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	<title>Comentarios en: CANON EL BÁRBARO. UN CUENTO PARA BIBLIOTECARIOS Y POLÍTICOS</title>
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		<title>Por: eldeyar</title>
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		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2009 17:02:44 +0000</pubDate>
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		<description>Por supuesto, Mafi. Un placer ver que la pequeña bomba de relojería por fin ha llegado a su destino... ¡Nada menos que Burgos!
No sé si tienes algo que ver con el bibliobús que nos ha regalado Burgos, los burgostecarios, pero si es así, que sepas que ya está allí, esperando que el éxito del Bubihser I lo haga funcionar.
Un beso.
Gonzalo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Por supuesto, Mafi. Un placer ver que la pequeña bomba de relojería por fin ha llegado a su destino&#8230; ¡Nada menos que Burgos!<br />
No sé si tienes algo que ver con el bibliobús que nos ha regalado Burgos, los burgostecarios, pero si es así, que sepas que ya está allí, esperando que el éxito del Bubihser I lo haga funcionar.<br />
Un beso.<br />
Gonzalo.</p>
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		<title>Por: mafi</title>
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		<dc:creator>mafi</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2009 15:34:49 +0000</pubDate>
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		<description>Me ha encantado y encandilado todo lo que he leído hoy aquí, desde la historia de Canón el Bárbaro hasta lo del monstruo peludo que recitaba versos... qué bonito!!!
si no te importa voy a hacer un post en nuestro blog sobre el tema. Saludos bibliotecarios burgaleses. :)</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Me ha encantado y encandilado todo lo que he leído hoy aquí, desde la historia de Canón el Bárbaro hasta lo del monstruo peludo que recitaba versos&#8230; qué bonito!!!<br />
si no te importa voy a hacer un post en nuestro blog sobre el tema. Saludos bibliotecarios burgaleses. <img src='http://www.gonzalomouretrenor.es/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
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		<title>Por: eldeyar</title>
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		<dc:creator>eldeyar</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2007 08:06:08 +0000</pubDate>
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		<description>Creo que merece la pena ver al Pep Bruno en estado puro. Conozco muchos de sus cuentos, pero estoy de acuerdo con él en que este es de los mejores. Disfrútalo:

Me corté el pelo

Me he cortado el pelo. Todavía no me lo puedo creer. Me he cortado el pelo. Y me he afeitado la barba. Llevo la camisa metida por el pantalón. Y zapatos. Tiré los fulares. Y me he cortado el pelo. 
 
Y todo porque la mujer a quien amo está embarazada. Así. Sencillo. Natural. Hermoso. Y los dos gozamos del embarazo. Es más, todas las noches, casi desde el primer mes, me acostumbré a mirar el vientre de ella y recitar versos al hijo que nacía dentro. Ella dormida y su respiración pausada. Yo soñando con los ojos abiertos y la boca en letanías. Pero lo del pelo no es un sueño. Está claro y es demostrable. Recuerdo el sonido veloz de las tijeras, y los mechones perdidos, frágiles, cayendo. 
 
Todo fue normal hasta el quinto mes. Una noche yo estaba mirando, como casi siempre, el vientre de ella. Subía acompasado al ritmo de su respiración. Quedo. La ventana dejaba pasar la claridad de una farola. Yo miraba y recitaba en un murmullo unos versos de José Hierro. Entonces sucedió. El ombligo se salió. El nudo del ombligo salió afuera. Asomaba como una escarpia que va a sujetar un cuadro. Y empezó a girar. Era como un ojo mirando en todas direcciones. Tras cuatro o cinco giros se detuvo en la dirección en la que yo estaba. Sin duda era un periscopio. Había alguien del otro lado que me observaba con detenimiento. 
 
Así fue sucediendo durante bastantes noches. Cuando ella se había dormido y yo comenzaba a recitar poesía el ombligo asomaba, me buscaba y, al rato, se quedaba fijo, escudriñando en mi dirección. Después, cuando yo callaba, el ombligo se volvía a meter en su sitio. Yo consideraba esto una buena señal. Quizás mi primera hija o hijo gustaría de las letras, sería poeta, escritora, actor, ensayista… Cuando el periscopio aquel se escondía yo seguía despierto, pero soñando. 
 
Pronto comenzó a dar patadas. Pero no era normal. No eran unas pocas patadas, simulacros, pruebas de tensión muscular. Eran patadas rítmicas, muchas y seguidas. Una tarde la pasé anotando las series de golpecitos del niño, de la niña. Después, jugando por jugar, traté de dar sentido a aquella sucesión de grandes y pequeños golpes. La solución fue el morse. Y el mensaje tenía sentido. Decía: “Papá, mamá, tened cuidado, en vuestra habitación hay un monstruo peludo horroroso que aparece todas las noches y recita versos”. 
 
Por eso me he cortado el pelo. Y todavía no ha llegado. 
 
http://es.geocities.com/pepbruno</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que merece la pena ver al Pep Bruno en estado puro. Conozco muchos de sus cuentos, pero estoy de acuerdo con él en que este es de los mejores. Disfrútalo:</p>
<p>Me corté el pelo</p>
<p>Me he cortado el pelo. Todavía no me lo puedo creer. Me he cortado el pelo. Y me he afeitado la barba. Llevo la camisa metida por el pantalón. Y zapatos. Tiré los fulares. Y me he cortado el pelo. </p>
<p>Y todo porque la mujer a quien amo está embarazada. Así. Sencillo. Natural. Hermoso. Y los dos gozamos del embarazo. Es más, todas las noches, casi desde el primer mes, me acostumbré a mirar el vientre de ella y recitar versos al hijo que nacía dentro. Ella dormida y su respiración pausada. Yo soñando con los ojos abiertos y la boca en letanías. Pero lo del pelo no es un sueño. Está claro y es demostrable. Recuerdo el sonido veloz de las tijeras, y los mechones perdidos, frágiles, cayendo. </p>
<p>Todo fue normal hasta el quinto mes. Una noche yo estaba mirando, como casi siempre, el vientre de ella. Subía acompasado al ritmo de su respiración. Quedo. La ventana dejaba pasar la claridad de una farola. Yo miraba y recitaba en un murmullo unos versos de José Hierro. Entonces sucedió. El ombligo se salió. El nudo del ombligo salió afuera. Asomaba como una escarpia que va a sujetar un cuadro. Y empezó a girar. Era como un ojo mirando en todas direcciones. Tras cuatro o cinco giros se detuvo en la dirección en la que yo estaba. Sin duda era un periscopio. Había alguien del otro lado que me observaba con detenimiento. </p>
<p>Así fue sucediendo durante bastantes noches. Cuando ella se había dormido y yo comenzaba a recitar poesía el ombligo asomaba, me buscaba y, al rato, se quedaba fijo, escudriñando en mi dirección. Después, cuando yo callaba, el ombligo se volvía a meter en su sitio. Yo consideraba esto una buena señal. Quizás mi primera hija o hijo gustaría de las letras, sería poeta, escritora, actor, ensayista… Cuando el periscopio aquel se escondía yo seguía despierto, pero soñando. </p>
<p>Pronto comenzó a dar patadas. Pero no era normal. No eran unas pocas patadas, simulacros, pruebas de tensión muscular. Eran patadas rítmicas, muchas y seguidas. Una tarde la pasé anotando las series de golpecitos del niño, de la niña. Después, jugando por jugar, traté de dar sentido a aquella sucesión de grandes y pequeños golpes. La solución fue el morse. Y el mensaje tenía sentido. Decía: “Papá, mamá, tened cuidado, en vuestra habitación hay un monstruo peludo horroroso que aparece todas las noches y recita versos”. </p>
<p>Por eso me he cortado el pelo. Y todavía no ha llegado. </p>
<p><a href="http://es.geocities.com/pepbruno" rel="nofollow">http://es.geocities.com/pepbruno</a></p>
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