Tomaré buena nota de lo que aquí se comente.
Hace tres años que he leído La zancada de “eldeyar” y lo recuerdo como un profundo testimonio literario de la vida saharaui a la que accedemos siguiendo los pasos del atento y respetuoso viajero.
Aleccionadora es esa dignidad resistente del pueblo saharaui a la vez que terrible el confinamiento al que lo hemos sometido. Creo que el lenguaje no cuenta con suficientes palabras para expresar la ofensa recibida.
Como tampoco las hay para transmitir la destrucción del hombre por el hombre en el libro que estoy terminando: Si esto es un hombre de Primo Levi. Relato escueto, austero y directo de la negrura abisal del genocidio nazi.
Imprescindible.
Y esperándome a que lo retome (lo abandoné por Primo) está Masonería al descubierto de Pepe Rodríguez. Apasionante recorrido histórico de la masonería tan injustamente tratada y perseguida.
Y todo por fomentar ideas de libertad, igualdad y fraternidad.
Besos.
¡Me parece una magnifica idea el poder compartir las lecturas que en este momento nos vemos inmersos!
Yo ahora mismo (y como me pasa muy amenudo) estoy entre dos libros:
“Anoche hablé con la luna” de Alfredo Gómez Cerdá
“El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince
A la vez que, inevitablemente, me veo leyendo mucho sobre la Musicoterapia (libros especializados, así como artículos de revistas científicas y universitarias acerca de la música y el niño hospitalizado). Y recomendaría este libro (accesible para todos) “Cúrate con la música” de Aljoscha A. Schwarz y Ronald P. Schweppe
Pero, como no, tengo una lista que cada día se vuelve más y más larga de libros por leer. Me faltan horas en el día para leer. La mejor terapia, junto con la música. Deberían investigar el “poder de las palabras”, de veras.
Un beso
Pronto habrá novedades en la web, permaneced atentos
Por aportar algo, estoy releyendo ‘El pintor de batallas’. Reverte es mi debilidad…
Qué curioso: es coincidencia pura que Carla y yo estemos leyendo un libro de Faciolince. Esta mañana, leyendo un capítulo de Angosta he sentido que el estómago se me encogía: la muerte, el asesinato frío, el desprecio de la vida humana. Medellín, que ahora es la vida, era la muerte reina. Hay quien no lo entiende: ¿cómo es posible que Medellín, que era… y que ahora sea…? Supongo que es así de simple: hartazgo de muerte, sed de vida.
Y en el Sáhara, suceden cosas cada día. Me alegro de haber abierto esta sección (que pronto Elmirth elevará a otra categoría, hum), para poder pegar noticias como esta, servida por Poemario por un Sáhara Libre, para que sepamos lo que pasa cada día, todo eso que nos hace sentir pasión por la vida, pero horror por nuestra condición humana:
Santa Cruz de Tenerife.- El estudiante saharaui de la Facultad de Derecho de la Universidad de Agadir -sur de Marruecos-, Alkoumani Faisal Alhousien, de 20 años y natural de la capital del Sahara Occidental, El Aaiún, falleció en la noche de ayer, 26 de noviembre, después de que fuera atropellado por dos coches de forma consecutiva delante de la puerta de la residencia universitaria en la que vivía, informan activistas de derechos humanos en la zona.
Según relataron los testigos presenciales, el primer vehículo, que no tenía marcas de identificación, se dio a la fuga después de la salvaje agresión parándose posteriormente el segundo para comprobar el resultado fatal de su acción.
La policía acudió al lugar y desplegó un cordón defensivo ante la presencia de grupos de estudiantes saharauis que se acercaron al escenario del accidente saliendo de sus habitaciones y del recinto residencial cuando escucharon los gritos de la víctima y de los viandantes que se encontraban en la zona.
Alkoumani Faisal Alhousien se mantuvo con vida más de veinte minutos antes de que falleciera sin recibir ningún auxilio médico, según denuncian sus compañeros. Al llegar la ambulancia, el cuerpo de la víctima ya se encontraba cadáver.
Sólo una hora más tarde, las fuerzas policiales marroquíes retiraron sus restos del pavimento en el que reposaban. Enseguida que se conoció la noticia y los estudiantes saharauis de Marrakech y Rabat secundaron las protestas ya iniciadas por sus compañeros saharauis en Agadir y anunciaron movilizaciones. (Servicio de Comunicación Saharaui de Canarias)
Me parece fantástica la idea de una nueva sección para estas cosas.
Yo, como Carla, me encuentro entre varios libros empezados:
Nieve, de Orhan Pamuk
Los hechos del rey Arturo, de John Steinbeck
Además de esos dos, leo libros sobre las relaciones internacionales.
He sentido un algo al leer la opinión sobre el libro de Piedelagua, así que lo buscaré enseguida
Astrid, has mencionado al fetiche Steinbeck. Ojalá pudiera dar marcha atrás en el tiempo y situarme en el día en que empecé a leer “Al Este del Edén” o “Las uvas de la ira”. Envidio a los que aún no lo han hecho, qué suerte tienen.
Ya contarás qué tal el rey Arturo.
Timshel!!!
Carlo Frabetti estrena blog, eljuegodelaciencia.blogspot.es.
Para los que aman la ciencia, una delicia. Pocos pensamientos tan claros y complejos (claro para él, complejo para algunos demás entre los que me encuentro) como el de Carlo Frabetti.
Aquí va una de sus primeras entradas.
“¿Jugamos una partida? Esta es la antigua pregunta que el Universo, o algo detrás del Universo, empezó a hacerles a los desconcertados bípedos implumes que proliferaban en el tercer planeta del Sol, tan pronto como sus simiescos cerebros pudieron comprender el juego de la ciencia. Es un juego curioso. No hay ningún conjunto de reglas definitivo, y parte del juego consiste en tratar de descubrir cuáles son las reglas básicas… El juego nunca ha sido tan apasionante y tan peligroso como ahora”.
Así comienza Orden y sorpresa, de Martin Gardner (Alianza Editorial, 1983), uno de los libros más sugerentes que jamás he leído, cuyo título expresa con certera elegancia el binomio —la dialéctica— realidad-reflexión, materia-mente, universo-hombre: el cosmos —el orden— se mira en el espejo de su culminación, que es la conciencia, y se sorprende sin cesar ante su propia armonía.
Y así comienza, o casi, mi artículo El juego de la ciencia, en mi homónima sección semanal del diario Público (http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti). Y así comienza este blog (o metablog) homónimo, que pretende partir de una reflexión sobre la propia sección y sobre su blog dentro del diario para ir hacia alguna otra parte, hacia cualquier otra parte. Y la primera reflexión que me ha impuesto la experiencia de volver a escribir, después de mucho tiempo, una columna semanal tiene que ver, como no podía ser de otra manera, con el concepto mismo de columna.
Si las máximas y aforismos son “píldoras de sabiduría”, las columnas periodísticas son como tentempiés o bocadillos que, la mayoría de las veces, intentan suplir la falta de alimentos más consistentes. En la era de los mensajes ultrarrápidos y agresivos (eslóganes y spots publicitarios, videoclips), no solo la información, sino también la reflexión se condensa en llamativos titulares y resúmenes telegráficos. Y los columnistas de los diarios (junto con sus homólogos radiofónicos y televisivos) se han convertido en los principales “creadores de opinión” de nuestro tiempo (lo cual, a la vista de quiénes son, no deja de ser alarmante).
Pero algo está cambiando. Cuando, hace cuarenta años, empecé a escribir columnas en la prensa (en el diario Pueblo y en el semanario humorístico La Codorniz), el diálogo escritor-lector era muy lento y esporádico, pues se desarrollaba casi exclusivamente por vía epistolar. En la actualidad, y gracias a la Red, es, o puede ser, copioso e instantáneo. En las pocas semanas de vida de El juego de la ciencia, he recibido, ya sea en el blog de Público o directamente en mi correo electrónico, centenares de preguntas y comentarios, que le han conferido a mi actividad como columnista (y espero que también a la experiencia de los lectores) una dimensión nueva y sumamente enriquecedora. Con la colaboración de lectoras y lectores, las columnas se vuelven salomónicas: crecen girando alrededor de un eje para enroscarse en una bóveda que se pierde de vista, sin límites preestablecidos. Algo está cambiando, y puede que para bien.
Una buena noticia, y un enlace para compartirla, pidiendo una copia: premio para La Puerta del Sáhara: para mí, uno de los mejores reportajes sobre el Sáhara, con momentos de una belleza inefable, como el recitado de Limam Boicha en el Tiris. Imprescindible para todo aquel que quiera saber cosas de nuestra tierra hermana, traiconada, violada y olvidada: para los que no perdemos la memopria histórica, ni queremos olvidar.
La Puerta del Sahara de Mª Jesús Alvarado recibe el premio a la mejor aportación historiográfica en el festival Memorimage
El premio fue concedido por la Unitat de Investigació del Cinéma de la Universidad Rovira i Virgili, de Tarragona, la cual concede un premio a la mejor aportación historiográfica, entre todos los trabajos presentados al festival “Memorimage. Films de hoy con imágenes de ayer”., celebrado en Reus.
En esta ocasión han sido 68 los trabajos presentados.
Las razones expuestas por el jurado fueron:
“Por su aportación al mejor conocimiento de un episodio reciente del pasado histórico español que se tiende a olvidar o enmascarar, y porque el documental, además de su calidad, establece claramente la relación colonial española con el Sáhara y su responsabilidad en una situación actual compleja y de difícil solución”.
LA PUERTA DEL SÁHARA
(Un recorrido por la historia y el corazón del pueblo saharaui)
Guión y Dirección: María Jesús Alvarado
Realización: Álvaro Carrero
Banda sonora: Eduardo Westerdahl
Duración: 45 minutos
Precio: 20 euros
* Puedes ver reportaje de la película en nuestro espacio:
http://almacabra.spaces.live.com/
Saludos. Producciones Almacabra (Islas Canarias)
Vi en Madrid “La boda de Tuya”, película del chino Wang Quan’An, oso de oro en el festival de Berlíon de este año.
Formidable y delicada, dura y tierna. De lo mejor que se puede ver este año, y película a reivindicar en los cines más próximos.
Wang quiso dejar constancia fílmica de la vida de los seminómadas mongoles de Mongolia Interior, y poco después, lo cuenta él mismo, vio cómo desaparecían las últimas yurtas, por decreto de Beijing.
La película es una bellísima historia de amor, o tres, o muchas. Entre mujer y hombre, con la prevalencia final del amor sobre la tradición y la pura necesidad de supervivencia, pero también entre Hombre y Tierra.
Me ha conmovido especialmente por lo que conozco de los tuvanos y de Tuva, primos, o casi hermanos, de los mongoles, pero a cualquier espectador que no sepa mucho de aquella cultura también le conmoverá.
Quien quiera saber mucho más de la película, esta dirección:
http://www.golem.es/labodadetuya/
Y dos películas relacionadas: La historia de la camella que llora, y El perro amarillo, ambas de Byambasuren Davaa, una mujer mongola que ha estudiado cine en Alemania. Situadas en la Mongolia más cercana a Tuva, la primera contacta completamente con el misterio de la música y los animales que he tratado de desvelar en Tuva. Y la segunda es… ¡una preciosidad minimalista!
Aprovecho que la ha publicado la página de información cultural sobre el Sáhara (los chicos del Poemario por un Sáhara Libre), para que quien quiera sepa algo más de la actuación de Escritores por el Sáhara: es una conferencia de Ricardo Gómez, pronunciada esta misma semana.
Sigue siendo nuestra responsabilidad…
Conferencia en la Universidad Autónoma de Madrid. 5 de diciembre de 2007 (curso “Construyendo una red de cooperación universitaria con el Sáhara para el desarrollo, la ayuda humanitaria y el fortalecimiento de la paz” V SEMANA DE LA SOLIDARIDAD EN LA UAM)

Ayer, (4/07/2007) los periódicos daban la noticia de que una veintena de escritores europeos y africanos denunciaba la cobardía de los políticos de la UE a la hora de dar una respuesta a los dramas de Darfur y Zimbabwe. En su declaración afirmaban: “Esperamos liderazgo y valentía de nuestros líderes. Cuando no lo hacen, nos dejan moralmente empobrecidos”.
Esta misma situación se podría extender a lo que ocurre con el Sáhara Occidental, el único territorio del continente pendiente de descolonización como resultas de los últimos coletazos de la dictadura española y del producto de una guerra colonial. Hoy, 32 años después de que el gobierno español de entonces huyera del territorio saharaui, dejando abandonados a sus habitantes y sin dar los pasos precisos para que la colonia española siguiese los trámites dictaminados en su día por la ONU, el litigio del Sáhara sigue siendo un tema pendiente en la agenda de los políticos de la UE.
A pesar de todos los equilibrios diplomáticos realizados por los sucesivos gobiernos españoles, que intentan no molestar a nuestro más inmediato vecino africano, las resoluciones de Naciones Unidas son claras desde hace más de treinta años: España sigue siendo responsable de la descolonización de lo que fueron sus antiguos territorios; el Sáhara Occidental sufre una invasión de un país extranjero que nunca ha tenido derechos históricos sobre ese territorio, y cerca de 200000 personas viven como refugiados en un desierto inhóspito, dejando aparte otros tantos que residen en los territorios ocupados y en muchos casos sufren represión. Solo el hecho de que este drama tenga lugar en África explica la duración y la irresolución de este conflicto.
Podemos callar, podemos olvidar. Podemos seguir haciendo nuestras cómodas vidas de europeos sin tener en cuenta lo que ocurre en Darfur, en Zimbawue, en el Sáhara. Sin embargo, nuestro silencio también es cobarde, tanto como el silencio de nuestros líderes. Podemos dormir tranquilos porque, después de todo, los refugiados saharauis no mueren de hambre, ni de disentería, ni de cólera, ni corren el riesgo cotidiano de que los niños mueran destrozados por una mina. Los refugiados saharauis no molestan. No mueren obscenamente ante las cámaras de televisión, ni tienen armas de destrucción masiva, ni representan un peligro para el equilibrio mundial. Son pocos, y poco peligrosos. Podemos olvidarnos de ellos, pero nuestro olvido también es cobarde y cómplice.
Hace casi cuatro años, tras la victoria socialista en las elecciones de 2004, muchos españoles vimos con satisfacción como el gobierno de Rodríguez Zapatero ordenaba la vuelta de los soldados destacados en Irak. Esperanzados por lo que creíamos una nueva época en las relaciones internacionales, donde el estado de derecho primara sobre el estado de los hechos, un grupo de escritores dirigimos una carta colectiva al Presidente del Gobierno reclamando que España adoptara el papel que le correspondía como potencia descolonizadora, instando a la ONU a organizar de una vez por todas un referéndum de autodeterminación. Aunque, en realidad, el asunto no comenzó exactamente ahí.
Poco antes de eso, en junio de 2004, cuarenta escritores españoles que habíamos publicado libros sobre el Sáhara nos dirigimos al actual Ministro de Cultura, antiguo Director del Instituto Cervantes, para reclamar de esta institución un papel activo en la difusión del español en los campamentos saharauis. Quienes hemos visitado los campamentos en alguna ocasión nos hemos sentido avergonzados al ver cómo las cartillas con que los niños y niñas saharauis aprenden castellano son impresas en un país nórdico, y no en España. Hemos visto con una mezcla de ternura y estupefacción cómo maestros y cooperantes revisan durante los veranos esas cartillas para colocar las tildes en las eñes y en las vocales que llevan acento ortográfico. Hemos visto cómo en las escuelas los cuadernos son escritos a lápiz y borrados una y otra vez, como si fueran antiguos palimpsestos, solo porque a los Ministerios de Exteriores y Cooperación, y al Ministerio de Educación, y al Ministerio de Cultura, se les olvida que entre la ayuda humanitaria deberían adjuntarse libros, y cuadernos, y lápices, y gomas de borrar, y no solo arroz.
Milagrosamente, nuestro idioma resiste en los campamentos saharauis, a pesar de tres décadas de desafección. El Sáhara Occidental es el único pueblo árabe que habla español, además de hassanía. Hace un par de semanas, en viaje a Alemania, un grupo de profesores alemanes y españoles mostraba su asombro e incredulidad cuando, hablando del Pueblo Saharaui, yo afirmaba de que el gobierno español dedica a la asistencia cultural y educativa al pueblo saharaui un total de… ¡cero euros anuales!
Hay que reconocer que el grupo de escritores que pusimos en marcha esa campaña fracasamos en la iniciativa, como habían fracasado otros que también lo intentaron antes que nosotros. El Instituto Cervantes no introdujo una línea en su agenda ni para abrir por supuesto un Centro Cervantes en los campamentos o los territorios ocupados, ni para canalizar la más mínima ayuda cultural. Fracasamos también cuando entregamos algunos de los primeros libros escritos en castellano por poetas y escritores saharauis. El Instituto Cervantes jamás pensó que esos libros, escritos por poetas árabes, procedentes del desierto más inhóspito del mundo, escritos en español, pudieran figurar en las estanterías de los Centros Cervantes de Marruecos, de Argel, de Beirut… y mucho menos en las aristocráticas sedes de Nueva York, Londres, Pekín o Tokio. Quizá se tema que lo saharaui estorbe, que lo africano manche.
Mientras realizábamos estas gestiones ante el Instituto Cervantes, recibíamos decenas de cartas de colegas y ciudadanos de a pie, apoyando nuestra iniciativa e instándonos a que nuestra solicitud tuviera más altos vuelos. Fue entonces cuando escribimos al Presidente del Gobierno, en una primera tanda de más de doscientas firmas, que sucesivamente se fueron ampliando hasta llegar a cerca de las quinientas, de cineastas, escritoras, actores y actrices, periodistas… Entre ellos figuraban nombres como los de José Saramago, Ryszard Kapuscinsky, Juan Genovés, Pilar Bardem, Javier Sádaba, Rosa Montero, Elías Querejeta, Eduardo Galeano, Ismael Serrano, Fernando Trueba, Benito Zambrano, Federico Mayor Zaragoza, Ana Rossetti, Belén Gopegui y un larguísmo etcétera… A estos nombres se sumaron cerca de diez mil ciudadanos más que se dirigieron a nosotros, cuyas firmas fueron entregadas también en el Palacio de la Moncloa. Fracasamos en la iniciativa. Jamás hubo ninguna declaración institucional acerca del problema saharaui y ni siquiera hubo una respuesta sobre una pregunta acuciante y que aún debería seguir intrigando a muchos analistas y ciudadanos: cuáles son las razones secretas por las cuales, y haciendo caso omiso de la legalidad internacional, países europeos como Francia o España desoyen los consejos para realizar un referéndum que dé lugar a una autodeterminación o a una integración definitiva en el país ocupante. O que los países de la UE se pronuncien acerca de los presos políticos saharauis que se pudren en las cárceles negras de las inmediaciones de El Aaiún. ¿Son razones económicas? ¿El miedo a la amenaza del terrorismo en suelo europeo? ¿Carece de importancia el problema porque, en definitiva, es un problema africano?
No nos importa haber fracasado. En la presentación a esta charla se ha hablado de “Escritores por el Sáhara”. Pero “Escritores por el Sáhara” no es un grupo organizado. No tenemos sede, no estamos adscritos a ningún partido político y jamás hemos pensado en pedir una subvención. No hay cabeza ni dirección. Quizá por eso no nos importe fracasar. Simplemente creemos que no podemos conformarnos con el silencio ni con la complicidad de las grandes potencias, que deciden qué problema es importante y cuál no en función de los intereses internacionales.
Quizá lo más relevante en nuestro haber es haber contribuido al nacimiento de la “Generación de la Amistad”, un grupo de escritores y poetas saharauis, hombres y mujeres que escriben en español y que ya ha publicado cerca de una decena de libros, en antologías y libros personales, publicados gracias al apoyo de personas e instituciones de toda índole. Todos se caracterizan por ser saharauis nacidos en el exilio del desierto, casi todos educados en Cuba y que sienten y piensan al mismo tiempo en hassanía y en español. Hablan de su tierra, de su infancia y de su patria perdida. Quizá por eso molestan, o no interesan.
Aunque parezca sorprendente, pero quizá no lo sea tanto, es que la Generación de la Amistad tampoco importa a las autoridades y representantes saharauis. Ni han apoyado la difusión de sus libros, ni han estado al tanto de las conferencias que estos escritores han dado por Europa y en América, ni han acudido a las numerosas presentaciones de sus libros en España. No les interesa la “Generación de la Amistad” porque tampoco están adscritos a ningún grupo de poder, ni son manipulables, ni tienen una pancarta o una sede. Estos escritores solo escriben, y ya se sabe que los escritores importan poco al poder, a no ser que estén dispuestos a acompañar sus banderas con pífanos y cantos. Sin duda, la indiferencia del poder es una buena señal y es precisamente por ello por lo que merecen nuestro apoyo.
Coetzee, Darío Fo, Wole Soyinka o Habermas también fracasarán en la carta que han dirigido a los gobernantes europeos y africanos, denunciando su cobardía a la hora de no dar prioridad a los problemas de Darfur o de Zimbabwe. Nadie tiene intención de resolver los problemas de África, porque es un continente que poco importa, y en ese sentido tampoco el Sáhara tiene relevancia. Pero sus voces tienen que elevarse como referente moral y porque están firmemente convencidos de que las palabras y las razones tienen más peso que los euros, las banderas o las balas. Su casi seguro fracaso es también el nuestro. Pero más grave aún que el fracaso es la indiferencia. Es cierto que el silencio de los gobernantes nos deja moralmente empobrecidos, pero el silencio de los llamados intelectuales, y el de los ciudadanos, es cómplice de la injusticia cuando no del genocidio.

En este curso participaron también Fernando Íñiguez, que trasladó las experiencia de estos años en el Festival de Cine del Sáhara; Pablo San Martín, profesor de Literatura Española en la Universidad de Leeds (¡en cuyos estudios sí se incluye la literatura saharaui en castellano!) y Carlos de Gredos, que trasladó sus experiencias sobre los Certámenes de Arte de Tifariti, entre otros.
Al final del acto, los poetas Limam Boicha y Bahia M.H. Awah recitaron algunos poemas saharauis, junto con alumnos y alumnas participantes. Del primero (autor de Los versos de la madera, Ed. Puentepalo) son los versos que aparecen a continuación:
UN BESO
Un beso,
solamente un beso,
separa
la boca de África
de los labios de Europa.
Y pego un comentario de una tallerista de Medellín, Maité, que ella ha pegado en la noticia sobre el millón de visitantes a la biblioteca España de la misma ciudad colombiana.
Gracias, Maité, por tu trabajo diario, y por tantas y tantas cosas hermosas: como esta noticia, por ejemplo.
“Pues yo sí tengo algo más que decir porque Medellín no para de darnos sorpresas: ayer en pleno centro de la ciudad se inauguró la Casa de la Lectura Infantil, en una preciosa casa que perteneció a la familia Barrientos (una de las más ricas de Medellín)en el siglo XIX, y que estaba en ruinas y en un olvido total, pero el alcalde Fajardo (al fin y al cabo de familia de arquitectos)supo ver la belleza de esta casa, comprendió su inmenso valor historico y arquitectonico, y apostó por su restauración… ahora es la Casa de la Lectura Infantil, y estoy segura de que va a ser visitada por muchísimos niños y niñas de todas las edades.
Gonzalo, Carlo, Ricardo,Alfredo, Andreu… Tienen que venir a conocerla.
Comentario por Maite, maite , maitia… — 8 de Diciembre, 2007″
No soy publicista del alcalde Fajardo ni mucho menos, pero no dejo de sentirme orgullosa y feliz por lo que está sucediendo en Medellín: Ayer inauguraron el Parque Explora, un moderno parque cientifico interactivo, en la comuna 4, una de las más deprimidas de la ciudad, con barrios como Lovaina, reconocido por el expendio de drogas, la prostitución y el travestismo, y el barrio Moravia, levantado por desplazados sobre lo que fue el basurero municipal. Ahora están llamando a ese sector “el barrio del conocimiento”, pues también están allí el Nuevo Jardín Botanico, La Universidad de Antioquia, el Cementerio Museo San Pedro, el Parque de los Deseos, el Planetario, y el Parque Norte (Parque recreativo). Pero lo más interesante son los proyectos educativos y sociales que se están gestando alrededor de todo esto y que involucran a toda la comunidad. Los habitantes de este sector se están sientiendo orgullosos de vivir allí.
Por fin un alcalde comprendió que la paz no se consige con balas, si no que es el conocimiento el que nos hace libres e iguales.
Vengan a Medellín para que lo comprueben.
Yo dejaría toda la discografía de un cantante al que llegué a través de internet porque en España no se le da cancha más que al comienzo de alguna telenovela. Yo no las veo, pero esa voz me atrapó al término de algún telediario y siempre esperaba a que terminase de cantar para apagar la televisión.
Este cantante es Alejandro Fernández, hijo de un grande de la música allá por México. Creo que es un hombre espectacular en sí mismo y tiene una voz hermosa que le canta como nadie al amor en todas sus fases. Su canción Qué voy a hacer con mi amor para mí es la pregunta a que voy a hacer con mi amor a escribir.
Lo dejo aquí por si alguien siente la curiosidad de buscarlo en youtube.
Y en cuanto a libros La muerte blanca de Eugenia Rico me fascinó. Es una escritora magistral.