Archivo de noviembre de 2007
Una maravillosa noticia: Sandra Sánchez de los Santos, una jovencisima chica de Barcelona, presentó hace unos meses en su colegio, La Escola l’Horitzó, una tesina de fin de estudios sobre el Síndrome de Williams, siguiendo el hilo que inició “El síndrome de Mozart”: “La genialitat d’uns genis. Estudi de la síndrome de Williams i la seva relació amb la música”, y va a recibir un importante premio por ello.
Durante meses estuvimos en contacto, y fue un gozo ver cómo iba creciendo su convicción, pasando por encima de las dudas que el mundo más tradicional científico le planteaba sobre mis arriesgadas propuestas. Sandra toca también el violín, y así se fue a Valencia, al último campus con chicos mozart que organizó el malogrado Tomás Monzó, mi Gladiator, padre del Tomi real, luchador infantigable hasta el último día de su vida. Allí, como monitora, Sandra se reafirmó en nuestras intuiciones. Y esa experiencia, como trabajo de campo, fue decisiva para la elaboración de su tesina. Sólida y rigurosa, pero tocada por la luz y la pasión. De hecho, Sandra quiere estudiar psicología y musicoterapia, para dedicarse profesionalmente a los mozart. Me emociona, y siento que es ella ahora la que sigue las huellas del síndrome, hacia la luz, hacia la comprensión de la música.
Asistí a la presentación en la Escola por videoconferencia, y luego participamos, alumnos y profesores, en una charla apasionante. Vaya suerte, colegios así, con ese rigor, con ese deseo de enseñar y de aprender de los que aprenden.
Pues bien: Sandra, y por la parte que le corresponde, L’Horitzó, acaban de recibir el premio Cirit (Consell Interdepartamental de Recerca i Innovació Tecnològica), convocatoria 2007.
Enhorabuena, y adelante. Y quienes desde la profesión o la devoción quieran saber algo más, creo que Sandra estaría encantada de contactar con vosotros.
Por mi parte, dispongo de la tesina completa, así que si alguien quiere leerla, me la puede pedir.

Pronto vamos a abrir, mi amigo y administrador Elfo-Pablo y yo, una sección de la página para que todos podamos contar lo que estamos leyendo, el último disco que nos ha entusiasmado, lo que nos hace reír, llorar de emoción o gritar de indignación. Una sección abierta en canal, o un canal abierto, en el que se pueda recomendar un libro como el que voy a recomendar: Los caminos de Piedelagua, de Mónica Rodríguez, editado por Everest. El libro ha sido el I Premio de Novela Juvenil Villa Pozuelo de Alarcón. No es una primera novela, pero casi, porque con anterioridad Mónica publicó un delicioso libro, “Sever al adah/Hada al revés”, que una editora convirtió, en un abuso evidente y triste, en “El hada Margarita”. Pero Los Caminos es novela, novela juvenil. Y buena, muy buena novela.
Mónica escribe con un estilo casi único: “Y Piedelagua se acercaba con todos sus secretos encendidos, altos, efervescentes.” Ané nieta, Martín abuelo, del que no se hablaba nunca en la familia. Y Piedelagua, el pueblo en el que se cruzan muchos caminos de espuma. Sólo por ponerle ese nombre al pueblo, ya merecía el premio.
A menudo reclamamos la llegada de nuevas voces a esta literatura chiquita. Pues aquí está una de ellas. Y no sólo en novela: Mónica es aún más tierna y explosiva (ambas cosas al tiempo, sí), cuando se dirige a los más pequeños.
Bienvenida.
Y PARA UNA BUENA SONRISA, O UNA MEJOR CARCAJADA.
Ya lo he dicho: ya veremos cómo lo hacemos técnicamente, pero de momento nos vale así: deja aquí lo que quieras: un libro, un disco, un poema, un pensamiento, o un grito.
Por mi parte os dejo esta dirección de You Tube: genial.
Un libro de Ricardo Gómez, Juan Ramón Alonso y SM
Por fin en mis manos. Lo leí en ropa interior, vi algunos adelantos del trabajo de Juan Ramón, hablé con este en Fuenlabrada, seguí hablando con Ricardo, supe que Elsa lo acogía y decidía editarlo en el tiempo en el que se cierran los ojos después de su lectura.
Y por fin lo vi en Baeza. Pero no, aún no lo tenía. Y necesitaba sentirlo, acariciarlo, volverlo a leer, para poder abrir ésta página. 7 Cuentos Crudos. Siete aldabonazos, siete campanadas. Así sonaba la campana de la libertad en manos de Pete Seeger.
Ricardo Gómez no escribió este libro para nada: lo escribió por. Por amor, por rabia, por necesidad, por ternura y por crudeza. Es de los libros que pesan, que poco a poco tienen que ir haciendo cambiar de idea a quienes aún creen que la literatura para niños y jóvenes es poco más que palabritas para acompañar al texto, historias para sacar moralejas, transversalidad y buenas intenciomes. Y de los que molestan a los que desde dentro, desde su escritorio, creen que esta literatura es poco más que negociete, palabritas fáciles, aventuras con final feliz, granos de adolescente y magos borrás: palabras para vivir de las palabras, para estar en lugar de ser, palabras prostitutas. Quien lea esta declaración de amor y lealtad por una literatura siete veces cruda, siete veces tierna, que lea también la conferencia de Ana María Machaado: ambos textos, el de Ricardo y el de Ana María, son complementarios.
Me siento parte de esta literatura, al menos en mi intención, y somos muchos los que compartimos esta batalla: cada cuál ponga sus nombres.
Y las ilustraciones de Juan Ramón: quien no las vea, no las imagina. No hay palabras. Juan Ramón ha visto las tripas del texto, las ha hecho suyas, las ha contagiado y las ha vuelto a deslizar, un temblor de tinta y plumilla y lápiz y belleza: de Durero a Goya, a veces Miguel Hernández hecho imagen. Lo mejor es cómo han trabajado ambos, Ricardo y Juan Ramón, a partir de propuestas del primero y sugerencias del segundo, tallando cada imagen, paso a paso.
Y, por fin, ¡por fin! (yo sé por qué “por fin”, Ricardo también), Elsa Aguiar. Ha hecho, con la ayuda de Berta Márquez, un libro único, irrepetible, probablemente uno de los más singulares, valientes y brillantes, de los últimos años.
Visitad la web de Ricardo, ricardogomez.com, donde están estas palabras:
Siete cuentos crudos (Aunque este no sea un buen sitio para nacer)
CRUDO: Dícese de los comestibles que no están preparados por la acción del fuego, de los que no están hasta el punto conveniente, de los que no son de fácil digestión. Áspero, sin miramientos.Sinónimos: descarnado, frío, riguroso, duro, tierno, realista, destemplado, severo,¿Cómo crees que sería tu vida en Beirut bajo las bombas? ¿Qué crees que harían tus padres para sobrevivir hace un millón de años? ¿Qué sería de tus hermanos en un país sembrado de minas?
La clave está en el “aunque”. Porque AUNQUE pueda parecer que estas son historias duras y descarnadas; AUNQUE el autor nos presente la realidad sin muchos miramientos: AUNQUE parezcan situaciones difíciles de digerir… los personajes de estos cuentos viven la vida (su vida) son intensidad, con alegría y esperanza.
AUNQUE, visto desde fuera, este mundo nuestro “no sea un buen sitio para nacer”.

Por fin sale a la calle la nueva entrega de “Palabras por…”, editado por la Dirección de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, bajo la dirección, una vez más, de Javier Pérez Iglesias. El primero fue el magnífico Palabras por la Biblioteca, y hasta me produce una dulce tristeza recordar el capitulillo que le dediqué a una de las más tiernas y entregadas bibliotecas (más bien bibliotecarias) que he conocido. El libro estaba poblado de eso: recuerdos, experiencias, pero también de reflexiones, proyectos y lamentos. Ahora es pieza importante en un gran número de bibliotecas: como muñecas rusas.
Esta segunda entrega se ha querido ir aún más al centro: a la lectura en sí misma. Han sido 41 los autores, entre ellos Amos Oz, John Berger o Martín Garzo, bibliotecarios como Blanca Calvo, editores, ilustradores, narradores orales, profesores… Un lujo estar entre ellos, cerca de los amigos también presentes.
La presentación del libro tuvo lugar ayer, en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecillas de Madrid.palabras-por-la-lectura.pdf
En comentarios pego lo que escribí, un artículito que titulé así: “Sí.”
Es curioso, porque coincide en el tiempo con la edición de Tuva y de Soy un Caballo, y en el artículo hay muchas claves sobre todo lo que animó la escritura de ambos libros.
Lo que está sucediendo en Medellín, día a día, es sorprendente. Acabo de recibir en la página abierta sobre Medellín este mensaje de Alfredo Gómez-Cerdá, con quien tuvimos la suerte de viajar a Colombia. Todos sabemos que mañana no habrá ningún periódico que dé esta noticia, y menos sabiendo que viene de Medellín. Allí hay un periódico que se llama “El Espacio”, pura pulpa sensacionalista, cuyo slogan era “Cómprelo antes de que coagule”. El Espacio es una metáfora de nuestros periódicos, que cuando hablan de Colombia, Venezuela, Ecuador o Méjico, sólo buscan ahondar en las heridas.
Esta es la verdad:
“Leí en su momento todos los comentarios que suscitó el artículo de Gonzalo sobre Medellín. No me animé a escribir nada porque tenía la sensación de que solo iba a repetir cosas que ya se habían explicado, y muy bien. Pero ahora si quiero añadir algo, aunque seguramente ya pocos lo leerán. El parque biblioteca España, el más espectacular desde el punto de vista arquitectónico, se inauguró el pasado mes de mayo. Pues bien, estos días, mediado noviembre, una niña de once años, llamada Fernanda López Marulanda, se ha convertido en la usuaria ¡¡¡un millón!!! de la biblioteca. Podéis ampliar la notica en www.reddebibliotecas.org.co, e incluso podréis ver una foto de esta guapísima (como todas las paisas) muchacha con su libro entre las manos. Solo es un dato que confirma todo lo que se ha escrito en los comentarios anteriores. No es preciso añadir más.”
Alfredo.
Por cierto: recomiendo a enseñantes y bibliotecarios la páginas que cita Alfredo, www.reddebibliotecas.org.co, para ver muchas cosas de la Red de Bibliotecas de Medellín, y entender nuestro entusiasmo.
Y como siempre: comentarios, aquí, en la pestaña correspondiente.
Ayer presentamos el libro en el Foro de la Librería Cervantes. Por fin Antonio Ventura no pudo venir, por razones personales. Pero salimos ganando, porque, qué íbamos a decir nosotros, qué iba a decir él que es también padre de la criatura (los libros son pluriparentales): hizo por fin la presentación Rosa Piquín, que tanto entusiasmo había mostrado aquí en la web.
Y junto a ella, tal cantidad de amigos, algunos salidos del pasado, que fue un acto más de ternura y cariño que de sociedad y halagos mutuos.
En cuanto a la novela… Bueno, no puedo definirla muy bien. Está basada en una noche vivida hace casi 40 años, en el muelle de Castropol, aislado por culpa de la peor inundación sufrida en la Ría del Eo en el pasado siglo. Desde Ribadeo pude llegar hasta Castropol, donde me refugié en El Risón, apenas una taberna de puerto. Había en ella un gran número de marineros y pescadores, también a resguardo de la tormenta. Y durante toda la noche contaron historias de otras galernas, naufragios, ahogados… Y de ahí se llegó, ya de madrugada, y a la luz de un petromax, a las historias de fantasmas que pueblan ahora la novela.
Fue Tina Blanco la que, en una sobremesa, me dijo que ya estaba bien de contar “lo de la noche del Risón”, y que lo escribiera. Y es lo que hice.
La mayor parte del relato está escrito en el aeropuerto del Prat, en una huelga de pilotos: fueron un montón de horas, que me permitieeron recordar aquella noche lejana de los 60. Pero añadí también un suceso extraño e inquietante que viví hace menos, unos 20 años, en un caserón del occidente de Asturias: nunca he sentido tan de cerca lo que se podría llamar un fantasma. Algo viscoso y pegajoso, que se metió dentro de mí durante algunos minutos.
Esa suma, es La Noche del Risón. El libro es precioso como objeto, una delicia de edición, una joya de ilustración, y un texto sincero, un poco antañón, y hasta puede que “bonito”.
Cuelgo algún fragmento en el capítulo de “Lo último”, para los que quieran curiosear. Y a partir de ahora garantizo al menos un año de silencio: a escribir.

No es frecuente que un autor de literatura infantil y juvenil tenga un discurso tan o más importante en su actividad como conferenciante que en su propia obra. Ana María Machado, brasileña, premio Andersen en 2000, autora de más de 100 maravillosos libros, sobre todo para niños, es uno de esos casos.
El pasado mes de octubre, asistí a su conferencia inaugural del congreso de Edelvives en Baeza: Leer-Placer. La pronunció codo con codo con Antonio Rodríguez Almodóvar: es decir, un lujo de apertura, para un congreso que resultó más que interesante: apasionante en muchos momentos. Pero entre esos momentos, qué le voy a hacer, me quedo con las palabras de la Machado. Me sentí en perfecta sintonía con todo lo que ella decía, y reconozco que muchas veces he querido decir lo mismo, sin conseguirlo.
Por eso, os ofrezco aquí el texto completo. Van por delante estos dos o tres párrafos, para que cada uno se haga una idea, y dentro de comentarios, a falta de lo que invente el administrador de la web, os ofrezco el texto completo. Merece la pena.

Antes de leer: anamariamchado.com es su sitio oficial, por todo lo que queráis saber de tan gran escritora. Y ahora sí, ese fragmento de la conferencia de Baeza:
“Nadie se alimenta solamente de goma de mascar por más dulce que sea y por más que se muevan las mandíbulas, dando la impresión de que se está comiendo alguna cosa sabrosa. Para el ser humano sostener el cuerpo y poder desarrollarse con salud, hay que tener una alimentación en efecto nutritiva. Para sostener el espíritu, crecer intelectualmente y fortificarse mentalmente, es necesario incorporar la arte y cultura. Y eso supone el contacto con la literautra, arte de la palabra.
Tal contacto no es cosa que se adquiera de un momento a otro, como si ocurriera por obra de magia, sino que una habilidad que se construye poco a poco. Del mismo modo que un bebé, un día, no se alza de la cuna y sale caminando de repente, pero antes tiene que pasar por otros estadios motores (sentarse, arrastrarse, andar de gatas, agarrarse a los muebles para quedarse de pie etc.), el camino más común sugiere que los individuos se aproximan a la lectura de literatura poco a poco − por el contacto repetido y placentero con la literatura oral o con la posibilidad de abordar textos literarios más sencillos en casa o en la escuela. Pero es fundamental que esos textos, aunque aparentemente simples, tengan cualidad literaria – es decir, que permitan interpretaciones distintas, posean significados variados para lectores diferentes o circunstancias diversas. En fin, que permitan a lo que los especialistas a veces llaman reapropiaciones múltiples. O sea, que cada lector pueda apropiarse de ellos de una manera distinta. Quiere decir, hacerlos también su propiedad, hacerlos suyos – como legítimos propietarios, herederos de ese legado.
Para que un texto consiga presentar ese fenómeno, aun siendo sencillo, necesita tener una complejidad significativa que sólo el arte logra alcanzar. No hay fórmulas ni recetas para eso, no es fácil de definir, todo el proceso forma parte del misterio de la experiencia artística. Pero es algo nítido. Quizás, incluso, porque forma parte de la misma esencia del arte y sólo éste busca eso, a diferencia del lenguaje periodístico, que se considere factual, o del lenguaje científico, por ejemplo, que, para funcionar, necesita ser objetivo y unívoco, con sólo un significado para cada signo.
El niño, por lo tanto, merece entrar en contacto también con la literatura – sea por las narrativas, sea por la poesía. Necesita condiciones de estar en posesión de su parte en esa herencia. Es derecho suyo. La educación cumple con su deber correspondiente: sentirse en la obligación de capacitar al alumno para que pueda un día acercarse a cualquier obra, y hacerla suya. Incluyendo las obras literarias, aquellas que guardan sentidos múltiples, que no se arraigan a una única interpretación, que permiten el increíble fenómeno de dar la impresión de que tienen significados diversos cada nuevo encuentro. En un lenguaje más popular, obras que tengan el poder de decir cosas diferentes a cada uno, de tomar recados nuevos y diversos para cada lector, en cada época, en cada sociedad, en cada cultura distinta. O hasta para el mismo lector en distintos momentos de su vida.”
Si quieres leer la conferencia completa, abre la pestaña de comentarios. Y si quieres opinar, también.
AHORA QUE YA NO FUMO
He dejado de fumar hace dos semanas. Me ha ayudado mi mejor amiga, que entendió, cuando le propuse que dejáramos de fumar al mismo tiempo, que le estaba diciendo que sin apoyarme en ella me sería imposible. Posteriormente se unió a nosotros otra amiga. Ya somos tres*. Saber que estamos en el mismo esfuerzo, nos hace más fuertes.
Pero no escribo esta entrada para hacer alarde de nuestra fuerza de voluntad, sino para reivindicar los derechos de los fumadores. Porque dejar de fumar es comprobar que fumar no es un acto voluntario, sino una imposición: veinte, treinta imposiciones al día. Hasta hace dos semanas me justificaba diciendo: me gusta, fumo porque quiero.
No es verdad: fumaba porque otros querían. Querían mi dinero, y de paso se llevaban mi salud y mi libertad. Y peor aún, desde hace algunos años, además de sacarnos el dinero y la libertad, nos ponían en la picota, nos colocaban el capirote, nos sacaban a las aceras, al otro lado de la verja de los colegios, nos exponían a la mofa, a la befa, y al integrismo.
Ricardo Gómez y yo, buenos fumadores (lo seremos siempre, fumemos o no), lo vimos claro desde el primer día: se trataba de una campaña que quería probar la capacidad de manipulación de las masas. Lo que era perfectamente normal hace diez años, lo que había sido culturalmente aceptado por todos desde siglos atrás, podía convertirse en sucio, pecaminoso, perseguible, en apenas un par de años. Y lo consiguieron. Ese era el objetivo, en nuestra teoría: con una buena campaña, se puede convencer al mundo entero de cualquier cosa. Asaber qué será lo siguiente. Curiosamente, Andréu Martín recoge esta hipótesis en un libro que prepara con otro amigo sobre la Teoría de la Conspiración.
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Un contrabandista beduíno (de tabaco) me decía que él compra directamente a los fabricantes, Marlboro especialmente, en Nuadibu, y paga un dinero que escapa a cualquier impuesto. Asegura que el pacto entre los grandes fabricantes y los estados de los países del primer mundo, es el siguiente: hacéis una campaña contra el tabaco tan grande que os permite multiplicar por diez, por veinte, por cien, los impuestos. Y a cambio, dejáis que nosotros vendamos tabaco en el tercer mundo sin pagar impuestos. Y encima os quitáis de encima a unos cientos de miles de candidatos a la emigración ilegal: porque les damos tabaco aún peor, más adictivo y cancerígeno.
Puede ser. De hecho, en gran parte es seguro que es: ayer mismo se nos preparaba en la prensa: a más precio del tabaco (por impuestos, claro), más “éxito” de las campañas. A pagar. Más y más. Pronto la cajetilla se irá a los siete euros, como ya está en Irlanda. Y lo peor es que no disminuye el número de fumadores: al contrario: crece.
Estos días, luchando contra el mono, comprobaba que no fumar no es tan difícil como creía cuando los demás fuman: el cigarrillo social. Es terrible, sin embargo, cuando tratas de escribir, o de hacer el trabajo intelectual que hicieras antes con el apoyo del tabaco. La nicotina facilita las sinapsis, contiene potentes neurotransmisores, que ahora tengo que sustituir con mis recursos químicos interiores. Y cuesta, casi te rindes.
Y aún peor, más difícil, es ver en restaurantes o tiendas el “Prohibido Fumar”. Es ahí donde mi mente se rebela, porque me siento un poco traidor, como si hubiera renunciado a luchar por la libertad. Sé que no es así, pero duele tener que conquistar la libertad de no fumar renunciando a la libertad de fumar sin hacer daño a nadie, como fumaron mis padres, mis abuelos, generaciones y generaciones de fumadores a los que abandono.
Ya está: ya no fumo, y espero no volver a hacerlo nunca. Pero es ahora cuando quiero reclamar los derechos de los fumadores:
-Derecho a fumar donde no haya nadie que se queje.
-Derecho a no ser considerado mal ciudadano por algo legal y sujeto a impuestos.
-Derecho a no tener que exponerse al frío, la lluvia y el viento, y a la mirada reprobatoria general, para hacer algo legal y sujeto a impuestos.
-Derecho a no tener que dar explicaciones a nadie.
-Derecho a no tener que soportar las filípicas no pedidas de nadie.
-Derecho a dejar de fumar sin parecer que cede a una campaña desmedida, exagerada e hipócrita.
-Derecho a dejar de fumar sin haber recibido advertencia médica alguna, por el simple ejercicio de la libertad.
Y especialmente: durante estos dos años de campaña desmedida, exagerada e hipócrita, he visitado cientos de colegios e institutos. En la mayoría de ellos he tenido que dar más de una charla a los alumnos, con un esfuerzo mental que me pedía una recompensa, un descanso mental en forma de nicotina: en todas esas ocasiones, cuando se me ha ofrecido un café, he dicho que gracias, pero que lo que necesitaba era fumar un cigarrillo. Nunca, subrayo: nunca, se me ha dicho: ven a mi despacho, abriremos la ventana, y gracias por tu esfuerzo. No: literalmente: siempre se me ha dicho: a la calle. Solo. Y muchas veces, ante los ojos de los mismos chicos para los que unos minutos antes era un ejemplo como escritor. ¿Hay quien lo entienda? ¿Hay quien defienda tal desproporción? Y es que mi visita, y mi imagen fumando en la calle, es esporádica, pero la del profesor de filosofía, ciencias o matemáticas (o lengua), es diaria. ¿No hay quien se de cuenta de que si se pretende educar a los chicos lejos del tabaco, es una contradicción que vean a sus profesores fumando en la calle, cada día, en cada recreo?
Por tanto: creo que es hora de reivindicar que los centros escolares dispongan de un cuarto cerrado, discreto, a salvo de la mirada de los alumnos y los padres de alumnos, en los que poder fumar sin hacer daño, físico o moral, a nadie.
Contra la hipocresía, contra la desproporción. Y por la propia educación de los chicos.
Me ha costado doce días poder escribir este artículo… sin fumar. En este tiempo no he podido escribir nada creativo, apenas atender la web y responder correos. Creo que mi cerebro empieza a crear sus propios neurotransmisores, y pronto escribiré relatos sin humo. Pero no olvidaré nunca al tabaco, que ha acompañado a miles y miles de escritores durante cientos de años, que acompañó a mi madre hasta el último minuto de su vida, que me ha acompañado a mí en muchos de mis libros.
Y si dejo de fumar, si ya he dejado, es por la amistad, y por la libertad. No por la campaña, no por todos los males apocalípticos que hace diez años no existían. Fue en los primeros días cuando comprendí que no era yo el que deseaba fumar, que mi mente había sido colonizada: que tenía en mi cerebro un alien que decía: fuma, paga, fuma, paga. Que no era yo el que fumaba, que aquel gesto no tenía nada que ver con la libertad. Ahota tengo en un frasco cincuenta euros: al cabo de un año 1200 euros se transformarán en cine hecho por chicos de Medellín, en libros en el Sáhara. Y si suben el tabaco, será aún más: pagaré cada semana, para no olvidar.
Adiós, alien.
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